“No habrá estabilidad hasta que se acabe con la impunidad”

Colaboradora de Radio
Nacional de España y ‘El
Mundo’, Mónica Bernabé es
la única periodista española
residente en Kabul. A través
de su experiencia en el país
crítica la gestión de Karzai y
las tropas ocupantes.

24/02/10 · 0:00
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MÓNICA BERNABÉ. La periodista en su última visita a Madrid.

Por inquietud social y periodística
viajó por primera vez tres semanas a
Afganistán en el año 2000 y no dudó
en esconderse bajo un burka para
poder moverse por el país y escudriñarlo
todo. Mónica Bernabé quedó
impactada con la situación que vivían
especialmente las mujeres bajo el
Gobierno talibán. A su vuelta a Catalunya
consiguió apoyos para fundar
la Asociación por los Derechos Humanos
en Afganistán (ASHDA,
www.afgancat.org), de ayuda a las
mujeres afganas, y volvió a ese país
una y otra vez cada año, hasta que
en 2007 decidió radicarse en Kabul.

Es colaboradora de RNE, de El
Mundo y otros medios. Es la única
periodista española que vive permanentemente
en Afganistán, y no duda
en visitar a mujeres presas, o meterse
en un feudo talibán, o en empotrarse
con las tropas occidentales
durante sus ofensivas militares.

DIAGONAL: ¿Cómo analizas la
Conferencia de Londres de enero?
Ahora EE UU quiere dialogar con los
talibán y “ofrecerles trabajo”. ¿Es soborno
a cambio de paz?

MÓNICA BERNABÉ: Ha sido una
puesta en escena que no servirá para
nada. El hecho de que el responsable
de las tropas internacionales en
Afganistán, el general Stanley Mc-
Chrystal, defienda la negociación
con los talibán pone en evidencia la
fuerza de éstos. Algunos consideran
que las tropas internacionales quieren
estabilizar el país como sea para
poder salir de allí cuanto antes, sin
importarles el legado que puedan dejar.
Creo que hay que trabajar para
depurar el Gobierno y el Parlamento
de señores de la guerra, y no para incluir
más personajes de esa calaña.

D.: Los talibán han rechazado la oferta.
¿Esto supone que ha fracasado?

M.B.: Muchos de los combatientes
que engordan las filas talibán son
hombres que lo hacen forzados o por
razones económicas. Se dice que los
combatientes de los talibán cobran
mucho más que los soldados del ejército
afgano. Cuando EE UU inició la
guerra en Afganistán en 2001 optó
también por pagar y facilitar armas a
los señores de la guerra de la Alianza
del Norte –muchos de ellos criminales
de guerra que destruyeron buena
parte de Afganistán a principio de
los ‘90–, en vez de desplegar sus propios
efectivos sobre el terreno, para
ahorrarse vidas propias y dinero.
Esos señores de la guerra pidieron
luego ser recompensados por la ayuda
prestada en hacer caer el régimen
talibán, y la comunidad internacional
aceptó que entraran a formar
parte del Gobierno y Parlamento afganos.
Está claro que intentar ganar
una guerra a golpes de talonario no
lleva a ninguna parte.

D.: ¿Quiénes son los que están ahora
en el Gobierno de Karzai?

M.B.: Karzai pactó con los principales
señores de la guerra para ganarse
los votos en sus zonas de influencia,
ofreciéndoles cargos en el nuevo
Gobierno. Y así ha sido: los dos nuevos
vicepresidentes de Karzai están
entre los principales señores de la
guerra del país, Mohammad Qasim
Fahim y Karim Khalili, cuyos crímenes
han sido denunciados en repetidas
ocasiones por asociaciones de
derechos humanos.
El único candidato que se oponía
a Karzai en las elecciones y que finalmente
se retiró, Abullah Abdullah
también es un señor de la guerra,
aunque durante la campaña electoral
se presentaba falsamente como
una alternativa democrática a Karzai.
Abdullah representa a la población
de etnia tayika, como Mohammad
Qasim Fahim, el señor de la
guerra que pactó con Karzai y que
ahora es vicepresidente. De hecho,
Karzai pactó con Fahim para eso, para
debilitar a su rival.

