PARAGUAY // LA ESCASA REPRESENTACIÓN DE LA IZQUIERDA EN EL SENADO Y EL CONGRESO LIMITA EL CUMPLIMIENTO DE LOS
Los movimientos se impacientan con Lugo

La falta de medidas para hacer frente a las gigantescas
desigualdades sociales del país empieza a cansar a los
movimientos que auparon a Lugo a la presidencia.

, Asunción (Paraguay)
03/08/09 · 0:00

El 20 de abril se cumplía un año de
la victoria de Fernando Lugo y el panorama
no parecía demasiado esperanzador.
El aniversario vino precedido
por el revuelo mediático en torno
a varias denuncias de paternidad
de Lugo en su época de obispo. Un
fenómeno que es necesario leer en
clave paraguaya como ilustra el periodista
Arístides Ortiz: “Los sectores
populares saben y conceden a
los sacerdotes su omisión del celibato
desde hace siglos. Dicho de otro
modo, sobre el acto de paternidad
irresponsable cometido por Lugo no
pesa una condena social, popular.
Mucho más afectó a la popularidad
del presidente el haber embaucado
a 50.000 familias campesinas productoras
de sésamo con un subsidio
que anunció y que, por temor a la
oligarquía, no cumplió, en un acto
de extrema debilidad política”. De
hecho esta marcha atrás de Lugo
respecto al subsidio a los productores
de sésamo es muy ilustrativa del
perfil político del Gobierno Lugo,
marcado por la ambigüedad, la improvisación
y la debilidad ante una
derecha todavía hegemónica en casi
todas las dimensiones del poder formal
e informal.
Algunos parecen encontrar señales
positivas en el Gobierno de Fernando
Lugo, pese a reconocer la extrema
debilidad del ejecutivo. Ése es
el caso de Jorge Galeano, dirigente
del Movimiento Agrario y Popular
(MAP) y miembro del partido Tecojoja:
“Ha habido Ministerios y otros
cargos importantes entregados a políticos
de izquierda (generalmente
los de menores recursos); se ha prohibido
que se continúe con la deforestación
del Chaco; se ha creado
una coordinadora para la Reforma
Agraria (CEPRA); un decreto sobre
la gratuidad de la salud...”.
Otras activistas sociales como
Julia Franco, dirigente campesina
nacional de CONAMURI, cree que
“no ha habido señales positivas, es
más, se ha endurecido la represión
contra las ocupaciones de tierras y
ha habido retrocesos como la ley
promulgada sobre agrotóxicos”.
Como Julia Franco reconoce, no
todo esto es atribuible a Lugo en el
complejo y paradójico escenario político
paraguayo. Un ejemplo es el
decreto que el presidente elaboró
sobre agrotóxicos, que significaba
un avance en la defensa del medio
ambiente y de las comunidades
afectadas por su uso masivo. Sin
embargo, su debilidad y la del resto
de la izquierda en el Senado y el
Congreso hizo que finalmente el decreto
de Lugo fuera sustituido por
una ley extremadamente permisiva
elaborada por la derecha y el lobby
agroexportador, el principal usuario
de estos productos.

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MARCHA ATRÁS. Lugo anunció un plan de subsidios para 50.000 familias campesinas que no se llevó a cabo por temor a la oligarquía.

