FRANCIA FIRMÓ CON EL CNT QUE SUS PETROLERAS CONTROLASEN EL 35% DEL CRUDO
Libia, la retórica de la simplicidad

El autor, escritor y
filósofo, explica cómo se
cambia la realidad para
justificar la guerra de
Libia y qué acuerdos
tiene Francia con el Consejo Nacional de Transición libio (CNT).

04/10/11 · 8:00
Edición impresa
JPG - 143.1 KB
Foto: European Council.

Muchas veces se recurre
a la “retórica de
la complejidad” para
justificar posiciones
ideológicas fraudulentas. En el
mundo árabe, por ejemplo, la presunta
“complejidad” –religiones,
sectas, tribus, etnias– ha servido
para justificar “estabilidades” locales
que ocultaban, u ocultan, terribles
tiranías. Es el caso de Siria.
Pero hay otras veces en que se recurre,
al contrario, a la simplicidad
rectilínea para no afrontar contradicciones
dolorosas o impedir la
irrupción de una realidad que podría
obligarnos a revisar nuestros
esquemas. Es lo que pasa con Libia.

Simplificar la realidad

La intervención condenable de la
OTAN ha simplificado tanto la realidad
que la ha dejado fuera. Para
una buena parte de la izquierda antiimperialista,
la resolución 1973 de
la ONU convirtió a Gadafi en un paladín
del soberanismo panafricano
y en un socialista preocupado por el
bienestar de su pueblo y, en virtud
de una mecánica oposición binaria,
a los rebeldes libios que se habían
alzado contra él en una horda de
monárquicos, islamistas y terroristas
mercenarios al servicio de las
potencias occidentales.

El hecho de que Libia sea el mayor
productor de petróleo de África
y obtenga y de su explotación
36.000 millones de dólares al año
ha simplificado aún más las cosas.
A partir de ahí, la codicia occidental
por unos recursos que desde
2004 estaban ya en sus manos se
convertía en la explicación de un
conflicto que, por eso mismo, se
consideraba aislado del resto del
mundo árabe, donde desde hace
ocho meses todos los pueblos de la
zona, con más o menos intensidad
y mayor o menor éxito, están cuestionando
los regímenes dictatoriales
que los sojuzgan.

No se codicia un petróleo que ya
se tiene, pero sobre todo no se roba
cuando se quiere, sino cuando se
puede. Y para entender la intervención
de la OTAN, improvisada y sin
unanimidad inicial, es necesario introducir
algunos factores coadyuvantes
y algunos intereses no directamente
económicos. Los factores
que permitieron la intervención
atlántica fueron dos: el primero, el
hecho indudable –indudable al menos
para los árabes y las izquierdas
regionales– de que se trataba, por
una vez, de una causa justa; el segundo,
el hecho de que el régimen
de Gadafi, al contrario que el de
Bashrar Al-Assad, estaba completamente
aislado y no jugaba ningún
papel estratégico regional. Salvo
unas cuantas dictaduras africanas y
los propios países occidentales que
ahora lo abandonaban, nadie –ni
pueblos ni gobiernos árabes– apoyaban
al dictador libio. En cuanto a
los móviles políticos, hay que citar
también dos importantes. Por un lado,
las presiones de Arabia Saudí,
convertida en una verdadera subpotencia
regional al amparo de la
debilidad imperial, sobre unos
EE UU poco inclinados a la intervención,
pero cuyos intereses
energéticos vitales están desde
1945 en la zona del Golfo Pérsico.
De hecho, la intervención de la
OTAN en Libia ha servido, como sugería
Wallerstein, de maniobra de
distracción: mientras las izquierdas
debatían sobre Libia ha habido poquísimas
denuncias de la intervención
militar saudí en Bahrein y
Yemen y de los propios bombardeos
de los EEUU en este último país.

Por otro lado, no es una casualidad
el protagonismo y agresividad
de Francia en la intervención. Sar -
kozy –digamos– ha aprovechado
el regalo que se le hacía para recuperar
el terreno en su “patio de
atrás”, el norte de África, donde su
prestigio había quedado completamente
dañado tras su apoyo a Ben
Ali y a Moubarak y el escándalo de
dos de sus ministros, beneficiarios
de tratos de favor por parte de los
dictadores derrocados. Sarkozy,
por supuesto, pretende cobrar los
servicios prestados a los rebeldes
en contratos petrolíferos
, como lo
prueban las revelaciones sobre los
acuerdos entre Francia y la cúpula
del CNT para garantizar a las compañías
francesas la explotación de
hasta un 35% del crudo libio.

