Ley de Dependencia: otra puerta para el negocio


La lógica empresarial se
extiende también al margen
que deja la Ley de
Dependencia en otros
aspectos como la financiación
de las futuras situaciones
en las que las personas
tengan que hacer
frente al copago de los servicios.
En este sentido se
rediseñan los recientemente

, Madrid
10/05/07 · 0:00


La lógica empresarial se
extiende también al margen
que deja la Ley de
Dependencia en otros
aspectos como la financiación
de las futuras situaciones
en las que las personas
tengan que hacer
frente al copago de los servicios.
En este sentido se
rediseñan los recientemente
creados seguros de
dependencia y se prevé
una extensión rápida de
las hipotecas inversas. El
abanico abierto por un
posible cambio cultural en
la concepción de la atención
a la dependencia y
los cuidados personales es
ya analizada en términos
de oportunidad de negocio
en los nuevos nichos de
mercado por las grandes
aseguradoras y entidades
financieras. Como señala
David Barriopedro, la ley
se aplica cuando el sector
ya está privatizado: “Abrirá
un mercado enorme,
donde va a querer meterse
gente de todo tipo. Es proyecto
de buenas intenciones,
pero vamos a ver en
qué manos se pone”.


Centros de menores: ¿cárceles privadas?

Los centros de menores
son el lugar donde más se
ha dejado sentir el proceso
de deterioro de lo social.
Numerosas organizaciones
protestaron cuando estos
centros pasaron de depender
del área de Asuntos
Sociales a ser parte del
Ministerio de Interior. En
2000 la Ley de Responsabilidad
Penal del Menor
abría la puerta a que los
reformatorios fueran gestionados
por organismos privados.
En la práctica, ello
ha llevado a que empresas
de seguridad y vigilancia
como el Grupo Eulen gestionen
directamente los
centros. Al tratarse de centros
privados, la contratación
en buena parte de los
casos responde más a la
confianza con la empresa
que a la capacitación profesional.
De este modo, se
dan casos incluso de vigilantes
de seguridad que
llegado el momento pueden
trabajar como educadores
de menores internados
en los centros. La
búsqueda del negocio ha
llevado a la instalación de
‘macrocentros’, que según
asociaciones de defensa
del menor suponen en la
práctica cárceles privadas.


Del barrio a la subcontrata

Algunos trabajadores
recuerdan cómo décadas
atrás eran las asociaciones
de vecinos o colectivos de
barrio quienes atendían
ciertas necesidades sociales.
A partir de la décadas
de los ‘80, fue la Administración
la que empezó a
hacerse cargo de las tareas.
Ahora, desde los últimos
diez años, lo social
queda cada vez más en
manos privadas. Muchos
lamentan que se ha perdido
el tejido que generaban
los servicios. “Antes había
un vínculo más directo
entre el trabajador social y
quienes recibían el servicio.
Eran vecinos, del
mismo barrio. Ahora puede
que sea alguien de otra
ciudad, que venga subcontratado
15 o 20 días y
luego vaya a otro lado”,
dice Mario, de Semilla.

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