ANÁLISIS / LAS TRAMPAS DEL LENGUAJE ECONÓMICO
La mentira del libre mercado: el nuevo ‘socialismo para los ricos’

En la primera quincena de agosto se inyectaron 24.000 millones de dólares a los mercados en EE UU y 95.000 millones de euros a los europeos, obtenidos de los impuestos públicos. El presidente de EE UU salía a hacer declaraciones que “calmaran” la crisis en el negocio de las hipotecas de alto riesgo. Yo también pago una hipoteca. ¿Quién me va a inyectar alguna ayuda para pagar mi hipoteca? ¿Por qué a mí se me deja ‘libertad’ para pagar mi hipoteca? Si no pago me embargan mis bienes. Pero a las grandes empresas y firmas hipotecarias no se les da esta ‘libertad’. Este artículo, en una versión resumida, analiza dicha paradoja.

06/09/07 · 0:00
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Dibujo:PABLO PINO

Se dice popularmente que
cuando debes un millón al
banco, tienes un problema;
pero que cuando debes cien
millones, es el banco quien tiene un
problema. Ésta es, en esencia, la clave
que revela cómo funciona el mal
llamado ‘libre mercado’. Porque no
hay tal libre mercado. Es una falacia
que, a base de oírla, repetida una y
otra vez por determinados políticos y
medios de comunicación, nos la hemos
creído ingenuamente.

Cuando ‘los mercados’ tienen problemas,
como los primeros días de
agosto de 2007, no se les deja que ‘libremente’
los solucionen, como
cuando tienen grandes beneficios y
entonces sí que se reparten los dividendos
‘libremente’. Cuando se produce
una crisis en los ‘mercados’ (eufemismo
para designar a las grandes
corporaciones multinacionales) aparecen
las instituciones públicas que,
con nuestros impuestos, inyectan
enormes sumas de dinero para mantener
su liquidez y los políticos más
señalados y los dirigentes de esas
instituciones hacen declaraciones
públicas para calmar y serenar la crisis.
¿Por qué no salen cuando hay
despidos masivos por parte de esos
mercados? ¿Por qué no utilizan nuestros
impuestos para solucionar los
problemas que nos causan a los trabajadores
y trabajadoras esos mercados
que se ‘deslocalizan’ a países
donde las condiciones laborales son
todavía más degradantes?

Como ya advertía Kenneth Galbraith
(1992) “cuando se trata de los
empobrecidos, la ayuda y el subsidio
del Gobierno resultan sumamente
sospechosos en cuanto a su
necesidad y a la eficacia de su administración
a causa de sus efectos
adversos sobre la moral y el espíritu
de trabajo. Esto no reza, sin embargo,
en el caso del apoyo público a
quienes gozan de un relativo bienestar.
No se considera que perjudique
al ciudadano el que se salve
de la quiebra a un banco. Los relativamente
opulentos pueden soportar
los efectos morales adversos de
los subsidios y ayudas del Gobierno;
pero los pobres no”. Por eso molesta
tanto en Occidente que Venezuela
destine el dinero público para
los más empobrecidos y que se ‘despilfarre’
el dinero con las personas
necesitadas, en vez de ‘invertirlo’
en las compañías trasnacionales
que generarían más beneficios...,
para los de siempre, claro.

Un dogma matizable

No hay ‘mercados libres’, salvo en la
economía imaginaria. Cuando algunos
políticos y medios hablan de libertad
de mercados lo que menos
existe son mercados libres, ya que
todos los mercados son intervenidos,
controlados, de tal forma que cuando
se habla de libertad de mercado
lo que se está diciendo es que no los
controle el poder político, el sector
público, sino que los controlen unas
cuantas multinacionales, o los grandes
centros de poder económico.

De hecho, esa supuesta devoción
por el laissez faire, por el dogma del
‘libre mercado’, por este nuevo fanatismo
religioso, desaparece cuando
los intereses de los beneficiarios de
la globalización se hallan en peligro.
No sólo con la protección de las grandes
compañías financieras cuando
aparece una crisis, sino en todos los
ámbitos: nos encontramos con políticas
proteccionistas para los productos
agrícolas y textiles, con subvenciones
públicas a las empresas que
han cometido errores desastrosos
para evitar su quiebra y el despido de
cientos de trabajadores y trabajadoras
y con políticas militares de financiación
a empresas de armamento.
En todos estos casos se ha olvidado
el libre mercado.

Indagando en esta “teoría del libre
mercado que realmente existe”, un
extenso estudio sobre las corporaciones
transnacionales de Ruigrock
y Van Tulder (1995) descubrió que
“prácticamente todas las mayores firmas
mundiales habían conocido una
decisiva influencia de las políticas estatales
y/o de las barreras comerciales
sobre sus estrategias y posiciones
competitivas”, y que por lo menos el
20% de las que aparecen en el ranking
de la revista Fortune, no habrían
ni sobrevivido como sociedades
independientes de no haber sido salvadas
por sus respectivos gobiernos,
socializando las pérdidas, es decir,
haciéndose cargo de ellas el Estado
cuando tuvieron problemas.

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