Nuevo paso para la comercialización de animales transgénicos en EE UU

Después de siete años de
debate, la agencia
norteamericana para la
alimentación ha publicado
el borrador del documento
que regulará el comercio
de animales genéticamente
modificados, dejando un
espacio de 60 días para el
debate público.

27/11/08 · 0:00
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“Gracias a su agresiva política de
compras, acuerdos de cooperación y
patentes en genética de vacuno y
porcino, es posible que la compañía
estadounidense Monsanto, más conocida
por su liderazgo en semillas
modificadas genéticamente que en
genética animal, domine en un futuro
próximo el mercado de genes no
sólo en los cultivos agrícolas sino
también en la ganadería”. El futuro
próximo del que habla en este párrafo
Susanne Gura, de Alianza por los
Pueblos Pastores y el Desarrollo
Ganadero Endógeno, en su publicación
sobre Empresas de Genética
Ganadera (2007) es ya parte del presente.
La Agencia del Medicamento
y la Alimentación de EE UU (FDA,
por sus siglas en inglés) presentó recientemente
el borrador de los requisitos
que deberán cumplir las empresas
que quieran comercializar animales
genéticamente modificados.

Y, ¿cómo se generan animales
transgénicos? En el laboratorio se
les inyecta un virus con un gen ajeno
al ADN propio del animal que se
quiere modificar. Ese virus es el que
va introduciendo en sus células el
nuevo gen que hará que se desarrolle
con un tamaño mucho mayor (caso
de los salmones), o que sea más
resistente a ciertas enfermedades
(en el cerdo y la vaca) o que tenga
una producción de leche mucho mayor
o “enriquecida” con insulina o
antibióticos (en vacas y ovejas).
Experimentos de este tipo se llevan
realizando desde la década de los
‘80. La oveja clonada Dolly es un
ejemplo de este tipo de investigaciones
biotecnológicas.

¿Cuál es entonces el punto de inflexión
que se está produciéndo?
Con el paso ha dado la FDA se acerca
el momento en que esos animales
de laboratorio y sus productos (leche,
quesos...) lleguen al consumidor,
al menos EE UU. De hecho, este
mismo departamento ya autorizó, en
enero de 2007, la comercialización
de productos procedentes de animales
clonados, iniciativa a la que se sumó
el Grupo de Trabajo sobre Nuevos
Alimentos de la Comisión Europea
con el mismo argumento: es
imposible distinguir entre los animales
clonados y los originales. En el
caso de la manipulación genética para
obtener animales con nuevas características,
este argumento no es
válido, pero según Randall Lutter
(uno de los autores del documento
de la FDA) este tipo de animales “representa
una gran promesa para mejorar
la medicina humana, la agricultura,
el medio ambiente y la producción
de nuevos materiales”. ¿Será la
misma promesa que hace unos años
aseguraba la posibilidad de acabar
con el hambre del mundo por medio
de los cultivos transgénicos sin ningún
perjuicio en la salud humana? El
Gobierno austriaco ha hecho público
este mismo mes una investigación
con ratones alimentados con un maíz
híbrido de dos variedades transgénicas
(NK 603 x MON 810), una de
ellas, MON 810, de Monsanto y está
aprobada para la alimentación humana
y animal en la Unión Europea,
así como para cultivos experimentales
(en el Estado español está presente
en más de 30 municipios a pesar
de los riesgos de contaminación ambiental
que supone para cultivos próximos).
El estudio demuestra cómo
la fertilidad en los ratones alimentados
con el maíz transgénico se ve seriamente
dañada, tanto en el número
de descendientes como en su peso y
salud.

Etiquetado

Es cierto que, como advirtió la FDA
en la presentación de su documento,
los controles y los requisitos para
el comercio de animales genéticamente
modificados serán mucho
más duros que en el caso de los cultivos.
Las empresas deberán indicar
exactamente la secuencia del gen introducido,
el método empleado, dónde
se coloca, además de hacer un seguimiento
de los ejemplares para
controlar posibles disfunciones en
sus comportamientos. Pero hay algo
que todavía no se contempla como
una exigencia: el etiquetado de estos
productos. Es posible que lleguen a
los mercados sin que los consumidores
puedan distinguirlos. En ese caso
la información recaería en manos de
sus beneficiarios y defensores, básicamente
las grandes empresas que
controlan el mercado de la genética
como Monsanto o Genus PLC, integrada
actualmente por ABS, PIC y
SyAqua, las mayores compañías genéticas
de vacuno, porcino y acuicultura.
El poder que queda en manos
de la población es el rechazo. Según
Susanne Gura, “hasta la fecha la escasa
aceptación pública es la principal
razón para que las principales
compañías de genética avícola y porcina
afirmen no producir animales
transgénicos”.



Somos lo que comemos

MAR SOLER MASGRAU



En el actual modelo alimentario de la
producción en masa e intensiva, la
abundancia tiene sus costes. La calidad
de los alimentos está cada día
más deteriorada. Los impactos que
tiene sobre el medio ambiente el uso
de inputs para la producción así como
los residuos que ésta genera son cada
día más preocupantes. El caso de la
ganadería es, además, muy ineficiente.
Se calcula que de toda la energía
que obtiene el ganado alimentándose
con piensos sólo un 2,5% se acaba
aprovechando cuando la cadena trófica
llega al consumo humano (Vaclav
Smil, Universidad de Manitoba, Canada).
Actualmente más del 60% de la
tierra cultivada en el mundo es destinada
a la producción de alimento para
el ganado (con la consecuente deforestacion
y pérdida de biodiversidad).
Los animales en este tipo de ganadería
viven en tales condiciones que en
su alimento se incorporan antibióticos
para prevenir muchas enfermedades
derivadas, justamente, del espacio
donde malviven. Éste es el modelo
que impera, el que genera mayor cantidad
de carne y productos lácteos en
el mundo, el que obtiene mayor beneficio
y tiene más poder de influencia
en los precios del mercado y las regulaciones.
La última reforma de la Politica
Agraria Común supone un recorte
total de la ayuda directa del 35%, lo
que deja a las pequeñas y medianas
explotaciones fuera del juego del mercado
ya que los precios que se les
dan no llegan ni a cubrir los costes.

Opciones de consumo

Vacas que pasean para encontrar su
comida, prados de cereales libres de
modificaciones genéticas y productos
químicos, venta directa de los
productos con precios al gusto de
quien produce y quien consume, con
garantía de saber lo que compras y
comes... Así trabajan en la granja
Arqueixal (Lugo) donde hace ya
ocho años que producen quesos
ecológicos y también leche y yogures
que venden tanto en la misma
granja como en restaurantes ecológicos
o grupos de consumo ecológico.
“Cada vez estamos más seguros de
estar en buen camino. Las condiciones
no son peores que en el mercado
internacional y a nivel de conciencia
y respeto al medio estamos
mucho mejor”, explica Xosé Luis
Carreira. Con perspectivas de criar
vacas para el consumo de carne,
proyectos como la Granja Arqueixal,
nos abren la oportunidad de consumir
y nutrirnos de una forma más
saludable y respetuosa.

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