BALANCE: FERNANDO LUGO, EL SACERDOTE QUE COLGÓ LOS HÁBITOS, GOZA DEL 83% DE APROBACIÓN
El ‘obispo rojo’, favorito para las próximas elecciones en Paraguay

Bajo el nombre de Tekojoja
(‘unidad’ en guaraní), el ex
obispo Fernando Lugo se
dibuja como futuro presidente
de Paraguay, en
medio de promesas de
mejoras sociales y arremetidas
de la derecha.

07/06/07 · 0:00
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FERNANDO LUGO, en un acto en junio de 2006.

El archipiélago asociativo paraguayo
denota que se empiezan a
despejar los horizontes de la batalla
política frente a la trascendental
cita de las presidenciales de
abril de 2008. Todos aglutinados
alrededor del nombre Tekojoja,
que significa ‘unidad’ en el idioma
guaraní. “Ahora estamos más organizados
los grupos que apoyamos
a Lugo, que renunció a la
Iglesia y en pleno Estado laico, es
atacado por pocos, muy pocos, es
un vendaval tropical, impresiona
la cantidad de gente que lo sigue y,
por fin, los paraguayos tenemos
esperanza en un cambio”, afirma
Olga Caballero Aquino, miembro
de la Red Resistencia Ciudadana,
abogada y comunicadora, que ha
sido directora del Centro paraguayo
de Estudios de la Mujer.

Las expectativas de cambio confluyen
en la persona de Fernando
Lugo, obispo emérito de la diócesis
de San Pedro del Paraná (ver también
DIAGONAL nº 38). Lugo tiene
unos cuantos enemigos y un
sueño audaz: alcanzar la presidencia
de su país como cabeza de cartel
del bloque opositor. Tiene por
delante poco menos de un año y
una serie de obstáculos que podrían
hacer estremecer a cualquiera:
un partido en el poder desde
hace 60 años, una clase dominante
acostumbrada desde siglos a
sus privilegios, la justicia electoral
paraguaya, y a nivel internacional,
el veto del Vaticano, que de hecho
ya lo ha suspendido a divinis. He
aquí otro exponente del rumbo renovador
latinoamericano: después
del presidente-indio, del
presidente-obrero o de la llegada
de una mujer al poder, llega la
propuesta de este obispo ‘rojo’,
candidato y favorito para los comicios
del 2008 en Paraguay, un
país con seis millones y medio de
personas acostumbradas desde
siempre a convivir con políticos
corruptos y dictadores.

Fernando Lugo

Lugo tiene 55 años y una trayectoria
vital hasta el momento muy parecida
a las de los muchos curas
cercanos a la Teología de la Liberación.
Ha sido durante 11 años
obispo de la diócesis de San Pedro,
hasta la sufrida decisión de
entrar en la arena política. Sin partido,
sin fondos. Vive en una casita
del modesto barrio de Lambaré,
en la periferia de la capital paraguaya,
Asunción.

Lo apoya la galaxia Tekojoja, la
plataforma unificadora de los movimientos
sociales paraguayos. Su
candidatura choca contra normas
eclesiásticas y las de la Constitución
de Paraguay: ambas prohíben
a un religioso asumir cargos
políticos de relieve. Monseñor
Lugo ha tenido que elegir y el pasado
diciembre anunció su renuncia.
Aunque la cuestión sigue
abierta. El Vaticano, por boca del
cardinal Giovanni Battista Re, por
un lado lo ha suspendido a divinis,
vetándole así poder ejercer los sacramentos,
por el otro ha contestado
a su pregunta aconsejándole
“seguir con sus deberes inherentes
a su estatus clerical” ya que “la opción
religiosa, elegida libremente,
es para siempre”.

Justamente sobre esta ambigüedad
se basan los enemigos de Lugo:
según ellos el ex obispo sigue
siendo un cura y por eso su candidatura
no tiene valor. A lo que el
ex obispo replica: “Falso, teológicamente
seré obispo hasta la
muerte, pero según la ley paraguaya
soy un ciudadano laico más y
por eso elegible”. Desobedecer a
las órdenes podría costarle la máxima
sanción de la Iglesia católica,
la excomulgación.

La preocupación de EE UU

Al lado de las nunca perecederas
denuncias, por parte de exponentes
de la local Democracia Cristiana,
de estar codeándose con masones,
ateos y comunistas y por tanto estar
trabajando para el “maligno”, se
asiste a movimientos que poco tienen
que ver con estas mojigatas advertencias
decimonónicas. En un
intento de geopolítica internacional,
el vicepresidente de Paraguay,
Castiglioni, sugirió la posibilidad
del envío de tropas paraguayas a
Iraq. Acto seguido fue invitado a
Washington y el embajador de EE
UU en Paraguay se deshizo en favorables
declaraciones hacia su posible
candidatura a la Presidencia
de la República.

En perfecta sintonía con terratenientes
y grandes ganaderos, Castiglioni
sigue el tradicional camino
de las amenazas más o menos veladas,
calificando a los militantes
de Patria Libre y demás luchadores
sociales con el calificativo de
“delincuentes comunes que fungen
de reivindicadores políticos”,
en un acto de fin de curso de especialización
de oficiales de la FOPE
(Fuerzas Represivas), al cual asistió
también el consejero de la embajada
de EE UU, James Mertz, repartiendo
premios.

La historia interminable
_ El Paraguay es un país
pobre dominado por la
corrupción y la ilegalidad.
Una gran parte de su economía
está basada en el
contrabando de mercancías
hacia Brasil y Argentina.

En los últimos años y
gracias a la escena internacional,
destacan las
exportaciones de soja y
carne. Uno de los puntos
calientes en el programa
económico de Lugo es la
renegociación de la titularidad
paraguaya sobre la
presa de Itaipú, la más
grande del mundo, cuya
energía actualmente
acaba en su práctica totalidad
en tierras brasileras.
Lugo anunció que no está
dispuesto a rebajar precios
y que un precio digno
de venta de la energía de
Itaipú tendría que ser
unas siete veces mayor
del actual. El ex obispo
no tiene interés en engrosar
el listado de enemigos
de EE UU. Quiere seguir
teniendo buenos contactos
con la embajada de
EE UU. En una entrevista
afirmaba cómo «el hambre
y el paro, la falta de
sanidad y de educación
no tienen ideología».

Según sondeos de opinión,
Lugo tiene una imagen
positiva para el 83%
de los paraguayos y
buena parte de ellos votaría
por él. «No será fácil
para el Partido Colorado
renunciar al poder después
de 60 años, son
muchos los que tienen
mucho que perder si
ganara yo. La tentación
de bajar las fuerzas armadas
a la calle podrían
tenerla». Amenazas no le
faltan. Pero Lugo afirma:
«Hace años que estoy
acostumbrado a ellas».

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