Lugo, piloto de tormenta

Tras los escándalos de las demandas
de paternidad, que
consiguieron paralizar la
agenda pública, Lugo pelea
por darle estabilidad y rumbo a su
gobierno en medio de arteros ataques
opositores y las amenazas de
confrontación de los sojeros. En el
medio, unos 300.000 campesinos sin
tierra reclaman que se cumpla con la
promesa de iniciar la reforma agraria,
por lo que ante la poca actividad
del Gobierno anunciaron nuevas
ocupaciones de tierras.
Cuando puede, Lugo insiste en que

03/08/09 · 0:00
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Tras los escándalos de las demandas
de paternidad, que
consiguieron paralizar la
agenda pública, Lugo pelea
por darle estabilidad y rumbo a su
gobierno en medio de arteros ataques
opositores y las amenazas de
confrontación de los sojeros. En el
medio, unos 300.000 campesinos sin
tierra reclaman que se cumpla con la
promesa de iniciar la reforma agraria,
por lo que ante la poca actividad
del Gobierno anunciaron nuevas
ocupaciones de tierras.
Cuando puede, Lugo insiste en que
todo llevará tiempo y que no abandonará
sus objetivos políticos, entre
ellos la renegociación de las tarifas
de las represas hidroeléctricas Itaipú
y Yacyretá, la reforma agraria y una
eventual reforma constitucional para
garantizar derechos políticos, sociales
y electorales. Pero para conseguir
esos objetivos será fundamental la
articulación y movilización que puedan
lograr los movimientos sociales.
Vale recordar que durante el proceso
preelectoral se agitó el fantasma
de la izquierda para atemorizar a
la población, que terminó votando y
llevando al congreso sólo a dos representante
de campesinos y obreros,
ambos por el Movimiento Tekojojá.
El pueblo tiene lecciones aprendidas
y ésta es una de ellas: no se
cambia sin participación y sin representación
en el poder. Solo los pares
hacen lo que uno quisiera hacer.
Será interesante asistir a la movilización
de fuerzas campesinas que
tienen a la reforma agraria como estandarte
principal, a la lucha de los
sin techo, de los sindicatos, a la articulación
de un frente político de los
partidos de izquierda que se puso en
marcha recientemente para impulsar
los objetivos centrales de la lucha
popular. Allí será primordial el rechazo
que se plantea a los nuevos endeudamientos
externos del Plan
Anticrisis del ministro de Hacienda,
que en principio sólo parece una ayuda
para los grandes propietarios.
Las organizaciones reclaman la
reactivación real, la asistencia a los
compatriotas agobiados por la miseria.
Hay una mayoría que pretende
un cambio verdadero. De allí surgirá
un movimiento político que represente
estas aspiraciones históricas
a las que Lugo se comprometió
a ayudar. Si el Gobierno tiene gestos
a favor de las luchas, puede encolumnar
un fuerte apoyo popular,
en cambio, la inacción puede condenar
a la precaria organización social
a confrontaciones más duras con la
derecha, que espera agazapada el
momento para derrocarlo.

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LUGO ASUME SU CARGO COMO PRESIDENTE.

Y LUGO LLEGÓ A LA PRESIDENCIA

- EL “OBISPO DE LOS POBRES”, PRESIDENTE
EL 20 de abril de 2008,
Fernando Lugo culminaba
un ascenso político meteórico
con la victoria en las
elecciones presidenciales
de Paraguay encabezando
una amplia y sui generis
alianza electoral. Su
victoria se convertía en
un hecho sin precedentes
en la turbulenta historia
política paraguaya ya que
acontecía una alternancia
en el gobierno sin tiros de
por medio. Además el
hecho de que un ex obispo
de la Iglesia Católica
sin filiación partidaria,
apodado el “obispo de
los pobres”, hubiera dado
al traste con la total hegemonía
del Partido Colorado
durante 60 años, era
sin duda un hito histórico
que situó por breves instantes
la política paraguaya
en la prensa internacional.
En Paraguay el
momento despertó una
mezcla de sorpresa, euforia
y esperanza para
buena parte de la población,
especialmente
aquellos sectores más
organizados y politizados.
Todo el mundo entendió
que era señal de un cambio
de ciclo político-histórico,
pero muchos también
se preguntaban en
qué consistiría ese nuevo
ciclo. ¿Abría la victoria de
Lugo una posibilidad real
de cambio estructural de
Paraguay? ¿Se puede
hacer algún paralelismo
entre el proceso Lugo y el
de otros gobiernos progresistas
en Venezuela,
Bolivia o Ecuador? Un
año después, la pregunta
todavía retumba en los
movimientos populares y
sociales de Paraguay.

- UNA OPORTUNIDAD FRENTE AL BIPARTIDISMO
Para las elecciones de
2008 la fuerza de la candidatura
de Lugo abrió
una posibilidad que tan
solo unos años antes
parecía impensable.
Para ello diversos partidos
y movimientos que
nunca antes se habían
aliado conforman la
Alianza Patriótica por el
Cambio, con Lugo como
candidato a presidente.
En esa alianza encontramos
partidos de izquierda
de viejo y nuevo cuño
como Partido Tekojoja,
de corte campesino, o
Partido del Movimiento
al Socialismo, de corte
urbano. Y sobre todo un
apoyo mayoritario de los
movimientos sociales y
populares donde destaca
el movimiento campesino.
Pero también y
como fuerza principal se
encuentra un partido tradicional
de corte conservador
y oligarca: el Partido
Liberal (PLRA). Algo
que en la izquierda algunos
dieron en llamar un
“mal necesario” y otros
un “mal inasumible”. Y
es que la necesidad de
una maquinaria electoral
que pudiera hacer sombra
al partido colorado
así como la poca penetración
de los partidos
de izquierda en la sociedad
paraguaya (uno de
cada tres paraguayos
tiene ‘carnet’ de unos de
los dos partidos conservadores)
explica en
buena medida la incómoda
alianza. Esta penetración
social de los dos
partidos tradicionales se
basa en una filiación
hereditario-familiar y conformada
en gran medida
en base a mecanismos
de prebenda.

- “FUE COMO GANAR Y NO GANAR"
Los resultados dieron la
victoria en las elecciones
presidenciales a la Alianza
Por el Cambio encabezada
por Lugo con el
40% de los votos, pero
los ‘colorados’ sacaron
un 30% y la opción que
encabeza Lino Oviedo, un
polémico militar ex colorado
de extrema derecha,
un 22%. Simultáneamente
se elegían diputados y
senadores. En este caso
los partidos integrantes
de la Alianza presentaban
listas por separado. La
inmensa mayoría de los
asientos del Senado y la
cámara de diputados
quedaron en manos de
los partidos tradicionales
de derecha o extrema
derecha, incluido el Partido
Liberal, integrante de
la Alianza. Entre cuatro
partidos conservadores
representantes de la oligarquía
tradicional suman
más del 80% de los votos
para senadores y diputados.
Solamente un senador
y un diputado quedaron
en manos del
único partido de izquierda
(el Movimiento Popular
Tekojoja) que consiguió
representación con
un 3% de votos. El resto
de la izquierda acudió a
la cita fragmentada una
vez más y no logró
representantes en las
cámaras pese a que el
voto a partidos progresistas
creció un 55%.
Gustavo Walter, dirigente
campesino de base
por el MAP describe así
la sensación tras los
resultados: “Fue como
ganar y no ganar”.

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Tags relacionados: Fernando Lugo Número 107 Elecciones
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