D.: ¿Hay una presión real de EE UU,
la OTAN, la UE contra la corrupción
y las violaciones de DD HH?

M.B.: Rotundamente, no. Ni EE UU,
ni la OTAN, ni la UE condicionan su
apoyo financiero a que se respeten
los derechos humanos. El día después
de ser proclamado presidente
el pasado noviembre, Karzai compareció
ante los medios para asegurar
que su nuevo Ejecutivo sería un
Gobierno limpio, pero estaba acompañado
de sus dos nuevos vicepresidentes,
los señores de la guerra
Fahim y Khalili. Para la población
afgana, aquello supuso un insulto,
mientras la comunidad internacional
miraba hacia otro lado.

D.: ¿Qué características tiene el
ejército afgano al que se pretende
delegar la seguridad?

M.B.: El primer ministro de Defensa
tras la caída del régimen talibán en
2001 fue Mohammad Qasim Fahim,
el mismo criminal de guerra que
ahora se ha convertido en vicepresidente
de Karzai. Fahim fue uno de
los señores de la guerra que contribuyó
a la caída del régimen talibán
en 2001 y al que después se le recompensó
con ese cargo. Fahim, de etnia
tayika, promovió el alistamiento de
hombres de su etnia y colocó a sus
correligionarios en los rangos más
elevados del ejército. Los militares
tayikos predominan en el ejército, lo
que dificulta la lucha contra la insurgencia,
dado que en el sur, donde los
talibán son más fuertes, la mayoría
de población es de etnia pastún y ven
con recelo a los tayikos. Muchos de
esos soldados ni saben hablar pastún,
lengua mayoritaria en esa zona.
Hablan dari, la otra lengua oficial.

D.: ¿Con Karzai se ha avanzado en
los derechos civiles?

M.B.: Decir que no ha mejorado nada
sería faltar a la verdad. Por muy
desastrosa que sea la situación ahora
a nivel social, aún lo era peor durante
la época de los talibán. Los
avances sociales, no obstante, los
atribuiría más al trabajo realizado
por la sociedad civil y la presión internacional
que a méritos de Karzai.
El que la nueva Constitución afgana
reconozca la igualdad de derechos
de hombres y mujeres –al menos sobre
el papel– fue gracias a la presión
de las asociaciones de mujeres afganas,
que presentaron toda una serie
de enmiendas al proyecto original.

D.: ¿Como ven los afganos a las tropas
extranjeras?

M.B.: Si se pregunta a un afgano si
quieren que las tropas continúen en
Afganistán, todos contestan que no.
Quieren que se vayan. Pero cuando
les dices si quieren que se vayan mañana
mismo, contestan que no, que
antes deben estabilizar la situación.
La población sabe que si se retiran,
Afganistán se hundirá y revivirá lo
vivido en los ‘90, cuando los diferentes
señores de la guerra luchaban
por el poder. Esos mismos son los
que ahora mantienen una paz “táctica”
a cambio de repartirse el poder.

D.: ¿Y la gente cómo ve a esos señores
de la guerra?

M.B.: Una encuesta de 2004 de la
Comisión Independiente de DD HH
de Afganistán reveló que el 76% consideraba
que para conseguir la paz y
estabilidad era indispensable apartar
a esos criminales de guerra del
poder y hacer justicia con las víctimas.
Sin embargo, la población ve
que la comunidad internacional tiene
a esos señores de la guerra como
interlocutores. Y ellos eran los que
cortaban los pechos a las mujeres,
clavaban clavos en la cabeza de los
prisioneros, o los quemaban con
aceite hirviendo. ¿Cómo va a confiar
la población en un Gobierno en los
que hay personajes como esos? La
gente quiere paz, pero una paz con
justicia. Hasta que eso no esté en la
agenda internacional, hasta que no
se acabe la impunidad será imposible
estabilizar Afganistán por muchas
tropas que se envíen.

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