ANÁLISIS // DESDE LOS MICROCRÉDITOS HASTA EL COOPERATIVISMO
Mujeres que tejen alternativas

Intercambian experiencias y se unen para cubrir
unas necesidades que van desde lo afectivo a lo
económico. Son mujeres que crean redes frente a las
distintas crisis del neoliberalismo patriarcal.

05/03/10 · 17:04
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“La banca quiere generar un capital
y un beneficio, pero nosotras vamos
más allá. Nuestras relaciones se basan
en la solidaridad, en lo familiar”.
Así define Lucía el sistema de micropréstamos o comunidades de 
autofinanciación (CAF) en el que
participa junto a otras ocho mujeres. 
El sistema de las CAF es sencillo
y organizado. Se guían por unos 
estatutos que han ido adaptando.
“Para comenzar, cada una tuvimos 
que comprar cinco acciones, a diez 
euros cada una, es decir 50 euros”, 
comenta Marisol, una de sus fundadoras.
“Lo primero que reunimos 
fueron 350 euros y a partir de ahí 
comenzaron los préstamos”. 
Cada préstamo se devuelve con
un 1,5% de interés y los beneficios 
van al grupo y se reparten. Se reunen 
una vez al mes para hacer 
cuentas y las tareas están bien repartidas: 
presidenta, contable, cajera…
“Nos prestamos pequeñas 
cantidades. Para los libros de tus
hijos e hijas, un plazo de la hipoteca 
o la operación de un familiar en 
nuestros países de origen. Es una 
buena alternativa, porque sería un 
proceso muy largo y difícil en un 
banco normal. Y hay cosas muy urgentes”, 
continúa Marisol.

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"ENCUENTROS". LA comunidad de autoafirmación se reúne una vez al mes. Izaskun Sánchez

Apoyo mutuo

Las reuniones se celebran en un 
ambiente distendido, a veces en 
torno a suculentos platos colombianos.
“Para nosotras también es 
un espacio de encuentro después 
de la semana, un momento de 
acercamiento, compartimos cosas, 
hablamos. Hay muchas mujeres 
que usan estos espacios como terapia”, 
continúa Lucía. 
Lo cierto es que el apoyo mutuo 
es uno de los principios que guía 
esta CAF. “Cuando varias personas 
piden un crédito a la vez, se evalúa 
la urgencia y se reparte”, cuenta
Lucía. Esto es lo que se busca en
las comunidades de autofinanciación: 
“Que nadie se vaya sin resolver
una parte del problema.
Recuperar un trato más humano,
más sencillo respecto a los problemas
de las demás”. Este sistema de 
trueque se remonta muchos años 
atrás. Lucía afirma que concretamente 
a la “cultura indígena y solidaria 
que se perdió en la colonización”. Es lo que en Colombia se conoce 
como cadenas, pasanacos en 
Bolivia o ruedas en Ecuador. 
Este grupo de mujeres conoció la 
iniciativa hace ya tres años a través 
de una asociación a la que muchas 
pertenecen: La Gaitana. Alcira, una 
de sus componentes, cuenta cómo 
nada más crear la asociación comenzaron
a formarse. “Así conocimos 
Transformando, un cooperativa
de acción social que nos contó 
esto de los microcréditos. Una iniciativa 
que ya se estaba llevando a
cabo en Barcelona. Unos meses 
después, a finales de 2007, ya 
habíamos formado un grupo de siete 
mujeres”. Alcira afirma que, a pesar
de que son tiempos complicados,
“hay que ser propositivas”. 
Las proposiciones nacen a través 
de distintas organizaciones o colectivos 
de mujeres como el centro de 
Día de Mujeres Iberoamericanas, 
Pachamama (Madrid). Un centro
que forma parte de la Red de Centro
y Recursos de Atención a Mujeres
de la Dirección General de la Mujer 
y que está gestionado por Candelita. 
En torno a Pachamama se reunen 
mujeres como María, que lleva 11
años trabajando como interna en
una casa y que, junto a dos compañeras,
acaba de montar una de las
primeras cooperativas de empleadas 
del hogar. “Llevamos años luchando 
para que nos cambien de régimen, 
para conseguir más derechos, pero 
parece muy complicado, sobre todo 
mientras no haya representación en 
los sindicatos”. Explica que a lo largo 
de los años se han hecho muchos 
cambios en otros sectores pero el de
las empleadas del hogar no llega.
“La cooperativa nos da la posibilidad
de cambiarnos al Régimen General
de la Seguridad Social”. Además
significa algo muy importante: 
nómina y contrato. “Algo que te puede 
cambiar la vida frente a muchos 
trámites, no sólo bancarios sino 
también a la hora de solicitar la reagrupación”, 
afirma María. 
Como cooperativa de iniciativa 
social se invierten las tornas. “Vamos 
a tener como clientes a los que
eran nuestros empleadores y empleadoras.
Y además podremos exigir, 
ya que vamos a presentar un
contrato de trabajo con unas normas 
específicas de las empleadas, 
algo que ahora no existe”. 
La cooperativa ya tiene nombre, 
Las Victorias, y no es para menos 
ya que la iniciativa supone mucho 
esfuerzo, trabajo y papeleo. “Y sacar
muchas horas del poco tiempo
libre que tenemos”, afirma María. 
La idea nació a finales de 2009,
cuando la cooperativa Abierto hasta 
el Amanecer ofreció una charla sobre
el tema en Pachamama. “Algunas 
mujeres empezamos a interesarnos
y al final nos lanzamos”, dice. 
Para María sería un triunfo que
hubiera un cambio en la ley de empleadas
del hogar pero mientras, 
Las Victorias, es también una gran 
conquista: “Estamos creando una 
red y en el momento que otras mujeres 
la vean funcionando, entonces 
crecerá. Se podrán unir a la 
nuestra o crear la suya propia”.

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