REPORTAJE // CINCO PERSONAS EXPLICAN SU CASO
Malabarismos para terminar el mes

El apoyo familiar y la economía sumergida son los
recursos con que cuentan millones de personas paradas
para sortear el incremento de la vivienda, el
transporte, la enseñanza y la prevista subida del IVA.

- Bancos de tiempo: salvavidas contra la crisis económica

08/04/10 · 0:00
Edición impresa

En el segundo año de la crisis, el
paro ha pasado al segundo plano
de la actualidad informativa. Las
portadas ya no truenan frente a las
periódicas Encuestas de Población
Activa (EPA), ni los informativos
abren sus ediciones con las largas
colas frente a las oficinas del INEM,
ni siquiera se esgrime la tasa
de desempleo como un arma arrojadiza.
El paro se ha normalizado y
con ello se ha normalizado la penosa
situación que atraviesan millones
de personas en todo el Estado.
En febrero de este mismo año,
Zapatero sentenció que el Gobierno
no “dejaría atrás a los que peor
lo están pasando”, pero mes a mes
los subsidios se agotan y los precios
se encarecen. El Índice de
Precios al Consumo presentó, en
febrero de 2010, una tasa interanual
positiva de un 0,8%, a pesar
de que las rebajas de vestido y calzado
presentan un descenso trimestral
del 15%.

El mes pasado, Elena Salgado se
congratuló en Televisión Española
de la baja inflación, y afirmó que
ésta favorece la competitividad de
la economía española. Leire Pajín,
secretaria de Organización del
PSOE, afirmó que el bajo incremento
de la inflación “supone un
gran alivio para muchas familias”.
En el desglose de la cesta de la compra
los alimentos bajan un 2,7%, la
vivienda, lejos de lo que pudiera
creerse, se encarece un 0,8%. El
transporte por su parte experimenta
una espectacular subida del
5,8%. Por último, el sensible sector
de la enseñanza sube un 2,6% respecto
a los datos de febrero de
2009. El mayor incremento lo protagonizan
las bebidas alcohólicas y
el tabaco, con un incremento del
12,3% interanual. Si bien todos los
consumidores padecen la inflación
de los precios, son los parados, por
encontrarse en una situación especialmente
delicada, los que sufren
en mayor medida los efectos de la
subida de precios.

Cinco personas, cinco casos

A la salida de la Oficina de Treball
de la Generalitat (OTG) del distrito
de Sants (Barcelona) encontramos
a José A. Con 49 años, intenta beneficiarse
del subsidio de 426 euros,
“actualmente no cobro nada,
tengo dos hijos estudiando en Perú
y la autoridad no reconoce que están
a mi cargo”, comenta a DIAGONAL.
Tras trabajar durante un año
en una empresa de seguridad, el
paro se le agotó en enero. “Convivo
con dos paisanos bolivianos y pagamos
800 euros al mes de alquiler”.
José A. Consigue llegar a fin
de mes mediante la economía sumergida
“fontanería, pintura, lo
que venga, te hablo con franqueza,
sigo por mis hijos. Están acabando
sus estudios y les llega justito”.

Lourdes M. está en el paro por pedir
en su empresa los días de fiesta
que le correspondían. En la carta de
despido, el motivo que aduce la empresa
es el de bajo rendimiento, “el
sindicato, Comisiones Obreras, no
hizo nada”, añade. “Se me termina el
paro en 2011, tengo 50 años y la cosa
pinta cruda. Estoy divorciada, llevo
una casa, tengo que pagar facturas,
averías...”. Lourdes considera que no
es cierto que la cesta sea más barata:
“De bajada de precios nada, no sé
dónde compran ellos porque los precios
han subido. Con lo que se cobra
del paro no se llega a fin de mes, no
se llega... yo estoy trabajando de extranjis,
en mi casa sólo entra un sueldo
y somos tres, tengo un crío en el
instituto y los libros no son baratos”.

Jon A., ecuatoriano de 39 años,
trabajó en la construcción hasta
hace seis meses, “pero dijeron que
había bajado la faena y me despidieron”.
Durante este tiempo ha
compaginado el paro con trabajos
periódicos en una Empresa de
Trabajo Temporal “seis o siete días
al mes trabajo montando espectáculos,
de camarero, de montador,
de lo que sea”. Jon es consciente
de que la situación que vive es de
total incertidumbre.

