MADRID / SATURACIÓN Y MAL SERVICIO EN EL ALBERGUE DON DE MARÍA
Mejor dormir al raso que en el albergue

200 personas duermen hacinadas en un albergue madrileño que tiene capacidad para 80. Después de pasar por este centro financiado por el Ayuntamiento, muchas personas sin techo prefieren volver a pasar la noche en la calle.

01/03/07 · 0:00
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“La gente duerme en los pasillos, en
las escaleras y en los baños. No vimos
colchones, sino tablas de madera”,
asegura Elías U., quien pasó una
noche en el albergue madrileño Don
de María y no volvió más. José Antonio
G. le acompañó: “Es lo más antihigiénico
e insalubre que te puedas
imaginar, las personas duermen
hacinadas. Además me llamó la atención
que no existiera salida de emergencia,
pues allí pueden llegar a entrar
hasta 200 personas en las noches
de mucho frío y eso es un peligro”.
El centro Don de María es un albergue
de iniciativa privada, situado
junto al Palacio Real, que el Ayuntamiento
de Madrid autoriza durante
la campaña contra el frío (entre
noviembre y marzo) para que dé cobijo
a 80 personas, que son las plazas
con las que en teoría cuenta.

Existe un convenio firmado entre
el Ayuntamiento, propietario del edificio,
y una congregación religiosa
que es la que se encarga de gestionar
el albergue. “Es el único recurso que
no da datos sobre las personas que
acoge y su obligación es informar, ya
que se financia con dinero público”,
señala Enrique Cuesta, portavoz de
la plataforma Stopexclusión, formada
por siete organizaciones sociales
que trabajan en el ámbito de las personas
sin hogar.

“En todas y cada una de las reuniones
que hemos mantenido con el
Ayuntamiento hemos estado denunciando
la situación que se vive en este
albergue; llevamos así varios
años”, informa Cuesta. “Todos sabemos
cómo está y cualquier día puede
ocurrir algo grave”, asegura.
La versión oficial es distinta. Adela
Cáceres, responsable de comunicación
de la concejalía de Empleo y
Servicios a la Ciudadanía, insiste en
que al tratarse de un centro de iniciativa
privada no tiene información sobre
él: “No sé quién es el responsable
de ese albergue, yo no me los conozco
todos, controlo sólo los que son de
iniciativa municipal”. Cuando éste
periódico le proporcionó datos sobre
lo que está sucediendo en dicho centro,
Cáceres señaló: “Dudo mucho
que esté ocurriendo eso”.

Recursos insuficientes

Ana Botella, concejal de Empleo y
Servicios a la Ciudadanía, aseguraba
en el balance final de la anterior
campaña contra el frío que “la oferta
de camas es superior a la demanda”.
El periódico El País (8 abril de
2006) se hacía eco de dichas declaraciones
y deducía lo siguiente:
“Muchas de las personas sin hogar
deciden voluntariamente no ingresar
en ninguno de los centros”.
Ante este panorama, Enrique
Cuesta, de Stopexclusión plantea
una pregunta: “¿Por qué hay gente
que prefiere quedarse en la calle y no
utiliza esos recursos?” En su opinión
una de las razones es que “la red que
actualmente existe es insuficiente y
no cumple unos mínimos de calidad
y respeto a la dignidad humana”.

“Iré a un albergue el día que me
traten como a una persona y no como
a una marginada”, protesta Luisa
Real, persona sin hogar que vive en
el centro de Madrid. Su marido,
Joaquín San Felipe, lanza una pregunta:
“¿Por qué nadie se para a pensar
en los albergues mixtos? A estas
alturas todavía nos tenemos que separar,
no se respeta nuestro derecho
a vivir en pareja”.
San Felipe considera que en los recursos
sociales “no hay apoyo real”.
“Te hacen muchas preguntas rutinarias
para salir del paso, pero no se
tiene en cuenta algo fundamental, y
es que la calle deteriora a la persona
y las relaciones sociales se van debilitando”.
Por eso es tan importante,
continúa, que los profesionales “traten
de motivar a la persona, reforzar
su autoestima y hacer que recupere
la confianza en sí misma”.

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