Una pesada herencia

La mayoría de los casos de represión
está relacionada con el aparato
judicial, ajeno al control del ejecutivo
y conocido en Paraguay por sus
altos niveles de corrupción y un carácter
marcadamente elitista.
La mayor parte de las estructuras
del Estado siguen ligadas al poder
tradicional. Es también el caso de la
Universidad, como cuentan Cecilia
Vuik y David Ayala, participantes del
movimiento estudiantil La Otra
Universidad: “Nosotros celebramos
la victoria de Lugo como nunca...
Sentíamos que se expandían los límites
de lo posible... Sin embargo, el
inspirador momento político abierto
con su victoria, que nosotros aprovechamos
con ocupaciones en la Universidad,
se está perdiendo y, por
ejemplo, no se ha hecho la esperada
reforma universitaria. La verdad es
que esperábamos más firmeza y decisión
por parte del nuevo Gobierno”.
Algo parecido a lo que relata
desde el movimiento indígena
Virgilio Suárez, de la Coordinadora
del Bajo Chaco: “En el movimiento
indígena la victoria de Lugo causó
alivio y activó a muchas comunidades,
se crearon muchas expectativas...
Tras una apertura inicial, la
sensación actual es que estamos
siendo más respetados y escuchados
que en el pasado, aunque Lugo no
tiene una postura firme con el tema
indígena. Existe miedo a que la situación
vuelva a ser igual que antes”.
Según Gustavo Torres, militante
de Convergencia Socialista –partido
que no apoyó la candidatura del
ex obispo– “la victoria de Lugo debe
mucho a la lucha interna dentro
de la oligarquía entre un sector
neoliberal modernizador ligado al
agronegocio exportador y un sector
anacrónico más ligado al Estado
ineficiente y corrupto, y al comercio
legal e ilegal... Pero debemos
aprovechar para avanzar en un
proceso de maduración política de
los movimientos que dentro de 20
años cambie la correlación de fuerzas
como en Bolivia”.
Sin embargo, esa oligarquía dividida
parece estar reorganizándose y
actualmente muestra una estrategia
unitaria y efectiva de desgaste y manipulación
del Gobierno, así como
una campaña que pretende asociar a
las fuerzas progresistas con un proyecto
antidemocrático utilizando
comparaciones con Cuba o Venezuela.
Para Cecilia Vuik, del movimiento
estudiantil, resulta claro que
“Lugo no tiene voluntad ni capacidad
de cambio estructural, sin embargo
es una oportunidad única para
un proceso de acumulación de fuerza
para los movimientos populares”.
Jorge Galeano, dirigente campesino,
esboza cierta autocrítica: “El
Gobierno de Lugo ha hecho poco.
Tiene enfrente una maquinaria
muy fuerte y efectiva y sin embargo
desde los movimientos populares
no se ha sabido articular un respaldo
social fuerte y unitario. La izquierda
necesita avanzar en términos
organizativos y de articulación
de una agenda unitaria si quiere esperar
algo del Gobierno de Lugo”.
Éste parece ser el sentir mayoritario
en la izquierda, lo que ha hecho
que el pasado 19 de junio realizaran
un Congreso para avanzar en
esa unidad y crear una agenda unitaria
de lucha y defensa del proceso
de cambio “con participación y
protagonismo popular”. “Más allá
de haber sido una ficción, la posibilidad
de ‘llegar al Gobierno’ con
Lugo obligó a las fuerzas sociales y
políticas de izquierda a hacer un
cambio de perspectiva radical en
su estrategia: pasaron de orientar
las demandas y propuestas hacia el
Estado, a definir planes de acción y
propuestas en función a la disputa
por el Estado”, afirma José Carlos
Lezcano del partido Tecojoja.


REPRESIÓN Y CRIMINALIZACIÓN CAMPESINA EN PARAGUAY

El informe Chokokue
publicado por la Coordinadora
de Derechos
Humanos del Paraguay
(Codehupy) denuncia
entre 1989 y 2005
“75 ejecuciones arbitrarias
y dos desapariciones
forzosas de dirigentes
y miembros de
organizaciones de trabajadores
rurales”.
Actualmente existen en
torno a 2.000 dirigentes
con procesos judiciales
abiertos. Entre
ellos el caso de los seis
campesinos que llevan
más de tres años presos
es especialmente
conocido. Son acusados
sin pruebas utilizando
la sombra de las
FARC colombianas, en
un proceso lleno de
irregularidades del asesinato
de la hija de un
ex presidente pese a
que el juez de la causa
nunca les acusó.


CLAVES PARA COMPRENDER PARAGUAY

- Pobreza:
De cada cinco personas, dos subsisten
en situación de pobreza y
de esas, una padece hambre.
Según datos oficiales, un 40% de
la población en edad de trabajar
está desempleada.

- Salud:
Sólo 13,9% de la población posee
algún tipo de seguro médico. El
resto de la población debe acudir a
los servicios dependientes del
Ministerio de Salud Pública, que
son extremadamente limitados.

- Indígenas:
Son el 2% de la población agrupados
en torno a 20 etnias y cinco familias lingüísticas.
Los indígenas continúan siendo
los más excluidos y vulnerables.
Existen 414 comunidades que necesitan
resolver sus problemas de territorio.

- Desigualdad tierras:
Tiene una de las mayores desigualdades
del mundo en el reparto de la tierra y,
según el último censo agropecuario,
ésta va en aumento. El 2% de la población
posee el 85% de la tierra. Existen
más de 600.000 campesinos sin tierra.

- Soja, fábrica de pobreza:
La principal actividad económica del país es la producción
de soja transgénica para exportar para la ganadería
industrial europea. Ocupa más del 60% de la tierra
agrícola y crece a gran ritmo. Sin embargo los departamentos
con mayor producción presentan los mayores
índices de migración, desigualdad y pobreza.

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