Ester B. ha agotado su subsidio
por desempleo y la ayuda semestral
de los 426 euros. “Estoy desesperada,
duermo mal, tengo ansiedad...”.
Su previsión de futuro contrasta con
el optimismo del Gobierno
: “Lo veo
todo negro, no sólo yo, mi hija tiene
una carrera y está igual. No hay nada.
Es una inseguridad que no había
sentido nunca”. Ester no puede
ayudar a su familia y nota como los
precios suben mes a mes “los precios
han subido, fruta, carne, todo
está más caro, y los productores no
tienen la culpa, la culpa es de los intermediarios”.
Ester repite algunas
de las constantes de la crisis, “llego
a fin de mes muy justa, la prioridad
es la casa, porque comida poco.
Como pasta dos o tres veces a la semana”.
“Como hay que adelgazar,...
si un día como sólo una vez pues ya
está”. bromea Ester.

José C. se muestra pesimista. Lleva
un año en el paro, es técnico electricista
y depende completamente
de su familia: “Si no es por eso ya estaría
muerto y enterrado”. José C.
también recurre esporádicamente a
la economía sumergida, “a veces me
sale alguna chapuza puntual pero
sólo me da para dos o tres días...”.
Ha notado poco la subida de precios,
a pesar de sentir que “cada día te
gastas más y tienes menos, además
con la subida del IVA... menuda alegría”.
Resume la situación como funesta
“tal cual, funesta”, remarca.

En la última entrevista concedida
por el presidente del Gobierno,
el 23 de marzo, a TV3, Zapatero habló
del “gran esfuerzo de protección
social” a los desempleados. En
referencia a los parados repitió la
palabra protección hasta tres veces,
“tenemos que garantizar ese apoyo,
esa cohesión y esa protección
social”, concluyó. Los testimonios
recogidos durante sólo una mañana
frente a un local de la Oficina de
Treball de la Generalitat contradicen
las palabras de Zapatero y
muestran un panorama “funesto” y
“negro”, tal y como lo definen los
propios parados. La subida de dos
puntos porcentuales del IVA proyectada
para el próximo verano supondrá
un nuevo obstáculo para
llegar a fin de mes, una meta difícil
para cada vez más gente.


EL BLINDAJE DE LA ESPECULACIÓN FINANCIERA

M. Á. J.

La Ley de Economía Sostenible
es el último episodio de
las propuestas del Gobierno
para salir de la crisis. La
secuencia empezó con la
inyección de liquidez al sistema
bancario, al borde del
colapso, luego llegó el Plan E
y el estímulo a la obra pública
y, también, el plan 2000E,
(ayudas a la industria automovilística),
pese a los innumerables
despidos del sector.
Tras la consumada “modernización”
de la universidad
pública, se pone coto al sistema
de salud y se amaga con
la jubilación a los 67 años. La
restricción del gasto público y
los incentivos fiscales a las
empresas y grandes fortunas
se contraponen a la anunciada
subida de los tipos del IVA
que, como impuesto indirecto,
recaerá sobre los trabajadores,
definitivamente obligados
a cargar con la factura de los
desmanes de la especulación
inmobiliaria y financiera.
La última Encuesta de Población
Activa (EPA) reveló que
el número de inscritos en las
oficinas de empleo es del
18,83%. Gobierno, sindicatos
y patronal insisten en la
formación como complemento
al paro, en algunas ocasiones
se ha usado la palabra
“reciclaje” para definir
estos cursos, que tal y como
retrató este periódico
son un lucrativo
negocio para sindicatos
y empresas de formación,
además de ser una eficiente
forma de borrar de las listas
de desempleados a los parados
que los cursen. El llamado
Programa Temporal de
Protección por Desempleo e
Inserción (un subsidio
semestral de 426 euros para
aquellos parados que agoten
su prestación) obliga al
beneficiario a comprometerse
a la búsqueda activa de
empleo y a la realización de
cursos de formación.

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