SE CRITICÓ LA POLÍTICA NEOLIBERAL DE JOSÉ SÓCRATES
La huelga general en Portugal no logra sus objetivos

Pese a las razones para salir a la calle, el paro tuvo poco
seguimiento. El autor, activista de los movimientos sociales
portugueses, analiza algunos de los motivos.

07/06/07 · 0:00
Edición impresa



La huelga general del pasado
30 de mayo ha fracasado.
La escasa participación
ciudadana ha hecho
sucumbir los objetivos inmediatos
de presionar al Gobierno para
cambiar el rumbo neoliberal. A pesar
de las estimaciones manipuladas
del Ejecutivo, que calculó la
acogida en un 13% (entre el 70% y
el 80%, según los principales sindicatos),
la huelga y sus motivaciones
no supieron dinamizar a los
trabajadores en esta jornada.

¿Será que los portugueses se
sienten cómodos con las políticas
del Ejecutivo de Sócrates? Existen
razones de peso para dudar de esta
interpretación. Es necesario
comprender las condiciones iniciales
en las que fue emplazada la
huelga. La CGTP la ha convocado
en solitario (sin el apoyo de la UGT
y de la mayoría de los sindicatos
independientes) y hoy en día su poder
de movilización es mucho menor
que en los años ‘70 y ‘80.
Asimismo, las propias condiciones
sociales de los trabajadores
ofrecen escasas posibilidades de
participación porque los sindicatos
en Portugal carecen de fondos
para compensar a quienes pierden
el sueldo el día de la huelga.
Además, la precariedad laboral
aumenta y es comprensible que
ciudadanos con contratos temporales
o vínculos flojos con la empresa
no puedan asumir el riesgo
de perder el empleo. Un problema
que se ve agravado porque los
trabajadores subcontratados y
temporales no se sienten identificados
con los sindicatos, aunque
sean quienes necesiten con mayor
urgencia cambios en las políticas
gubernamentales.

Las estimaciones excesivamente
optimistas de la élite sindical no
ocultan la crisis que vive el movimiento
gremial. No obstante, el
problema es internacional y se presenta
más grave porque no existen
respuestas globales para las nuevas
formas de explotación. La asimilación
de los nuevos paradigmas
laborales -empleo temporal, vínculos
precarios...- ha tardado en
empapar el discurso y todavía permanece
lejos de la práctica sindical,
que mantiene sus críticas coyunturales
y ha abandonado hace
tiempo sus posiciones estructurales
en economía política.

El Gobierno ‘socialista’ continuará
su política. Derechos fundamentales
son atacados sin que se
presente oposición. El Ejecutivo de
Sócrates adopta los mismos cambios
que fueron la bandera de la
derecha “democrática”. Se eliminan
los derechos a una jubilación
en tiempo útil, se privatiza gradualmente
la educación y la sanidad
con aumento en las tasas de enseñanza
y se privatiza la gestión hospitalaria.
La patronal exige despidos
más elásticos, y el Gobierno
asume el modelo y lo aplica de forma
indistinta en la Administración
pública, donde él es el patrón.

Es incuestionable que la huelga
general del día 30 de mayo fue un
fracaso porque no conseguirá perturbar
el contexto laboral actual.
Un sector de la sociedad afirma
que ha faltado una condición subjetiva
que movilizase a la población,
porque razones objetivas
hay infinitas y son inmutables: las
clases medias y bajas continúan
sufriendo tras el liberalismo agresivo
del Gobierno portugués. En
todo caso, resulta una modernidad
incomprensible ésta que elimina
derechos y recoloca a todos
los trabajadores en una situación
de impotencia ante el capitalismo
salvaje. Una modernidad que recuerda
demasiado al pasado.

Tags relacionados: Huelga general Precariedad
+A Agrandar texto
+A Disminuir texto
Licencia

comentarios

0

separador

Tienda El Salto