CHILE // DESPUÉS DEL TERREMOTO
El mito chileno bajo escombros

En medio de las réplicas del terremoto, el gobierno de Chile pasó a manos del empresario Sebastián Piñera. Los veinte años de la Concertación terminan con un sismo que deja al descubierto la manera de hacer política y de construir relaciones sociales desde el golpe militar del 73.

24/03/10 · 17:06
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Muchas de las calles de Santiago no presentan evidencias del sismo, pero otras sí, como las céntricas de barrio Yungay. La representante de los Vecinos en Defensa del Barrio Yungay, Rosario Carvajal, asegura que muchas de sus casonas centenarias de adobe han resistido porque fueron construidas en una época que se construía con sentido social y no por el lucro. Sin embargo, muchos vecinos del barrio tuvieron que salir de sus casas y acampar en la calle por miedo a que una nueva réplica hiciera caer sus edificios dañados. La mayoría de personas que tuvieron que acampar en la calle son inmigrantes peruanos, les arriendan habitaciones en casas que comparten con mucha más gente.

Estas personas no tienen los recursos económicos para hacer una buena manutención del adobe y los propietarios reales se desentienden. También han sufrido daños graves edificios nuevos, como los de Maipú y Ñuñoa. Según la Asociación de Ingenieros Calculistas Estructurales de Chile, puede que las constructoras hayan hecho un mal estudio del suelo, un mal estudio estructural o construido con mala calidad. Lo mismo ha pasado con las carreteras. “Lo que se ha edificado estos últimos años es un tema de capitalismo inmobiliario: maximizar el metro cuadrado, meter mucha gente y sacar mucho dinero con materiales de construcción de mala calidad”, explica Rosario Carvajal.

El llamado “terremoto social”

Las imágenes de los saqueos en Concepción y en otros lugares del país han sido altamente difundidas. Las ayudas tardaron tres días en llegar, mucho más que los periodistas que recogieron las imágenes de los saqueos. Mientras las personas hambrientas se presentaban como delincuentes en medio del descontrol, algunos comerciantes se permitieron el lujo de elevar el precio de productos como el pan hasta diez veces su valor. A esto se le suma el robo de productos que no son de primera necesidad. Según el sociólogo de la Universidad de Chile, Pablo Sepúlveda: “Las personas que roban televisores de plasma han desarrollado el sentimiento más neoliberal que hay, están respondiendo a las mismas demandas que la sociedad de consumo les ha generado”. Han aprendido la lección, para triunfar hay que tener. Algunas personas no son solidarias con otras que se encuentran en su misma situación, para Sepúlveda esto se explica por la forma de construir relaciones sociales que se ha venido dando en este país desde la dictadura: “La solidaridad práctica, tierna, fraterna entre personas, es una cuestión que ha sido derribada por la imagen del consumidor”. Incluso se ha llegado a un punto en que el pueblo tiene miedo del pueblo, armándose para defender lo poco que le queda.

Las fuerzas armadas también llegaron antes que la ayuda para “restablecer el orden” y defender la propiedad privada de los saqueos del pueblo hambriento. En Concepción y en Constitución fue decretado el estado de catástrofe, efectivos del Ejército y las Fuerzas Armadas vigilan las calles durante el toque de queda de 15 horas diarias. “La Concertación ascendió al poder en alianza con los militares, ahora lo entrega con los militares en la calle”, afirma Sepúlveda.

Como en la entrega de ayuda, el aviso de maremoto llegó demasiado tarde. Un país tan sísmico como Chile tendría que estar preparado. El primer y principal problema que se produjo fue la caída del sistema de comunicaciones, por lo tanto, durante las primeras horas no se tenía ningún tipo de conexión con las principales zonas afectadas.

Cuando el gobierno de Bachelet descartó la idea de maremoto, el mar ya se había tragado muchas personas. El Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada envió un fax media hora después del terremoto a la Oficina Nacional de Emergencia del ministerio de Interior alertando de la posibilidad de un maremoto. Los sismólogos norteamericanos también habían advertido. Pero el gobierno levantó la alerta. La ex presidenta Bachelet admitió la poca claridad en el mensaje que dio la Armada sobre el aviso, admitiendo que hubo fallas en las comunicaciones que influyeron en la decisión de no dar aviso de maremoto. Muchas personas confiaron con las autoridades y bajaron de los cerros, siendo tragadas por el mar. De poco sirvieron los sistemas de alarma y prevención, o los documentos que explican como actuar en estos casos.

La comercialización de la solidaridad

A una semana del terremoto el país se volcó en el gran show mediático de la Teletón, el famoso espectáculo ‘solidario’ que emite la televisión chilena durante 27 horas seguidas. Los grandes empresarios se presentaban en plató para ofrecer una módica donación de dinero para la reconstrucción del país. No abrieron las puertas de sus comercios cuando la población desesperada necesitaba comida, leche y pañales.

Cuando llega la tanda de comerciales, la empresa de productos del hogar Homecenter Sodimac y las tiendas ópticas Rotter krauss también practican la solidaridad. En uno de los anuncios de Homecenter aparece un tipo diciendo: “Si usted compra un ladrillo en nuestras tiendas, donaremos otro igual para reconstrucción del país”. Igual de altruista es Rotter Krauss, ya que si compras una de sus gafas, entregan otras de iguales a los damnificados del sur. Se olvidan de explicar que el coste de fabricación no es igual al precio de venta. Pablo Sepúlveda se lamenta: “En este país se traduce solidaridad por caridad, y la solidaridad se reproduce a través de los medios como el acto que pueden hacer los ricos: traspasar propiedad”.

Aún más a la derecha

Hay muchos que se levantan frente el lema de “El pueblo ayuda al pueblo”, pero este terremoto ha evidenciado la debilidad de las organizaciones sociales. Sepúlveda valora el empuje popular y la iniciativa de la gente, pero faltan los recursos para desarrollar esta iniciativa: “Quienes tienen los recursos han demostrado una ineptitud y una insensibilidad terribles. En estos 36 años de neoliberalismo se ha destruido el tejido social del pueblo. Aunque en los saqueos ya se ha experimentado una iniciativa espontánea del pueblo para solucionar sus propios problemas”. La imagen de país desarrollado que se intenta proyectar desde Chile, que tiene una de las políticas económicas más liberales del mundo, no ha podido disimular las grandes grietas sociales que ha mostrado el terremoto.

Un cuarto de hora antes de la investidura del nuevo presidente, una de las réplicas más fuertes que ha habido hasta ahora sacudía el país. Entre los invitados internacionales que no podían salir del Congreso, el príncipe Felipe y José María Aznar asomaban la cabeza. Ahora la “reconstrucción nacional” está en manos de los gerentes del país y su multimillonario presidente.

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