En todo caso, el malestar que ha
causado entre las filas rebeldes este
acuerdo secreto indica hasta qué
punto el CNT, criatura de Occi den -
te, está tratando de secuestrar una
revolución que comenzaron el 17
de febrero jóvenes muy parecidos a
los tunecinos y los egipcios y a los
que se unieron después desertores,
opor tunistas, liberales e islamistas.
Algunos de éstos –Ismail Salabi o
Abdelhakim Belhaj, comandantes
de Benghasi y Trípoli respectivamente
y vinculados al Grupo
Islámico Combatiente Libio– han
dejado ya claro que no van a permitir
gobernar “a un pequeño grupo
de élite”. Como recordaba un cartel
en la carretera de Benghasi durante
estos meses de guerra (“no a la intervención
extranjera en nuestra
tierra; sí a la entrega de armas a los
revolucionarios”), la OTAN ha intervenido
y bombardeado, pero no
se ha apoderado todavía de Libia.


LA CADUCIDAD DEL ISLAMISMO

No deja de ser curioso que una parte de la izquierda se haya unido de pronto al coro occidental de la “guerra contra el terrorismo” y “la barbarie criminal de Al-Qaeda”. Gadafi utilizó ese mantra para hacer un guiño a sus hasta entonces aliados al principio de la rebelión; y lo siguen usando la UE y los EEUU para impedir cambios democráticos en Siria o Yemen. Al-Qaeda puede hacer mucho daño, sin duda, a las revoluciones árabes, y por eso occidente no deja de alimentar su fantasma, pero si algo han demostrado precisamente esas mismas revoluciones es que el discurso islamista radical tiene muy poco apoyo entre los jóvenes árabes. Una encuesta del Pentágono confimaba hace algunos meses, en efecto, que Ben Laden goza del mismo crédito en el mundo árabe que los propios EEUU; es decir, bajísimo.

Es muy probable que si
hace 20 años se hubiera
dejado gobernar al
islamismo en los países
árabes (recordemos
el golpe de Estado
en Argelia contra la victoria
electoral del FIS)
hoy los árabes serían
mucho más laicos. Y es
probable también que
los islamistas acaben
gobernando en algunos
de los países donde
triunfe la democracia.
También quizás en
Libia. Pero ese islamismo
se parecerá mucho
más al del AKP turco
que al de Ben Laden.
Y, como no tendrá soluciones
para los problemas
económicos y
sociales del mundo
árabe, ni para el problema
palestino, habrá
que confiar que en
unos años los árabes
se librarán también de
él. Entre tanto, es nuestra
solidaridad, y no
nuestra suspicacia,
lo que nos demandan.

Más información:

- [La cuestión Libia->http://diagonalperiodico.org/La-cuestion-Libia.html]

- [El embrollo de la guerra en Libia->http://diagonalperiodico.org/El-embrollo-de-la-guerra-en-Libia.html]

Tags relacionados: Santiago Alba Rico Militarismo
+A Agrandar texto
+A Disminuir texto
Licencia

