PALESTINA // VICTORIA APLASTANTE DE HAMAS EN LAS ELECCIONES LEGISLATIVAS
Negociar desde la resistencia: el comienzo de una nueva etapa

Europa y Estados Unidos
amenazan con no
reconocer al nuevo
Gobierno si Hamas no
acepta la existencia del
Estado de Israel y no
renuncia a la violencia.

, director del documental 'Nablús, la ciudad fantasma'
31/03/06 · 21:43
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Mushir Abdelrahman/MAAN News
DIVISIONES. Seguidores de Fatah en Bilin durante la campaña electoral.

El 22 de enero, el Washington
Post informaba
 de que la agencia de cooperación
norteamericana
USAID había desviado dos millones
 de dólares para financiar la
campaña electoral de Fatah “en
defensa de la democracia”. Es el
 mejor ejemplo de la postura, impulsada
por Israel y los Estados
Unidos y nunca contradicha por
 la Unión Europea, ante las elecciones
 palestinas. Todos ellos
amenazan ahora con no reconocer
 un gobierno palestino con mayoría
de Hamas, realidad a partir
de la cual la comunidad internacional
 deberá replantearse cómo
relacionarse con prácticamente la
única sociedad del mundo árabe
 donde existe una democracia formal.
 Hamas quiere continuar resistiendo
 al mismo tiempo que se
siente a negociar, y la nueva Fatah,
liderada por Marwan Barguthi,
 encarcelado en Israel de por
vida y responsable de gran parte
de la ‘resistencia oficialista’ de la
 Segunda Intifada, deberá ser coherente
 con sus intenciones previas
y aceptar participar en un
Gobierno de Unidad Nacional con
 Hamas que modifique y endurezca
sustancialmente la estrategia
negociadora previa si no quiere
 marginalizarse aún más.

Fatah, como partido gobernante,
decidió apostar por la vía negociadora
 en las relaciones de la ANP
 (Autoridad Nacional Palestina)
con Israel. Si bien esta estrategia
 ha constituido, hasta el momento,
el punto más cercano a la creación
 de una estructura estatal en los territorios
 palestinos bajo ocupación
militar israelí, el estallido de la
Intifada de Al-Aqsa en el año 2001,
 el incremento de las colonias ilegales
en Cisjordania, la construcción
 del Muro de Apartheid y el sistema
 de checkpoints militares que convierten
 Palestina en un territorio
intransitable, ha llevado a una mayoría
 significativa de palestinos a
 decantarse por la opción de continuar
 resistiendo antes de continuar
 negociando.

La ANP, principal proyección pública
y estructura de relación de
Fatah con los habitantes de los territorios,
 se ha mostrado inútil, en
 el contexto de una ocupación que
no cesa de endurecerse, a la hora
de mejorar las cada vez más difíciles
 condiciones de existencia en los
mismos. Se ha limitado a administrar
 un sistema mediante el cual, en
 muchas poblaciones palestinas, los
 únicos ingresos estables de sus habitantes
 son los que provienen de
 las donaciones políticamente administradas
 por un partido absolutamente identificado con la estructura
 de “estado fallido” de la ANP.
 Debido a esto, las acusaciones de
corrupción que corren de boca en
boca han llegado a convertirse en
su más clara seña de identidad.
 

Frente a esta realidad de desgaste
 a través de negociaciones
fallidas del poder establecido, Hamas,
 el Movimiento de Resistencia
Islámica creado en 1987 y que
hasta diciembre pasado nunca había
participado en el escenario
 electoral, cuando irrumpió ganando
 las alcaldías de ciudades como
Nablus o Jenín, se ha convertido
 en un referente a pie de calle de la
resistencia de los palestinos centrándose
 en la creación y mantenimiento
de una red de apoyo social
 en los lugares más castigados por
la ocupación con su epicentro en
la Franja de Gaza.

Doble rasero

Los jóvenes militantes de Hamás,
 representados en Occidente como
“terroristas” responsables de ataques
 contra civiles israelíes, so n
vistos en realidad por gran parte de
sus conciudadanos como la única
 fuerza, política y militar, que responde
 a la ilegal ocupación israelí.
 Los palestinos han demostrado que
su escena política no puede continuar
 condicionada por el doble rasero
 demostrado por la comunidad
internacional ante una ocupación
 militar que nadie condena.
 Pocos palestinos considerarían
criticar a aquellos de entre sus ciudadanos
que toman las armas para
 defenderse del ocupante. Recordemos
 que ambas formaciones políticas
 mantienen sus respectivas
 facciones armadas: Mártires de Al-
Aqsa en el caso de Fatah, y Ezzedin
Al Qassam dependiente de Hamas.

La única diferencia entre ellos es
 que Hamas controla disciplinadamente
 a los suyos mientras no
 puede decirse lo mismo de los viejos
líderes de Fatah, cada vez más
 alejados de sus jóvenes militantes.
Independientemente del modo
 en que se conforme el Gobierno palestino,
 la negociación con el nuevo
 Gobierno israelí que se constituya
en abril partirá, una vez más, de que
la resistencia palestina no entregará
sus armas sin concesiones por parte de Israel. Algo que Sharon
 comprendió con su retirada unilateral
 de Gaza y Olmert deberá continuar,
 procediendo al desmantelamiento
 de colonias en Cisjordania
 si no quiere que el conflicto se endurezca
aún más.

HAMAS: ENTRE LUCHA ARMADA Y TRABAJO SOCIAL
Hamas es una organización política que dispone de un brazo armado que «se defiende de la invasión israelí», según sus propias palabras.
La comunidad internacional la define como «organización terrorista» y los habitantes de los territorios palestinos, que son finalmente aquellos en quienes, democráticamente, ha recaído la responsabilidad de otorgarles un apoyo masivo, reivindican con
cada vez más fuerza su opción de resistencia paralela al trabajo social en los campos de refugiados que han desempeñado desde su
fundación en 1987.
A Hamas no se le conocen casos de corrupción. Ha respetado la tregua y no ha lanzado ningún ataque suicida desde el inicio de la misma. Desde diciembre sus líderes han comenzado a reconocer
que su intención ha dejado de ser destruir el Estado de Israel y que son capaces de sentarse a negociar con el Gobierno que les ocupa militarmente.
Al mismo tiempo, en Bilin, símbolo de la nueva resistencia palestina, sus militantes participan conjuntamente con israelíes antisionistas,
activistas internacionales, diputados palestinos del Parlamento israelí y miembros de Fatah en la resistencia no violenta contra el Muro. Una mujer, atea y marxista, se hizo con la alcaldía de Ramallah, la
capital de facto de los territorios ocupados, y en Belén un cristiano ostenta el mismo cargo. En ambos casos con el apoyo de aquellos
a quienes el mundo considera los «integristas islámicos» de Hamas frente a las listas de Fatah.

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