ENTREVISTA // JORGE GALEANO, MOVIMIENTO AGRARIO POPULAR, PARAGUAY
“La mitad de la tierra está en manos de sojeros”

Los campesinos que reivindican las tierras y denuncian la venta ilegal de grandes
empresas sojeras se enfrentan a una violencia organizada.

05/06/06 · 0:00
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DESALOJO. Segunda expulsión violenta de campesinos en Tecojoja, comunidad a
la que pertenece el entrevistado, por parte de tractores sojeros./Kregg Hethrington

DIAGONAL: ¿Qué significa el
modelo de la soja para los campesinos
paraguayos?

JORGE GALEANO: Significa la
expulsión de miles de familias
campesinas, destruir los bosques,
ríos y tierras en las que vivimos,
la militarización del campo
y la criminalización del movimiento
campesino. Significa, en
definitiva, más poder para los
agronegocios y profundizar en
los desequilibrios históricos que
sufrimos...

D.: ¿En qué consiste vuestra lucha
por la tierra?

J.G.: Nuestra principal lucha es
revindicar las tierras públicas
que fueron destinadas para la reforma
agraria y que, a través de
la corrupción y la violencia, terminaron
en manos de grandes
productores de soja. Calculamos
que aproximadamente la mitad
de la soja (unos 2 millones de
hectáreas) está en esta situación.
Por una lado, empezamos procesos
legales denunciando esas
ventas ilegales y, por otro, ocupamos
esas tierras con miembros
sin tierra del Movimiento
Agrario Popular (MAP). En este
momento estamos recuperando
cuatro asentamientos. En Jata’i 2
tuvimos que sacar las máquinas
de los sojeros que estaban derribando
las casas de los campesinos
y ahora hay 32 familias asentadas
nuevamente. Las comunidades
de Toro Cangue y Caballerocué
están invadidas por la
soja y también Tekojoja, mi comunidad,
donde pese a las sentencias
judiciales a nuestro favor
se han realizado tres intentos de
desalojo a base de corrupción y
el uso de paramilitares. En el último,
arrestaron a más de 150
personas (inlcuidos niños), quemaron
56 viviendas y asesinaron
a dos compañeros.

D.: ¿Por qué hay campesinos que
acceden a vender su tierra a los
sojeros?

J.G.: En 2002 subió el precio internacional
de la soja y empezaron
a expandirse los sojeros que
provienen de Santa Rita. El costo
actual en la zona es de 390.000
guaranís por hectárea, según el
Estado, y los brasileros ofrecen
10 millones. Vienen con millones
bajo el brazo, el campesino, que
se encuentra abandonado por las
administraciones y que nunca ha
visto ese dinero junto, vende y se
va a la ciudad. Pero en la ciudad
no hay trabajo, la ‘plata’ de la
venta se acaba pronto y ya no es
como en la comunidad, en la ciudad
sin plata no hay comida, ni
agua, casa, leña... Ésa es una de
las razones por la que damos tanta
importancia a la formación,
porque si el campesino no entiende
la importancia que tiene
para él la tierra, no hay salida.
Una vez que los sojeros tienen
compradas unas pocas parcelas
dentro de una comunidad comienzan
a cultivar la soja y a fumigar;
el que está en medio ya
no puede resistir, porque se le
vienen con venenos, y al final termina
vendiendo sus tierras. Por
eso la prensa dice que nos oponemos
al desarrollo, que somos
“invasores”, “secuestradores”,
“marihuaneros”, etc.

D.: ¿Qué modelo de producción
planteáis?

J.G.: Planteamos el uso colectivo en
aquellas zonas donde recuperamos
las tierras. En Tekojoja, por cada
lote de 15 hectáreas, hay seis familias
que trabajan de forma conjunta.
Creemos que es una práctica que
nos ayuda a permanecer en pie y a
resistir a partir de la precariedad en
que nos encontramos.
En nuestra organización la base
son ‘sin tierra’, y tienen que pasar
por un cierto período de formación.
En Jata’i 2 tuvimos algunas
malas experiencias, algunos
entraron sin formación y quisieron
salir y vender sus tierras recuperadas,
por eso la condición
ahora no es sólo no tener tierra
sino ser consciente de su valor.

Siempre nos planteamos “si ahora
la tierra está a 10 millones de
guaraníes la hectárea, ¿cómo van
a acceder nuestros hijos a su propia
parcela en 10 a 20 años más?”.
Cuando destruyen tu casa dos veces,
arrasan tu cultivo, matan a
tus compañeros a la luz del día
delante de la policía, arrestan a
tus hijos, la policía y los fiscales
locales te venden por un puñado
de dólares y vives con el miedo al
ataque cualquier día... sólo puedes
sobrevivir entendiendo bien
tu situación y el valor de la tierra.

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