comentarios

3

  • |
    anónima
    |
    09/10/2011 - 11:53pm
    <p class="spip">COMO DIFERENCIAR UNA INVASIÓN DE LA OTAN DE UN MOVIMIENTO SOCIAL Luis Britto García (Enviado por Osabini)</p> <p class="spip">Algunos medios presentan la invasión de la OTAN y Estados Unidos contra Libia como un movimiento social. Para quienes no saben distinguir entre una cosa y otra, sugerimos algunas pistas: Un movimiento social mayoritario triunfa solo, y no necesita que una coalición imperialista de 42 países saqueadores invada durante más de seis meses sin poder imponerse. Un movimiento social está integrado por personas de carne y hueso, y no por víctimas imaginarias de supuestos bombardeos no confirmados por los periodistas del Telesur ni por la vigilancia satelital rusa ni por la del Pentágono. Un movimiento social surge espontáneamente del pueblo, y no de los planes del Pentágono de invasión de Libia denunciados desde 2001 por el general Wesley Clark. Un movimiento social no obtiene la protección de esa mafia de las potencias hegemónicas denominada ONU. Un movimiento social no está dirigido por monárquicos, terroristas fundamentalistas, mercenarios extranjeros ni ex ministros del gobierno al que se opone. Un movimiento social no es presentado por Barack Obama como “modelo para las relaciones internacionales” ni apoyado por el ejército de ocupación de Europa llamado OTAN. Un movimiento social no se inaugura asesinando a su propio jefe, como hizo el CNT con su primer presidente, Abdel Younis. Un movimiento social no dispone de portaaviones, acorazados, bombarderos, cohetes teledirigidos, helicópteros de combate y aviones no tripulados. Un movimiento social no desata contra sus compatriotas la estrategia de bombardeo terrorista de la población civil que inauguró la Luftwaffe nazi contra Guernika. Un movimiento social no repite ese genocidio en 20.000 misiones aéreas contra su propio país. Un movimiento social no bombardea sistemáticamente hospitales, acueductos, escuelas, residencias ni medios de comunicación. Un movimiento social no secuestra a periodistas independientes ni los expulsa para impedirles testimoniar lo que ocurre. Un movimiento social no practica el asesinato selectivo de los dirigentes de su país, ni fija recompensas de millón y medio de euros por sus cabezas. Un movimiento social no maneja bufetes, lobbys ni influencias para que la Corte Penal Internacional dicte autos de detención contra sus adversarios. Un movimiento social no causa un genocidio de 60.000 víctimas entre su propio pueblo. Un movimiento social no tiene cómplices financistas internacionales capaces de confiscar 270.000 millones de dólares de las reservas de su país. Un movimiento social no somete los recursos de su patria a la rebatiña de mandatarios y consorcios extranjeros. Un movimiento social nunca es apoyado incondicionalmente por monopolios mediáticos y transnacionales de la información. Un movimiento social no dispone de camarógrafos, escenógrafos, maquilladores, actores, vestuaristas y directores para escenificar y grabar fraudulentamente en Qatar las victorias que todavía no ha obtenido. Un movimiento social no destruye y saquea las sedes diplomáticas de países amigos. Un movimiento social no mata sistemáticamente compatriotas por tener piel oscura, como lo hacen las fuerzas de la CNT. Un movimiento social no está dirigido por Berlusconi, Sarkozy, Cameron, Merkel y Rassmussen. Un movimiento social no inicia operaciones fundando un Banco Internacional y una Compañía transnacional para entregar los recursos de su patria. Un movimiento social no es reconocido prematuramente como gobierno por las potencias imperialistas sin haber ni siquiera obtenido el control del territorio. Más fácil que diferenciar una invasión de la OTAN de un movimiento social es distinguir entre un bobo y un canalla. Un bobo ignora los hechos antes señalados. Un canalla los conoce, e insiste en que la invasión contra Libia es un movimiento social.</p>
  • |
    anónima
    |
    05/10/2011 - 7:50pm
    <p class="spip">Si a simplicidades vamos, nada más simplista que caricaturizar el conflicto como una "revolución" desarmada, legítima y bonita, que resultó pervertida ("secuestrada") a posteriori por el islamismo y el oportunismo pro-occidental.</p> <p class="spip">En realidad, las tendencias islamistas, racistas, imperialistas, etc., bullían desde un principio al interior de la revuelta (que no revolución) libia. Lo que es más: desde mucho antes de 2010, desde los años 70, cuando Kadafi se reveló como un líder nacionalista, la dialéctica inevitable del proceso de construcción de una nación (porque fue eso lo que hizo Kadafi, construir una nación) generó simultáneamente su tendencia antitética, el neocolonialismo, por décadas opuesto con ferocidad a la Jamahiriya, y que florece ahora al amparo de las bombas de la OTAN.</p> <p class="spip">Hay que considerar también la rivalidad entre tribus y regiones, añeja y muy anterior a la Jamahiriya.</p> <p class="spip">Una resolución de la ONU no hizo de Kadafi un paladín del soberanismo panafricano. Ya antes de la revolución (esa sí) de 1969, el joven coronel era admirador de Gamal Abdel Nasser, y sus enfrentamientos con Occidente comenzaron en fecha tan temprana como 1970, cuando cerró las bases militares norteamericanas y comenzó la expropiación petrolera.</p> <p class="spip">Parece ser el autor del artículo el que ha esperado a 2011 para investigar (vía CNN y Al Jazeera) algo sobre Kadafi.</p>
  • |
    anónima
    |
    05/10/2011 - 9:56am
    Lo sigue intentando a base de retórica, pero lo cierto es que no sé cómo va a salir Santiago Alba Rico del decepcionante embrollo en el que se ha metido. Decepcionante porque se supone que alguien situado en la categoría de intelectual, pensador, incluso filósofo (eso sí, en la "rama" crítica), muestre tal cortedad de miras, incluso de luces. Yo me identifico más con análisis como este (que sin duda ya habrá leído): http://www.rebelion.org/noticia.php?id=136926
  • Foto: European Council.
    Foto: European Council.
    separador

    Tienda El Salto