ANÁLISIS // LA METRÓPOLI INTENTA SITUARSE EN LOS PUESTOS DE CABEZA DE LA ECONOMÍA FINANCIERA
Madrid, ciudad global

En la globalización económica no sólo compiten las empresas o los individuos, sino muy especialmente los territorios. Entendidas como espacios para la acumulación de capital, o para su destrucción a través del consumo, las metrópolis intentan especializarse y venderse como centros de transporte, plazas financieras o mecas culturales. Esta segunda entrega de la colaboración con el Observatorio Metropolitano analiza los sectores
que han introducido con éxito a Madrid en esta competición global.

01/05/08 · 23:24
Edición impresa

La globalización ha sido un
término desesperado destinado
a designar las transformaciones
del escenario
capitalista durante las últimas tres
décadas. Aunque el capitalismo
siempre ha sido global, los últimos
30 años parecen designar una fase
de internacionalización de las relaciones
económicas y financieras, y
con ella también de la distribución
geográfica de la riqueza y el poder.
De hecho, la volatilidad de las inversiones
y de los flujos financieros
ha obligado a las regiones y a las
ciudades a competir por capturar
las funciones centrales de la globalización.

Funciones que van desde
los mercados financieros hasta las
producción de alta tecnología, desde
los cuarteles generales de las
grandes empresas hasta la atracción
de los flujos turísticos. Así, la
deslocalización y dispersión geográfica
que han acompañado a la
nueva fase capitalista se ha producido
en paralelo a la concentración
geográfica de los poderes. En este
sentido, sólo unas pocas ciudades
están destinadas a brillar en el nuevo
firmamento internacional. Lo paradójico
del impacto local de la globalización
es que Madrid se haya
ajustado a estas transformaciones
de una forma tan ejemplar y ventajosa
para sus élites que en cierta
medida se pueda decir que se ha
convertido en una de esas nuevas
Romas planetarias.

En primer lugar, Madrid ha desarrollado
importantes economías de
mando. Con 22 de las mayores empresas
del planeta, Madrid es a día
de hoy la octava ciudad del mundo
por número de sedes centrales de
grandes transnacionales. Evidentemente
esto no se debe a un mérito
intrínseco a la ciudad, sino que tiene
que ver con la expansión internacional
de un particular grupo de viejas
empresas españolas. Los procesos
de privatización de las grandes empresas
públicas ligadas a la energía y
las comunicaciones durante los años
‘90 supusieron una increíble oportunidad
para los capitales españoles.
Convertido en empresa privada, pero
con una posición de monopolio
sobre los mercados nacionales, este
pequeño grupo empresarial aprovechó
el proceso de privatización de
los sectores financiero, energético y
de comunicaciones en América Latina
para absorber, literalmente, las
empresas homónimas de esos países.
Así, Repsol, Endesa, Iberdrola,
Telefónica,... y los bancos (BBVA y
Santander) controlan las posiciones
de cabeza de la región iberoamericana.
El despegue inicial de la
década de 1990 se ha visto ampliado
además por el reciente ciclo inmobiliario
que ha catapultado a
una nueva generación de empresas
españolas a la cabeza del ránking
mundial (ACS, Acciona, Sacyr Vallehermoso,
OHL, Ferrovial).

En segundo lugar, esta expansión
ha tendido a generar una industria
auxiliar de alto valor añadido: los servicios
avanzados a la producción,
conjunto de actividades estratégicas
para las grandes empresas pero que
por su sofisticación y por la alta especialización
de su personal no puede
ser desarrollado por el personal
propio. Son las empresas de publicidad,
los despachos internacionales
de abogados, las consultorías financieras
y económicas, los estudios y
gabinetes técnicos (arquitectura, ingenierías),
los servicios informáticos
avanzados, etc. De hecho, estos servicios
de alto nivel emplean en la región
a más de 300.000 personas, y
son la rama de empleo, al lado de la
construcción y el trabajo doméstico,
de mayor dimensión y crecimiento.
La importancia de estas economías
auxiliares no se deduce simplemente
de su dependencia de las grandes
empresas, sino que en muchas ocasiones
son también exportadoras de
servicios especializados, tanto en el
Estado español como en Europa y
América Latina.

En tercer lugar, la globalización
ventajosa de Madrid se ha visto reforzada
por la expansión de un conjunto
de infraestructuras y actividades
que están especializadas, precisamente,
en la conectividad internacional
de la ciudad. Nos referimos
principalmente al aeropuerto, al turismo
de negocios y la logística. Efectivamente
Barajas se ha convertido
en el cuarto aeropuerto europeo por
tráfico de pasajeros. La ampliación
de la T-4 ha supuesto una importante
apuesta por la principal infraestructura
conectiva de Madrid. Con
6.000 millones de euros de inversión
inicial (un billón de las antiguas pesetas)
supuso la multiplicación por
tres de la antigua superficie de Barajas,
que se convirtió además en la primera
industria de la ciudad con más
de 50.000 empleos directos y otros
120.000 indirectos. En lo que se refiere
al turismo de negocios el éxito
ha sido aún más sorprendente ya que
Madrid se ha transformado en el segundo
centro internacional de ferias
y congresos, sólo detrás de Londres.
Prueba de esta explosión es la existencia
en la región de más de 150 hoteles
de cuatro y cinco estrellas, y que
el IFEMA facture el 1% del PIB regional.

Por fin, los últimos años han
sido testigos de un intenso crecimiento
del sector logístico manifiesto
en la multiplicación de las plataformas
de intercambio y transporte
de mercancías: Puerto Seco de Coslada,
Ciudad del Transporte, Central
de Carga de Barajas, CADSI Getafe
y un larguísimo etcétera que convierten
a Madrid en el principal nodo logístico
del sur de Europa.

En conjunto, estas transformaciones
componen los factores que
explican la nueva centralidad de
Madrid como una ciudad que
‘cuenta’ en la nueva división espacial
del trabajo a nivel internacional,
y que progresivamente ha dejado
atrás a todas sus competidoras
peninsulares, como Barcelona
o Lisboa. Queda por responder,
desde luego, sobre qué y a costa de
quién se ha realizado esta expansión
global. La respuesta se dirigirá
sin duda al hecho de que esta transformación
de Madrid en un gran
centro de mando internacional se
ha realizado a cuenta del expolio
de recursos de medio planeta, el
crecimiento imparable de su huella
ecológica y la explotación de buena
parte de su población, que lejos de
haberse beneficiado de este crecimiento
forma el nuevo “imperio interior”
de la metrópolis global.

+A Agrandar texto
+A Disminuir texto
Licencia

comentarios

0

separador

Tienda El Salto