El mundo árabe: fin de un ciclo
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Isa

La tertuliana declaraba
con voz nítida y segura, y
a la vez con tono altivo:
“¿Quién iba a creer que
un puesto de frutas podía generar
todo este revuelo?”
. La sentencia

13/05/11 · 8:00
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Isa

La tertuliana declaraba
con voz nítida y segura, y
a la vez con tono altivo:
“¿Quién iba a creer que
un puesto de frutas podía generar
todo este revuelo?”
. La sentencia
tenía todo el morbo del simplismo.

Convertir el detonante de las
revoluciones árabes en la causa
de todo lo que pasó es una forma,
entre otras, de caricaturizar el
cambio vertiginoso que están experimentando
las jóvenes sociedades
árabes. Mohamed El
Bouazizi, el joven que se inmoló
porque no soportaba la humillación
,
no sabía que su defensa de
la dignidad era la gota que hizo
colmar el vaso, porque las causas
del cambio ya existían.

La revolución anunciada

Sin lugar a dudas los líderes árabes
subestiman las dinámicas de la historia
e ignoran las conclusiones, ya
aportadas en el siglo XIV por el tunecino
Ibn Jaldún, sobre lo perpetuo
que es el cambio, a través de su
visión realista acerca de la evolución
cíclica de las sociedades. Más
recientes son las opiniones de Mahdi
Elmandjra, especialista marroquí
en prospectiva que vaticinaba lo que
iba a ocurrir, desde la publicación
en el año 2001 de su libro escrito en
árabe: Intifadas en la era de la ‘humillatocracia’.

Al desencadenarse el
proceso de la revolución,
los guardianes de la real
politik han intentado usar
el espantapájaros del
islamismo y el terrorismo

El 24 de febrero de 2008, Elmandjra
declara en Ar-ra’y News:
“Pregunta: Has vaticinado en tu libro
que iba a haber intifadas populares
en todo el mundo árabe. ¿Crees que
esta probabilidad existe todavía?


 Sí. Existe y se reafirma cada día
más. Lo que pasa en Gaza es un
buen empujón a estas intifadas.
Fíjate en las caras de la gente en la
calle para que veas la crispación.

Los pueblos árabes viven bajo la
‘humillatocracia’ sin moverse, lo
cual parece raro. Sin embargo, las
cosas no van a seguir así.
Es verdad
que los pueblos árabes tienen su
propia dinámica y que no hay normas
que lleven a los analistas a predecir
que va a pasar algo, pero quiero
reafirmar que la situación actual
no durará más de un año, dos, o, como
mucho, cinco. Entonces vamos
a asistir a cambios radicales.”

Los líderes árabes se acomodaron
en sus torres de marfil porque
interpretaron mal el silencio de sus
pueblos, que duró desde el inacabado
proceso de descolonización que
empezó después de la Segunda
Guerra Mundial. Los sátrapas desprecian
tanto a sus pueblos como a
la implacable dinámica de la historia.

Es lo que explica que los mismos
métodos de represión que fueron
utilizados en los años ‘60 y ‘70
se están utilizando hoy en día. Sin
embargo, las poblaciones jóvenes
que disponen de toda la ventaja que
ofrece la tecnología –las redes sociales
en internet, blogs para sortear
la censura que planea sobre los
medios tradicionales, canales ‘inquietos’
que emiten por satélite–,
han demostrado una impresionante
vitalidad ante regímenes completamente
desfasados.
Los ciudadanos
han cambiado y los líderes ya han
puesto el primer pie en el basurero
de la historia.

Los gobernantes árabes y sus regímenes
no son los únicos perdedores
en esta coyuntura histórica.
Los jóvenes árabes que tomaron la
calle propinaron un golpe letal a la
estéril aproximación del realismo
político que explica el apoyo brindado
a las dictaduras árabes durante
décadas. Se ha derrumbado de
repente la base sustentadora de
equipos de investigación en los departamentos
de ciencia política, relaciones
internacionales y de estudios
estratégicos en universidades
europeas y estadounidenses. Los
políticos occidentales, sus analistas
y sus ‘expertos’, tienen que buscar
otra aproximación indecente para
seguir explotando a los países árabes

porque la real politik aplicada a
los árabes ya no sirve para conseguir
los mismos objetivos geoestratégicos.

