EL MOVIMIENTO DE RESISTENCIA DE LAS MUJERES RUSAS
Madres de soldados rusos contra la violencia militar

Un grupo de mujeres lucha desde 1989 contra el reclutamiento de sus hijos por el
Ejército y para denunciar las violaciones de derechos por parte del mismo. Hoy se
han convertido en las mayores activistas contra la intervención rusa en Chechenia.

02/04/06 · 21:20
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Dani Sánchez
Visita polémica de Putin a Madrid. Más de 100 personas se manifestaron en Madrid el 9 de febrero ante la embajada
de Rusia para exigir a Putin respeto por los derechos humanos y paz para
Chechenia. El mandatario ruso, recibido por Zapatero y el rey, mantuvo también reuniones
con los presidentes de empresas como Iberdrola, EADS-CASA, INDRA, BBVA
y Repsol, empresa esta última que se dispone a abrir una oficina en Moscú.

En 1989, un pequeño grupo de madres
de reclutas se organizó para socorrer
a sus hijos, enrolados a la fuerza
en el Ejército Rojo. Clandestinamente
daban refugio a los que huían
de los cuarteles, los curaban, los escondían
e incluso iban a buscarlos a
los cuarteles. Fueron las mujeres las
que iniciaron el movimiento por una
reforma militar y, 17 años después
de la caída del muro de Berlín, siguen
siendo las mujeres las que denuncian
las violaciones de derechos humanos
en y por el Ejército. Fueron
ellas las primeras en denunciar la intervención
rusa en Chechenia, y esta
lucha las convirtió en un movimiento
de resistencia al poder federal que
se bate por la reforma del Estado.

Empezaron con acciones para liberar
a sus hijos: pocos soldados cada
vez, una decena, quizás un centenar
en 1994, mientras 2.000 marineros
morían por las condiciones y los
malos tratos en la isla de Russky. Las
madres lograron convertir el hecho
en un escándalo nacional, hasta que
lograron suficiente fama para hacerse
oír por el Gobierno. Su primera
victoria fue volver a traer a la universidad
a 176 estudiantes integrados a
la fuerza en el Ejército. Otra acción
obligó al Gobierno a nombrar una
comisión para investigar los muertos
fuera de combate. Y en el ‘93 lograron
que la Duma fijara pensiones
para familias de muertos y Seguridad
Social para los soldados. Yeltsin
concedió en el ‘98 una amnistía general
para 11.000 desertores.

Ahora reclaman la abolición del
servicio militar obligatorio, una definición
legal de la tortura, sanciones
legales en casos de tortura o corrupción
y juicios justos para los desertores.
Según la asociación, “cada año
mueren entre 4.000 y 5.000 soldados
fuera de acciones militares: por torturas
o maltrato, a lo que se añade el
frío, la falta de atención médica, el
hambre”. Mientras la asociación lucha
por un cambio legislativo, mujeres
de los 107 comités locales hacen
lo posible por otros 3.000 o 4.000 soldados
que desertan cada año. “El comité
trabaja en una tensión permanente:
cada día llegan a las oficinas
de 20 a 40 soldados que huyeron para
salvar la vida. Recibimos miles de
cartas. Participamos en los juicios
como defensoras”. Resulta casi imposible
obtener compensaciones o la
condena del culpable, por lo que las
mujeres agitan la amenaza del escándalo
público hasta conseguir un
certificado de invalidez que evite al
soldado el regimiento disciplinario.

Chechenia y censura

Desde el inicio del segundo conflicto
checheno en 1999, las Madres quedaron
cada vez más aisladas frente
al poder ruso. La mayoría de los medios
de comunicación ya no pueden
rechazar la versión oficial de los hechos;
la información no oficial ya sólo
pasa por algunas organizaciones
civiles como las Madres, el Memorial
o el museo Sajarov, cuyo trabajo es
cada vez más difícil. Primero, porque
ya no circulan datos: por razones
de seguridad las ONG internacionales
no pueden operar en Chechenia
y los periodistas sólo tienen
acceso mediante viajes organizados
y escoltados por el Ejército. Además,
según Aude Merlin, profesora en la
universidad de Bruselas, “aunque el
control de los medios desde la elección
de Putin en 1999 tenga otras razones
que la de esconder las barbaridades
en Chechenia, la guerra contribuyó
mucho a esto. El creciente
control de la información permite
mantener una guerra a puerta cerrada,
mientras ésta da motivos para
nuevas restricciones a los medios.
Se asiste a manifestaciones de censura
pero también de autocensura”.

En 2002, la Duma aprobó una enmienda
a la Ley de terrorismo que
prohíbe la difusión de información
“que pueda obstaculizar el buen desarrollo
de una operación antiterrorista”
o que “haga propaganda a favor
de la oposición a dicha operación”.
Además, la mayoría de los medios
han “asumido la responsabilidad
de autocensurarse”, según la
Nezavisimaya Gazeta.

El 23 de octubre de 2002, un comando
tomó como rehenes a los espectadores
de un teatro de Moscú.
Al día siguiente, cerraba la cadena
de televisión Moscovia por “violación
de la ley antiterrorista”, se prohibía
la difusión de entrevistas de
miembros del comando y se sancionaba
a la Rossiskaya Gazeta. El mismo
año cerró la última televisión independiente
y el general del Servicio
Federal de Seguridad Zdanovitch
fue nombrado para encabezar la
principal cadena pública, mientras
operaciones de compra y fusión van
agotando los periódicos alternativos.

A las Madres de Soldados les resulta
más fácil esquivar las leyes restrictivas:
“Cumplimos un papel de vigilancia
muy importante, no dejamos
al poder engañar a la gente porque
conocemos la verdadera situación”.
Las expediciones clandestinas
a Chechenia para liberar a sus hijos
también permiten acumular pruebas
y testimonios para seguir oponiéndose
al discurso oficial. “Tenemos
contactos muy próximos con las mujeres
chechenas, compartimos un
mismo dolor y pensamos superarlo
juntas”, dice Ludmila Obraczova.
“Cuando las madres rusas vamos a
Chechenia, las ayudamos como podemos,
traemos medicinas, y nos llevamos
el listado de sus muertos para
publicarlo”. Con estas estadísticas
no oficiales, los 10.000 muertos civiles
de tres años de guerra pasan a
ser 60.000. Aunque el impacto frente
a la desinformación organizada es
una gota en un vaso de agua, la epopeya
de las Madres es una bandera
para la oposición.

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