ALÍ OREJUELA // DE LA COMUNIDAD VIDA Y DIGNIDAD (CAVIDA) DE COLOMBIA
“Mucha gente que aceptó cultivar la palma no ha recibido dinero a cambio”

Las comunidades afrocolombianas del departamento
del Chocó están siendo presionadas por
empresas privadas para que abandonen sus territorios
de titularidad colectiva, otorgados por
el Gobierno en 2002. La fuerte presencia paramilitar
en la región coincide con la introducción
de monocultivos de palma africana que afectan
la biodiversidad de la región.

26/06/06 · 0:44
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Los habitantes de la comunidad de Pueblo Nuevo
se tuvieron que desplazar por los asesinatos de los paramilitares que protegen los intereses de la palma, ahora viven en ‘zonas humanitarias’, rodeados de cercados. / Jorge Mata / SURIMAGES

DIAGONAL: ¿Nos podrías comentar
cuáles han sido las exigencias
por parte de CAVIDA para regresar
al territorio?

ALÍ OREJUELA: Después de estar
durante tres años desplazados fuera
del territorio, se comenzó un proceso
de negociación con el Gobierno
colombiano. Se trataron cinco puntos
entre los que se encuentra la titulación
colectiva del territorio y la
no presencia de ningún sector armado
en el territorio. El Gobierno
respaldó estos cinco puntos, y hasta
ahora no se han cumplido todos.
La titularidad colectiva de las tierras
se formalizó con la Ley 70, en
nombre de CAVIDA.

D.: ¿Cómo ha sido el retorno al territorio
después de los acuerdos?

A.O.: En el 2000 decidimos regresar
al territorio colectivo y cuando
regresamos vimos que había una
base paramilitar. La base se encargaba
de presionar, seguían las
desapariciones, y seguía la misma
problemática a pesar de los
acuerdos. En el 2001, entró una
invasión paramilitar a los asentamientos
para masacrar al pueblo.
Se hizo una denuncia nacional e
internacional y logramos que se
desmontara el operativo, pero
empezaron a presionar con que
era necesario cultivar palma africana
para generar desarrollo.

El acuerdo con el Gobierno dice
que las comunidades no permiten
la presencia de ningún sector armado
y, al estar siendo violado, dejamos
de llamarnos asentamientos
para volvernos zonas humanitarias.
Se construyó una malla alrededor
de la comunidad con un carácter
simbólico, y nos negamos a
cultivar palma africana, pues
nuestra resistencia es desde el respeto
por el territorio.

D.: ¿Qué nos puedes comentar sobre
el cultivo de la palma africana?

A.O.: Existe una constante oferta
por parte de las empresas palmicultoras
para que se cultive palma africana,
pues las empresas carecen de
suelo. Nuestro territorio es estratégico,
por las condiciones climáticas
y de suelo. Hoy, en el caso de Cubaradó,
otra comunidad en resistencia,
mucha gente que aceptó las
propuestas de la empresa Urapalma
no ha recibido ningún dinero
y esos campesinos aparecen en
el banco con una gran deuda que
no pueden pagar, poniendo en peligro
las tierras colectivas.

Para el Gobierno de Uribe es
una prioridad la plantación de la
palma africana en grandes cantidades,
pues es utilizada como materia
prima para producir biodiesel,
y este producto es una de las
prioridades del Tratado de Libre
Comercio. Hay muchas denuncias
porque se está extendiendo el cultivo
de la palma africana en los territorios
colectivos sin el consentimiento
de la gente, en base a una
fuerte presencia paramilitar.

Nosotros basamos nuestra resistencia
en la defensa de la vida y el
territorio, por lo tanto no aceptamos
que nos impongan un cultivo
que no es tradicional del Chocó,
como es la palma africana, una de
las zonas con más diversidad de
Colombia. Para poder obtener el
biodiesel es necesario hacer monocultivos
de mucha extensión, lo
que obliga a talar los bosques naturales.
El suelo cambia sus características
y se desertifica.

D.: ¿Cómo hace CAVIDA para conseguir
la soberanía del territorio?

A.O.: Creamos hermanamientos
con otras comunidades en resistencia
de Colombia, y en Latinoamérica
con el MST de Brasil, con
Chiapas en México, con las Madres
de la Plaza de Mayo en Argentina
y con los Mapuches de Chile. En
total formamos una red alternativa
conformada por 32 organizaciones
que nos permite visibilizar nuestros
procesos de resistencia. Así, si
hay un problema las otras organizaciones
pueden presionar.


Combustible ‘ecológico’

El biodiesel es un combustible
ecológico alternativo
al clásico gasóleo.
Este carburante está elaborado
a partir de aceites
vegetales obtenidos
de plantas oleoginosas
como la palma africana ,
el girasol, la colza y la
soja. Se puede usar en
vehículos diésel sin afectar
al motor.
El biodiesel reduce la
contaminación pues no
emplea ningún derivado
del azufre. También supone
un ahorro de entre un
25% a un 80% de las
emisiones de CO2 producidas
por los combustibles
derivados del petróleo,
constituyendo así un
elemento importante para
disminuir los gases de
efecto invernadero producidos
por el transporte.
Cataluña es la comunidad
pionera en implantar
este biocombustible.
En el resto de las Comunidades
Autónomas
sigue siendo difícil
encontrar biodiesel en
las gasolineras.

Madera conflictiva en el Chocó

La región del Chocó
Biogeográfico de
Colombia abarca
desde Ecuador hasta
Panamá y su biodiversidad
es comparable a
la del Amazonas. Adicionalmente
esta
región cuenta con una
gran riqueza étnica y
cultural, donde viven
diversas comunidades
indígenas y comunidades
afrocolombianas,
quienes mantienen
una importante lucha
en defensa por la conservación
del territorio.
Existe una fuerte presión
por el control del
territorio por parte de
empresas privadas. La
siembra de monocultivos
de la palma africana
viene acompañada
por la tala masiva del
bosque tropical. De
esta tala se benefician
las empresas madereras
que, junto con las
empresas palmicultoras,
representan los
principales megaproyectos
de la región.
El informe sobre el
Estado de los Bosques
del Mundo 2005 (FAO,
2005) cita a Colombia
entre las naciones
donde se produce
“madera de conflicto”.
Este término reconocido
internacionalmente
por Naciones Unidas,
se adjudica a aquellos
territorios donde la
plantación y extracción
de madera va asociada
a conflictos bélicos.
La FAO reconoce
que también en el
conflicto colombiano
existen vínculos entre
el control del territorio
y el aprovechamiento
de sus recursos, la
madera en este caso.
Las comunidades
ancestrales de este
territorio se han convertido
en el punto de
mira de las empresas
madereras.

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