MOBBING // ACOSO LABORAL, ESTRÉS Y PÉRDIDA DE IDENTIDAD SON ALGUNAS CONSECUENCIAS DEL EMPLEO PRECARIO
Más de dos millones de personas sufren algún tipo de acoso laboral

Según los expertos en mobbing, al menos uno de cada
diez empleados sufre acoso laboral. Y el estrés en el trabajo
alcanza ya un total del 30% de la población activa.

24/01/08 · 0:00
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El descenso en la calidad de los empleos
no sólo afecta a lo económico.
Tampoco se queda en el incordio de
unos horarios imposibles o el descenso
de las medidas de protección
social. En la última década, también
han aumentado los estudios y asociaciones
que alertan sobre las consecuencias
psicológicas de pasar al
menos ocho horas al día en un lugar
donde, como ha escrito el sociólogo
del trabajo Andrés Bilbao, “la empresa
es percibida como un espacio sustraído
a cualquier legalidad exterior
en la que lo único relevante es la voluntad
de la gerencia”.

El caso del mobbing o acoso laboral
es el ejemplo extremo de esta situación.
Actualmente, se calcula que
dos millones de personas acuden a
sus puestos de trabajo con la sensación
de acudir a una prisión de la que
no pueden escapar. Así al menos lo
define Iñaki Piñuel, uno de los expertos
en este tema. Para Piñuel, al
menos uno de cada diez trabajadores
sufre acoso en su puesto de trabajo,
y entre un 10% y un 15% de los
suicidios tienen su origen en una situación
de acoso psicológico.

No es un fenómeno nuevo. Los
abusos de autoridad, la sobrecarga
intencionada de trabajo, las tareas
humillantes, las críticas permanentes
o el acoso sexual por parte de superiores
cuentan con una larga tradición
en el mundo de la empresa. Sin
embargo, la progresiva precarización
y la desprotección de los puestos
facilita los abusos.

Cotos para el autoritarismo

Para Esperanza Hernández, de la
Asociación contra el Acoso Laboral
(ACAL) “la precariedad laboral da
pie, indudablemente, a poner en
marcha determinadas políticas por
parte de las empresas de exclusión
de un trabajador”. “La política de la
empresa y la tiranía que sigue existiendo
dentro de las empresas es
muy evidente, los lugares de trabajo
se convierten en cotos para el autoritarismo”,
considera Hernández, para
quien, lejos de ser algo esporádico,
estos hechos demuestran un problema
estructural. “Si las empresas no
lo consintieran el acoso no se daría,
pero existen unas políticas muy agresivas.
Incluso dentro de algunas empresas
se fomenta la competencia
entre los trabajadores”.

¿Se ha agravado el acoso en los últimos
años? A juicio de Esperanza
Hernández, es difícil dar datos, pero
destaca un hecho positivo: en los últimos
años se ha tomado más conciencia
del problema y se están empezando a ganar sentencias judiciales.
Los casos que acaban en juicio no
son comunes, pero resultan ilustrativos
sobre la tensión cotidiana que se
respira en un importante número de
empleos. De hecho, no hace falta una
situación de acoso directo para que
se den problemas psicológicos. El estrés
laboral es una enfermedad en auge,
que ya padecen el 30% de los trabajadores.
Es algo fácil de constatar
a simple vista: la organización del
trabajo y la presión de la producción
son dos elementos esenciales que alteran
la actividad cotidiana hasta llevar
a una situación de ansiedad.
Pero quizás una de las consecuencias
psicológicas que pasan más desapercibidas
de la temporalidad se
encuentra en sus efectos a largo plazo:
en la imposibilidad de hacer planes
de vida cuando los nuevos contratos
rara vez superan los seis meses.
“Ahora no puedes organizar tu
vida”, opina José Luis Carretero:
“Estás en la cuerda floja permanentemente.

Y eso desarrolla un tipo de
personalidad concreta”. Como han
teorizado autores como Richard
Sennet en La corrosión del carácter,
la precariedad contribuye a deshacer
la capacidad del trabajo como
forma de construir la propia identidad.
Carretero lo ve del siguiente
modo: “Antes aprendías, te perfeccionabas
en tu puesto. No es que no
trataran mal en las empresas, pero
eso implica, desde el punto de vista
personal, una cierta estima: ‘he
aprendido a hacer esto’. Hoy cuando
has aprendido te cambian de trabajo
y empiezas desde cero en algo
que no tiene nada que ver. La estructura
psicológica que creaba autoestima
se pierde”.

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