La política exterior de los
países de la UE y EE UU ha fracasado
en el mundo árabe, precisamente
porque estos países no
intentaron en ningún momento democratizar
dicha política. Todo lo
contrario, los países occidentales
avalaron el poder de mafias y familias
bautizadas como “regímenes
árabes moderados”
para crear dos
categorías: los árabes testarudos y
los nuestros, aunque en realidad se
trataba en todo momento de dictaduras
aliadas con Occidente y dictaduras
reacias a colaborar.

Los otros perdedores

Los pueblos árabes pagaron, y siguen
pagando muy caro, ese tipo de
relaciones turbias mantenidas a golpe
de sobornos y transacciones sospechosas.
Durante la guerra de
George W. Bush contra el terrorismo,
los regímenes árabes ‘moderados’
pusieron toda su experiencia
inigualable en el ámbito de la tortura
al servicio de los gringos que prefieren hablar de “métodos especiales”
para no herir sensibilidades.
Tanto los dictadores árabes como
su amigo George W. Bush no han
comparecido todavía ante los tribunales
de justicia
para responder por
los crímenes cometidos durante las
dos terribles legislaturas del quizás
peor presidente de la historia de los
Estados Unidos.

Nada más desencadenarse el proceso
de la revolución, primero en
Túnez y luego en Egipto, hemos visto
cómo los guardianes del templo
de la real politik intentaban utilizar
el espantapájaros del islamismo y
del terrorismo.
Los expertos en terrorismo
y en movimientos islamistas,
que desconocen en su mayoría
la lengua árabe y el trasfondo cultural
de los pueblos árabes,
veían el regreso de Rashid al Gannushi
a Túnez como una victoria
aplastante del radicalismo en el país
magrebí. Más tarde, convirtieron las
oraciones que se celebraban en la
plaza Tahrir El Cairo en una demostración
de fuerza de los Hermanos
Musulmanes, antes de avalar el discurso
de Gadafi sobre el este de
Libia ‘tomado’ por el Grupo
Combatiente Libio.

Ondas expansivas

En cuanto a los políticos ‘realistas’
como Nicolas Sarkozy, han cambiado
con mucha agilidad de amigos
aunque con un poco de retraso,
lo que le costó el cargo a
Michèle Alliot-Marie que hizo lo
que cualquier otra ministra francesa
de Asuntos Exteriores hubiera
hecho, independientemente de
su color político.

No se puede hablar de
revoluciones acabadas,
la caída de la cabeza del
régimen no quiere decir
el desmantelamiento
del mismo

Si las ondas expansivas de las
revoluciones llegan a desmontar
el racismo epistémico de los académicos
que trabajan sobre el
mundo árabe, que les impide
conocerlo a fondo, y si estas mismas
ondas consiguen dotar a la
política exterior de los países
occidentales de una necesaria dimensión
ética, en este caso se
puede hablar legítimamente del
fin de la incomprensión entre
Oriente y Occidente.

A nivel interno, no se puede hablar
de revoluciones acabadas, incluso
en Túnez y en Egipto. La caída
de la cabeza del régimen no quiere
decir forzosamente el desmantelamiento
del mismo.
Este proceso
puede durar años, pero es irreversible,
y los líderes árabes no tienen
muchas opciones: respetar la voluntad
de los pueblos o aferrarse, como
Luis XVI, al poder hasta la caída definitiva,
un feliz 14 de julio.

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comentarios

1

  • |
    anónima
    |
    16/05/2011 - 3:45pm
    Las "revoluciones árabes" engloban a sociedades y regímenes políticos diversos. En un artículo no es fácil distinguir todos los matices pero ojo con las visiones excesivamente simplificadoras. ¿Los "pueblos árabes" no están atravesados por desigualdades sociales y por proyectos políticos contradictorios? ¿Hay algo más además de las potencias occidentales y de las élites corruptas y dictatoriales? Creo que Diagonal debe "moverse" más para conseguir analistas que profundicen, yendo más allá del mito de las ’revoluciones vía Facebook’. No basta con portar nombre árabe o haber nacido en uno de estos países: hace falta capacidad de análisis y visión política, que en este texto me parecen insuficientes. Dicho con todo respeto.
  • Isa
    Isa
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