ANÁLISIS // DE LA CORAZONADA A LA TASA DE BASURAS
Nuevos impuestos para superar la resaca olímpica

La deuda generada por el fallido modelo de ciudad olímpica del alcalde Alberto Ruiz Gallardón ha obligado a su Gobierno a recaudar con medidas tan poco "populares" como la tasa de basuras.

20/10/09 · 14:29
Edición impresa

“Tengo el honor de anunciar que la 31° edición de los Juegos Olímpicos ha sido concedida a la ciudad de Río de Janeiro…” Con estas palabras el presidente del Comité Olímpico Internacional, Jacques Rogge, daba carpetazo el pasado 2 de octubre a la propuesta olímpica de Madrid 2016. Un jarro de agua fría para las aspiraciones de Alberto Ruíz Gallardón, el alcalde de la ciudad, en su carrera hacia la Moncloa.

Tras haber sido desechada madrid como sede para los juegos en 2012 a favor de Londres, ni siquiera las recomendaciones que sugerían posponer la candidatura para el año 2020, debido a esa norma no escrita de la rotación continental, detuvieron al regidor en su infructuosa carrera olímpica. Entre la ciudadanía, principalmente aquella que se congregó en la plaza de Oriente por si sonaba la flauta olímpica, se pasó en unos instantes de la ilusión al desánimo más absoluto. No era para menos si se tiene en cuenta que la cobertura de la casi totalidad de los medios de comunicación españoles sobre Madrid 2016 ha dejado de lado su función informativa para convertirse casi en un ejercicio promocional de la candidatura olímpica. Algunas de las principales cadenas de televisión situaron el logo de Madrid 2016 junto al de la emisora y dedicaron programas especiales que se iniciaron varias horas antes de las votaciones, ofreciendo desde las cuatro presentaciones de las ciudades candidatas a albergar los Juegos Olímpicos de 2016 hasta la resolución final que dio a Río como “ganadora”. Todo para terminar clamando contra la decisión del COI, ya que “todo el mundo sabe” que la candidatura de Madrid era la mejor sin duda alguna.

Sin embargo, y dejando de lado las consideraciones estrictamente deportivas, cabe la duda de si Madrid es realmente la ciudad moderna y cosmopolita que mostraba el vídeo promocional de “Los Juegos de las personas”; una capital que promueva “un estilo de vida basado en la alegría del esfuerzo, el valor educativo del buen ejemplo y el respeto por los principios éticos universales” tal y como promulga la Carta Olímpica en sus Principios Fundamentales.

Y es que iniciativas como la de Observatorio Metropolitano, proyecto que reúne a diversos colectivos para analizar los procesos de transformación en las ciudades, ponen en duda el modelo de desarrollo de Madrid a raíz de la “constante dilatación de las desigualdades sociales y del expolio y privatización” de bienes comunes como la sanidad y la educación, el espacio público, el medio ambiente o el agua.
El Observatorio, que publicó recientemente su Manifiesto por Madrid: Crítica y crisis del modelo metropolitano, advierte de que el crecimiento espectacular de la ciudad en la última década se cimienta en un “expolio generalizado”. La imagen de Madrid como ciudad moderna y abierta esconde, según manifiesto, un enorme aumento de las desigualdades sociales así como la “privatización descarada o encubierta” de los servicios públicos esenciales a favor de la cuenta de resultados de la oligarquía dominante.

La instalación de ese modelo de urbanismo desaforado y deslegitimación de lo público a favor del interés privado, especialmente desarrollado por los sucesivos gobiernos del Partido Popular en el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid a lo largo de la última década, ha dado lugar a una crisis generalizada en la urbe que su alcalde pretende tapar con la organización de unos Juegos Olímpicos. Una huída hacia adelante con la que el Ayuntamiento de Madrid pretendía hacer frente a la estratosférica deuda que la ciudad ha contraído con los bancos; más de 6.683 millones de euros de deuda viva al final de 2008 según los datos proporcionados por el Ministerio de Economía y Hacienda en su página web.

Ha sido el propio Ruíz Gallardón quien ha desvelado parte de los gastos derivados de la presentación de Madrid como sede olímpica para 2016. Un total de 37,8 millones de euros en gestión y promoción de la candidatura; 16,8 de los cuales han sido invertidos por el Ayuntamiento de Madrid, pese a que en un principio se asegurara que la fiesta correría por cuenta de los patrocinadores privados, los cuales han contribuido con los 21 millones de euros restantes.

Tarifazos contra la deuda

Desviándose de la doctrina oficial de los populares, que pasa por la negativa a subir cualquier tipo de impuesto e incluso suprimir algunos de ellos, Gallardón ha llevado a cabo una serie de iniciativas destinadas a rellenar las arcas públicas del dinero que se ha gastado en las innumerables obras acometidas en Madrid. Es el caso del ‘tarifazo’ en la tasa municipal de basuras, que ha soliviantado a las asociaciones de vecinos de la capital, o de la polémica recurrente sobre los parquímetros. Parches tributarios que no solventan el agujero en la economía madrileña y que el equipo municipal de gobierno pretendía cubrir con los supuestos beneficios resultantes de la organización de los Juegos.

Sin embargo, no es el aspecto económico el único que complica la escalada constante en los trabajos públicos. La habitabilidad de Madrid, especialmente en el centro, se ve seriamente dañada por la sucesión de vallas, arena, ruidos de máquinas, pasarelas formadas por planchas metálicas, etc. Que conforman el día a día de los madrileños y cuya única similitud con el “espíritu olímpico” podría verse en las pruebas de carrera con obstáculos. Resulta difícil imaginar la visión que los miembros del COI pueden obtener de una ciudad sumida en el caos casi total debido a los diferentes trabajos que se llevan a cabo en zonas tan señaladas como la Puerta del Sol, sometida a las obras de la nueva estación ferroviaria durante años; la plaza de Callao o el paseo de Recoletos, cuyo estado actual las hace intransitables.

Hace unos años el actor Danny de Vito comentó en tono jocoso que Madrid sería una ciudad muy bonita cuando el Ayuntamiento hubiera encontrado por fin el tesoro que buscaba bajo tierra. Bromas aparte, lo cierto es que si el ‘tesoro’ que busca el alcalde Ruíz Gallardón es la construcción de una urbe moderna que aspire a celebrar una Olimpiada, el camino que ha tomado, a base de remodelarlo todo como si jamás se hubiera creado algo bueno durante siglos, no está nada próximo a lo que una ciudad de espíritu abierto y deportivo debiera ser. Una capital integradora que inspirara lo que el Manifiesto por Madrid reivindica como el “derecho a la ciudad” en la que sus habitantes apuesten por “la innovación de base” y unas instituciones que sean “el soporte para una democracia urbana de nuevo cuño”. Los Juegos Olímpicos podrán llegar a Madrid o no, pero el desarrollo de un nuevo modelo de ciudad que la haga accesible a sus ciudadanos, parece una condición indispensable para el futuro.

+A Agrandar texto
+A Disminuir texto
Licencia

comentarios

0

separador

Tienda El Salto