NNATs: dignidad y justicia social

Texto de Alejandro Cussianovich

02/07/09 · 10:33
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Texto de Alejandro Cussianovich

Los movimientos de Niñas, Niñosy Adolescentes Trabajadores(NNATs) representan una nuevaconciencia de la explotación y dela exclusión a la que son recluidoslos pobres y los pueblos originariosde nuestros países y,con ellos, sus infancias. Estamosante un fenómeno nuevo en lahistoria de la infancia trabajadora,el que los propios niños selevanten con voz propia, con unpensamiento alternativo al queles niega la condición de niñosnormales y los considera comocausa de la pobreza existente ydel atraso de sus naciones.Se pregunta a las organizacionesde NNATs por cuál es su posición.Y es que ‘posición’ es loque sostiene el abolicionismo, enel sentido etimológico y bélico dela palabra ‘posición’. Las organizacionesde NNATs se autoconcibencomo una forma de entenderel fenómeno del trabajo de niñosy adolescentes: formar parte deuna corriente equivale a reconocersecomo abiertos y atentos alfenómeno social, como no dogmáticosen la manera de expresary de actuar ante el hechosocial de ser chicos que trabajan.Esto no equivale a ser ambiguoscuando se trate de combatir laexplotación, el abuso y el maltrato;sino significa reconocer lacomplejidad de la realidad dechicos y chicas trabajadores y laincertidumbre de los instrumentoscon los que se pretende daruna respuesta que contribuya ala justicia social y a la dignidadde cada niño trabajador.Desde hace unos años, la OrganizaciónInternacional del Trabajo(OIT), que sostiene una posiciónabolicionista, ha empezado aemplear el discurso neoliberal de ladecencia en lugar del de la dignidad.No extraña que organismos internacionalescomo éste prefieran hablarde “trabajo decente”, en vez de “trabajodigno”. Decencia pareciera referira condiciones externas que lohagan aceptable socialmente; dignidadparece referir a una realidad másprofunda que afecta la interioridad, laidentidad, la sensibilidad y la vocacionalidaddel ser humano.

 

Lo central es la valoración de los
sujetos que trabajan, en este caso,
los NNATs, que lo hacen para salir al
encuentro de las inhumanas condiciones
de vida de sus familias y de
ellos mismos. Pero más positivamente,
para recuperar la dignidad que
subyace a no dejarse derrotar. Ello no
equivale a pensar que su trabajo sea
una respuesta definitiva para superar
la pobreza. Hoy por hoy, para la
mayoría es apenas una estrategia de
supervivencia material y humana. Por
eso lo de valoración crítica, es decir,
vigilante, no ingenua, permanentemente
insatisfecha, tensionada hacia
mejores oportunidades, hacia condiciones
que no les priven de ejercer
otros derechos, muy en particular el
de la educación, el de la organización
colectiva por sus derechos y ciudadanía
activa y protagónica en su medio.
La histórica invisibilización social de
la infancia, inexistente para la responsabilidad
pública, constituye un factor
de riesgo, y el despojo de la infancia
como problema político, una
cuestión de Estado. Invisibilización es
exclusión y aquí se asienta esa cultura
aún prevaleciente de la prescindibilidad
de la niñez, por eso cuando
ésta emerge de forma desconcertante
para la sociedad se recurre a su
penalización, a la privación de su
libertad, cuando no a su desaparición
forzada de calles y plazas. En este
contexto se hace necesario el pensamiento
de las organizaciones de
niños, muy particularmente de aquellos
que además son trabajadores, un
pensamiento desde la práctica,
desde la vida y la acción, por el respeto
a su dignidad. Se trata entonces
de una experiencia que remite a la
alegría, a saberse respetado, a reconocerse
como persona y no como
desecho de la sociedad. En efecto,
cuando dejan de ser vistos exclusivamente
como víctimas y ellos mismos
empiezan a mirarse a sí mismos
como luchadores de a pie contra
tanto infortunio, es que la experiencia
de dignidad cobra cuerpo en sus
corazones. El camino aún es largo,
pero los propios niños ya empezaron
a recorrerlo a pie firme.

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