A UN AÑO DE LA CAÍDA DE MUBARAK CONTINÚA LA REPRESIÓN
Militares e islamistas de la mano contra la revolución en Egipto

El 11 de febrero se cumplió el aniversario de la caída del Hosni Mubarak. La revolución
sigue siendo reprimida y la pobreza, el paro y la corrupción están instaladas en el poder.

- Procesos árabes: ¿de la euforia al desánimo?, por Iñaqui Gutiérrez de Terán

17/02/12 · 12:27
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PORT SAID: El partido entre Al-Alhy y el equipo local sirvió de venganza a los militares.

El 11 de febrero se cumplió el primer
aniversario de la caída de
Hosni Mubarak. Con el objetivo de
conmemorar el inicio de la revolución
y como medida de protesta, los
comités revolucionarios de Egipto
convocaron dos días de huelga general
en el país para pedir la salida
de la Junta Militar
del Gobierno. El
seguimiento fue escaso.

Unos días antes, el 1 de febrero
Egipto volvió a vivir otra jornada
sangrienta. Esta vez, tras un partido
de fútbol, en la ciudad portuaria
de Port Said, un total de 74 personas
murieron y más de 300 resultaron
heridas a consecuencia, según
los medios oficiales, de enfrentamientos
entre hinchas de los dos
equipos de fútbol. Lo que ya se conoce
como “la masacre de Port
Said”.

Aliados con la revolución

Sin embargo, en el último año, los
egipcios han comprobado que los
hinchas de fútbol son un sector
bastante posicionado frente al
Ejército, la policía y a favor de la
revolución. Su papel el 28 de enero
de 2011 contra la policía y sus
estrategias para atacar a los coches
de los antidisturbios fueron
decisivas para conseguir que el
cuerpo policial desapareciera esa
jornada de las calles
. Esa fue una
de las primeras victorias del pueblo
ante una de las represiones
más brutales. Los protagonistas
fueron los hinchas junto
con miles de jóvenes de los barrios
marginales.

Este año, el primer
día de febrero, se volvieron a repetir
los mismos hechos que los
del 2 de febrero de 2011 en conocida como la Batalla del Camello,
en la que partidarios de Mubarak
irrumpieron en la plaza Tahrir en
camello y a caballo para provocar
el pánico entre los concentrados
pacíficamente. En esa ocasión,
junto con otros revolucionarios,
estos jóvenes futboleros consiguieron
también proteger la Plaza
de Tahrir a lo largo de 24 horas
, a
pesar de que las fuerzas del
Gobierno intentaron entrar a sangre
y fuego.

En el último año, no hubo ningún
enfrentamiento con la policía
en el que los hinchas de fútbol dejaran
de defender al pueblo frente
a la represión de los militares. En
los partidos de fútbol, y como signo
de resistencia, los dos equipos
enfrentados cantaban juntos
al
terminar cada encuentro un himno
propio contra la policía y para
seguir la revolución.

Tras la matanza de este año, los
hechos fueron presentados como
un conflicto violento. Pero según
todos los datos, la masacre fue organizada
por la policía en colaboración
con los militares vinculados
a la Junta Militar para vengarse
de los hinchas, al mismo tiempo
que se quería mandar un mensaje
claro al resto de activistas
y
revolucionarios egipcios: “Las matanzas
colectivas también son posibles”,
según denuncian colectivos
de derechos humanos egipcios.

Gases lacrimógenos y balas

Un día después de la masacre de
Port Said, las manifestaciones masivas
en las principales ciudades
fueron reprimidas violentamente
por la policía durante seis días seguidos.
Las fuerzas de seguridad
emplearon balas y gases lacrimógenos
dejando decenas de muertos
y heridos
. Las caras de los jóvenes
en esas protestas eran las
mismas. Ellos están en la primera
línea de las manifestaciones: obreros
y parados que no tienen ninguna
esperanza de una vida mejor.

Con la llegada de la revolución
éstos han visto abierta otra posibilidad.
La revolución egipcia no empezó
sólo para pedir democracia
, como
se ha dicho en algunos medios
de comunicación internacionales.
La pobreza, la corrupción, el colapso
del sistema educativo y de
salud, la tortura dentro de las cárceles
y las comisarías por parte de
la policía, la prohibición de formar
partidos políticos y sindicatos
independientes, la privatización
del sector industrial y su venta a
precios irrisorios y el paro que
afecta a millones de egipcios y
egipcias, son el origen de todo lo
que pasó en Egipto a partir de enero
de 2011.

Ninguna demanda, como la subida
del salario mínimo o la de fijar
un límite del sueldo máximo,
se ha cumplido. Los egipcios denuncian
que se siguen evadiendo
grandes cantidades de dinero público,
continúa el mismo sistema
educativo y de salud y se utiliza la
misma ley de emergencia del
Gobierno de Mubarak para frenar
cualquier tipo de protesta y prohibir
manifestaciones y huelgas. En
el último año, Estados Unidos y la
UE se han posicionado a favor de
los militares y han dado el visto
bueno a los islamistas
a pesar de
las acusaciones de fraude electoral.

Organizaciones sociales se
quejan de que la comunidad internacional
ha tejido alianzas con el
Gobierno egipcio para “proteger
sus intereses”. Apuntan que los islamistas
podrían “servir como
punta de lanza sunita de Estados
Unidos contra el enemigo chiíta
que es Irán”.

El papel de la Junta Militar

A un año de la caída de Hosni
Mubarak los egipcios siguen
reclamando democracia. Los
Junta Militar y los Hermanos
Musulmanes actúan unidos y las
manifestaciones se suceden. El
pasado 10 de febrero, miles de
personas tomaron de nuevo las
calles de El Cairo con lemas
como: «La Revolución no es gratuita»
o el «Pan, libertad y justicia
social». Las movilizaciones continuaron
dos días después. Los
manifestantes denunciaron la
violación de mujeres por parte de
los militares y las detenciones de
cientos de jóvenes durante este
año en Egipto.

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PORT SAID: El partido entre Al-Alhy y el equipo local sirvió de venganza a los militares.
PORT SAID: El partido entre Al-Alhy y el equipo local sirvió de venganza a los militares.
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