IMPACTOS EN EL MEDIO AMBIENTE Y EN LAS ECONOMÍAS DE LA REGIÓN
Los malabarismos de Repsol YPF

La multinacional Repsol
YPF no atraviesa sus
mejores momentos,
a pesar del alto precio del
crudo. Pero mucho peores
son las consecuencias para
los países donde opera.

, Añelo (Argentina)
11/06/08 · 23:06
Repsol se está especializando en la“vampirización” de economías; succiona recursos naturales que luego vende caro a sus antiguos dueños. / FOTO: Jorge Montero.

A pesar de las reservas declinantes en muchos de sus campos, el presidente de Repsol YPF, Antoni Brufau, en ningún momento escondió su sonrisa en la reciente junta de accionistas. Incluso cuando dos representantes de Intermón Oxfam exigieron a Brufau que su empresa cumpla los tratados internacionales y respete el derecho de los pueblos indígenas a pronunciarse sobre los proyectos que afecten a sus tierras. El mismo Brufau también sonreía días antes, cuando en una abarrotada plaza Murillo de La Paz, el presidente de Bolivia, Evo Morales, afirmaba que “Repsol es una empresa responsable “.

El abrazo sellaba “una noche de amanecida en las negociaciones “. Ahora dos países
“con sus respectivas empresas (sic) trabajarían juntas “. Se había consumado el traspaso de 1% de las acciones de Andina para que Bolivia tenga el control de la filial de la empresa de capital español y norteamericano Repsol YPF. Capitulaba así la pesadilla boliviana para Repsol. Con la renovación y firma de todos los contratos por el Congreso, la compañía y su presidente pueden dormir tranquilos. Atrás quedaban, entre otros, los delitos de contrabando de millones de barriles por los que fueron apresados dos directivos de Repsol en 2006, la muerte de una familia de pescadores en el pozo Surubi o las auditorías practicadas a diez compañías, entre ellas Repsol y Andina, en las que se demuestra técnica y económicamente que estafaron a Bolivia.

¿Un buen año para Repsol?

No fue mal año de negocios. La empresa presumió en la junta de un beneficio neto de 1.212 millones de euros en el primer trimestre del año, un 36,5% más que en 2007, debido al incremento del precio del crudo y a la buena marcha de la filial argentina YPF, de la cual vienen más de la mitad de sus beneficios. La caída del
dólar ha reducido estos números. Según la empresa, si presentara sus cuentas en dólares, el beneficio neto del grupo crecería un 62%.

Sobre el terreno, Repsol mantiene
el control de 359 bloques con una superficie
neta de 354.480 km2. De estos,
109 están en Argentina, 79 en EE
UU y se adjudicó 71 bloques en las
costas de Alaska asociada a Shell y
ENI. A principios de año, consiguió
93 bloques más en el mar de
Chukchi, beneficiado por la apertura
que ha hecho Bush de la exploración
petrolera en el Círculo Ártico.
En cuanto a sus reservas, el último
año, Repsol se anotó nuevos megayacimientos
 en Libia
, en asociación
con NOC, la compañía estatal; en
aguas profundas de Brasil, asociado
con Petrobras; y en Bolivia y en Perú.
Además de la entrada en producción
del megacampo Genghis Khan, en
aguas profundas del golfo de México
estadounidense. A pesar de estos logros,
sus reservas probadas en los
últimos años han pasado de
3.485.275 barriles a 1.400.000 barriles,
menos de la mitad.

¿Un buen año para
los países donde opera?

Las reservas mundiales describen un comportamiento declinante en la mayoría de los pozos. Repsol YPF es una de estas empresas que se ven apretadas por una demanda creciente que tiene que atender, especialmente en los países donde, a través de la privatización de sus empresas, ha capturado en el monopolio a millones de personas, reducidas a la condición de consumidores cautivos.

Argentina sufre una enquistada crisis
energética que provoca cada invierno
desabastecimiento
y que obliga
incluso a cerrar industrias en determinados
períodos. El megayacimiento
de Loma de la Lata –conocido
por sus pasivos ambientales que
han intoxicado a la población– ha registrado
una acelerada declinación,
como la mayoría de campos en las
provincias de Neuquén y Mendoza.

El diésel también ha escaseado en
Argentina y Bolivia, poniendo en juego
la producción agrícola, mientras
Repsol exporta el crudo y el gas de
estos países para venderlo a precio
internacional. La estrategia de la
compañía de exportar mucho y explorar
poco ha provocado la caída de
las reservas en pocos años.

Algunos autores describen este
comportamiento como “vampirización
de la economía “: no sólo succionan
los recursos naturales trasladando
a los Estados los importantes
pasivos ambientales, también venden
caro estos recursos a sus antiguos
dueños parasitando su débil
economía. Argentinos y bolivianos
también han sido decepcionados por
la anunciada “argentinización “ y
“nacionalización “ de sus respectivas
empresas estatales
, privatizadas la
pasada década. En el primer caso,
Repsol vendió un 14% de YPF al grupo
Petersen, supuestamente argentino,
aunque el grupo tiene capitales
españoles. En Bolivia, la “nacionalización
“ de sus antiguas empresas
estatales sólo ha consistido en un
contrato de traspaso de acciones firmado
entre YPFB, que tendrá el
51%, y Repsol YPF, que compartirá
la administración de Andina.
En las regiones petroleras, los anhelos
de recuperación de los recursos
han movilizado de nuevo a la
población, tras dos años de expectativas.

En Camiri, antigua capital
petrolera de Bolivia, una pueblada
obligó al Gobierno a negociar el pasado
marzo, después de una violenta
represión, la entrega de un pequeño
campo de Andina al pueblo
de Camiri. Ello constituyó la primera
expropiación auténtica que realiza
Bolivia a una empresa petrolera
desde la nacionalización de la Gulf
Oil en 1969.

La indignación por sus políticas
ambientales se han visibilizado este
año con el vertido y ocultación de
miles de barriles de crudo en el Parque
Nacional Yasuní (Ecuador), el
derrame de fenoles cancerígenos
en el río Francolí o las denuncias
de contaminación del agua de
red en Añelo (Argentina).

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