ARGENTINA // INFLACIÓN Y CRISIS ALIMENTARIA
Los movimientos plantean otra salida a la crisis

Después de que el Gobierno tenga que dar marcha atrás en las retenciones al campo, los movimientos lanzan una campaña nacional contra el hambre.

01/10/08 · 17:37
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CARTONEROS. Miles de personas reciclan basuras en las calles de Buenos Aires.

Tras 130 días de boicot, las organizaciones
que representan a los industriales
rurales argentinos derrotaron
en julio pasado la posición
del Gobierno de Cristina Fernández
y lograron derogar en el Congreso
la resolución 125 de las retenciones
al agro. El dictamen que
pretendía gravar la exportación
agrícola en proporción al precio internacional
fue duramente resistido
por una coalición de organizaciones
agropecuarias encabezadas
por la Sociedad Rural y la Federación
Agraria. Rápidamente se polarizó
la disputa en una defensa
del Gobierno, sostenida por organizaciones
sociales afines como el
Movimiento Libres del Sur y la Federación
de Tierra y Vivienda por
una parte; y por otra, la clase media
y alta de la población urbana
de las grandes ciudades –Buenos
Aires, Rosario y Córdoba principalmente–
y algunos partidos de
izquierda –la Corriente Clasista y
Combativa y el Movimiento de los
Trabajadores por el Socialismo–
en apoyo a lo que terminó denominándose
“el campo”.

Campaña contra el hambre

Pero mientras la pelea se teñía de
patriotismo e intransigencia, un
conjunto de organizaciones populares
autónomas lanzó la “Campaña
nacional contra el hambre y la
inflación, por la soberanía alimentaria
y la socialización de la riqueza”.
El documento de convocatoria
asegura que “en un país que produce
alimentos para 11 veces su
población, sólo se explica que haya
hambre y exclusión social por el
sistema capitalista que explota y
destruye al ser humano y a la naturaleza”.
Sus exigencias incluyen
aumento de salarios, control de
precios, eliminación del canon a los
alimentos de la canasta básica e impuestos
progresivos a las ganancias.
Las organizaciones sociales
aceptaban las retenciones a las exportaciones
que el Gobierno quería
aplicar, pero exigían que esa recaudación
extraordinaria se destine
efectivamente a salud, vivienda,
educación y trabajo.

El modelo agroexportador, que
encadena la economía a la venta
de materias primas (commodities),
configuró el capitalismo dependiente
argentino desde la
conformación de un Estado sujeto
a Gran Bretaña en aquel momento,
y a los organismos internacionales
hoy día.
Por eso el reclamo de fondo es
un cambio del modelo agropecuario
que favorezca al trabajador rural,
los proyectos colectivos y acabe
con el saqueo de los recursos
naturales. 2.000 manifestantes enarbolaron
esta demanda el 29 de
mayo frente a la Sociedad Rural,
Repsol YPF y el Ministerio de
Economía en Buenos Aires.

También hubo demostraciones en
las ciudades de Chaco y Rosario.
La siguiente manifestación se haría
el 11 de julio bajo el nombre
“Marcha de las canastas vacías” y
se sumarían Jujuy, Río Negro,
Tucumán y Santa Rosa a las protestas.
Incómodo con el rol de espectadores
que la polarización del conflicto
les asignaba, Aníbal, integrante
de la Federación de Organizaciones
de Base –convocante
junto al Frente de Organizaciones
en Lucha, el Frente Popular Darío
Santillán, el Movimiento de Trabajadores
Desocupados Aníbal
Verón Nueva Fuerza, todos protagonistas
de la rebelión popular de
2001–, explica: “Mientras que en
los grandes medios sólo se discutían
las retenciones a las exportaciones,
para nosotros el problema
era el hambre y la inflación” y
aclara que los cortes de ruta de los
ruralistas “sólo favorecieron a los
poderosos”.

Casi simultáneamente e impulsado
entre otros por el grupo Economistas
de Izquierda y referentes
gremiales surgió el espacio Otro
Camino para superar la crisis, que
rápidamente confluyó con la campaña.
Para Federico Orchani, del
Frente Popular Darío Santillán, “es
posible hallar una salida que no esté
alineada con el Gobierno ni se
supedite a los capitalistas rurales”.
Según el espacio Otro Camino,
el desafío del agronegocio rompió
el equilibrio de alianzas que sostenía
a la gestión de Cristina Fernández,
quien “desde el inicio se ha
apoyado en el modelo sojero que
ahora cuestiona” y sostiene que en
realidad “debajo de toda la parafernalia
de acusaciones cruzadas
entre campo y Gobierno se advierten
divergencias al interior del bloque
de las clases dominantes:
mientras los sectores agrofinancieros
tradicionales exigen darle
prioridad a un proceso de acumulación
basado en la exportación de
bienes primarios y son indiferentes
al consumo y el mercado interno,
los sectores industriales aspiran
a liderar dicho proceso con el
apoyo subordinado del sector
agroindustrial”.

Hay que recordar que tradicionalmente
la Sociedad Rural representó
a la oligarquía terrateniente,
apoyó todos los golpes de Estado,
incluso aportando un ministro de
Economía a la última dictadura.
A pesar de que el conflicto campo-
gobierno aparentemente ha sido
superado, la crisis de la que fue
emergente no ha sido resuelta. El
espacio Otro Camino se movilizará
nuevamente el 16 de octubre contra
el hambre y por la soberanía alimentaría,
consciente de que no
puede haber neutralidad ni es posible
permanecer al margen.

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