CUMBRE // LA LUCHA POR EL CONSEJO DE SEGURIDAD
La imposible reforma de la ONU

El secretario general de la Organización de Naciones
Unidas, Kofi Annan, presentó en marzo su propuesta
para reformar la institución internacional. Ahora los
Estados miembros tendrán que llegar a un acuerdo.

06/06/06 · 21:29
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HAITÍ ‘EN PAZ’. La misión de la ONU en la isla está acusada de complicidad con la
Policía Nacional de Haití en la violación sistemática de los derechos humanos. En la
foto, un marine norteamericano, la avanzadilla de la intervención de la ONU.

Dos años antes de que Annan ocupara
la secretaría general, Max
Jakobson, representante de Finlandia
ante la ONU entre 1965 y
1972, aseguraba: “el Consejo de
Seguridad debería rehacerse, la institución
tiene que renovarse”. Poco
menos que una década ha transcurrido
hasta que se han escuchado
las peticiones de aquellos que pedían
rehacer la organización.

En el 60º aniversario de la ONU,
sus más de 170 países miembros
deben pronunciarse sobre la proposición
de “gran reforma” que
Kofi Annan ha titulado “Un concepto
más amplio de libertad”. Los
cambios son necesarios para una
organización cuyo “prestigio está
en decadencia” y necesita “plantar
cara a los desafíos de nuestro mundo”,
como reconocía Annan en
marzo.

Hay quienes recibieron bien la
propuesta. “Francamente es una
verdadera revolución”, aseguraba
un diplomático de la ONU poco
después darse a conocer el informe
que guiará el cambio institucional.
Sin embargo, estudiosos de la organización
como la politóloga francesa
Béatrice Pouligny no creen en
las reformas estructurales propuestas
que algunos consideran revolucionarias.
Según Pouligny, lo que
necesita la ONU es “una revolución
moral, un mínimo de valor por parte
de los estados miembros”. Ellos
decidirán sobre los cambios que están
en la mesa de negociación, primero,
pronunciándose a favor o en
contra en la Asamblea General, y
luego haciendo lo propio el Consejo
de Seguridad.

Sin embargo, el debate desatado
ante la propuesta de reforma
del Consejo de Seguridad, el organismo
clave de la ONU encargado
de mantener la paz y la seguridad
mundial, ha provocado más división
que acuerdo. En ese punto, la
negociación gira en torno a la forma
de ampliar a 24 el número de
países que integran el actual consejo
de 15 miembros. El texto de
Annan propone dos opciones de
reforma: integrar seis nuevos
miembros permanentes -ahora lo
son EE UU, Reino Unido, Francia,
Rusia y China- y tres no permanentes
o que se sumen a los actuales
15 otros nueve países en calidad
de no permanentes.

Pero al paso de esta propuesta
han salido otras que dificultarán la
aplicación de la reforma del secretario
general. Los miembros del
G-4, Brasil, Alemania, India y Japón,
presionan desde hace dos meses
para que se les adjudique a los
cuatro un puesto permanente con
derecho a veto una vez transcurrido
un período de tiempo de 15 años.
Su propuesta también establece
con el mismo estatus a dos países
africanos, mientras que sólo cuatro
plazas del consejo serían rotatorias.
A ello se oponen de forma férrea un
grupo de 20 países liderado por
Italia, México y Pakistán. Éstos
ofrecen como contrapartida una
ampliación de 10 miembros, todos
no permanentes.

Los 53 estados miembros de la
Unión Africana, el mayor grupo regional
que se da cita en la ONU,
también han pedido que en el nuevo
Consejo de Seguridad haya 10
miembros más, donde cuatro plazas
sean para los no permanentes y
las otras seis sean para permanentes
con derecho a veto. El politólogo
camerunés Jan-Emmanuel Pondi
reconoce que la posición africana
se debe a la voluntad del continente
negro a decidir por sí mismo.
“El problema no es sólo pertenecer
al Consejo de Seguridad sino poder
actuar en él y, como África es el centro
de una gran cantidad de litigios,
para los africanos es muy importante
poder dar su opinión en la resolución
de los mismos”, asegura.

Frente a todas estas exigencias,
el representante de EE UU ante la
ONU, John Bolton, otra figura del
neoconservadurismo elegida recientemente
a dedo por George W.
Bush, no quiere “revoluciones” en
el tan debatido órgano de decisión.
De ahí las 750 enmiendas que ha
llegado a presentar al texto de 36
páginas propuesto por Annan. La
especialista en diálogo transatlántico,
Soeren Kern, cree que esta actitud
constituye una señal entre un
conjunto de “indicios que sugieren
que EE UU, China y Rusia se contentarían
con preservar el statu quo
en el Consejo de Seguridad”.

Por todo lo anterior, la reforma
del Consejo será, si no exigua, insuficiente
para poner fin al tan denunciado
carácter “aristocrático y oligárquico”
del Consejo puesto de relieve
estos días por diferentes expertos
en derecho internacional. En
el mejor de los casos, la repercusión
de los cambios será igual a la
última ampliación de este órgano
que pasó de seis a 10 miembros no
permanentes a mediados de los ‘60.

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