La hipocresía del FMI y el Banco Mundial

El Banco Mundial y el Fondo
Monetario Internacional, a
pesar de la decreciente
atención que reciben en
nuestro país (lamentablemente tanto
de los medios como de ONG y movimientos
sociales) siguen siendo
dos de las instituciones más poderosas
del planeta. Dos temas han
destacado entre los acuerdos de las
reuniones: la nueva estrategia del
Banco Mundial sobre gobernanza y
anti corrupción, y la pseudo-reforma
en el reparto de votos del FMI. En
ambos temas, la hipocresía ha sido

12/10/06 · 19:43
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El Banco Mundial y el Fondo
Monetario Internacional, a
pesar de la decreciente
atención que reciben en
nuestro país (lamentablemente tanto
de los medios como de ONG y movimientos
sociales) siguen siendo
dos de las instituciones más poderosas
del planeta. Dos temas han
destacado entre los acuerdos de las
reuniones: la nueva estrategia del
Banco Mundial sobre gobernanza y
anti corrupción, y la pseudo-reforma
en el reparto de votos del FMI. En
ambos temas, la hipocresía ha sido
la protagonista.

Desde que hace año y medio Paul
Wolfovitz asumiera la presidencia
del BM, la lucha contra la corrupción
se ha convertido en su obsesión. En
el último año el BM ha suspendido
más de mil millones de dólares en
varios proyectos en África y Asia por
denuncias de corrupción. Sin embargo,
el BM parece responsabilizar tan
sólo a los gobiernos del Sur, exculpando
totalmente a las empresas
transnacionales del fomento de la
corrupción. Hace tan sólo unas semanas
se supo que el BM había ofrecido
amnistía y confidencialidad a
todas aquellas empresas que admitiesen
haber estado implicadas en
casos de corrupción (el BM no puede
contratar a aquellas empresas
que sean halladas culpables de corrupción),
¿quizá las intenten salvar
de la lista negra? Por otro lado, el BM
y el FMI no han tenido problemas en
financiar regímenes corruptos como
el de Mobutu en Zaire, Pinochet en
Chile, Suharto en Indonesia o
Marcos en Filipinas... ¿qué hay de
asumir los propios errores?
En cuanto a la reforma de votos
del FMI, Rodrigo Rato, director gerente
del Fondo, la ha vendido como
un gran paso hacia una mayor
democratización de la institución.

Nada más lejos de la realidad. La reforma
adoptada simplemente da
más poder a cuatro países (China,
México, Turquía y Corea del Sur) y
prevé que antes de fin de 2008 se doblen
los votos básicos de todos los
países y se busque una nueva fórmula
para calcular el reparto de poder
en el FMI. El resultado es que,
en caso de que se lleguen a implementar
las tres medidas, los países
ricos verán reducido su poder, pasando
del 60% al 59% de los votos,
mientras que todos los países africanos
juntos pueden llegar a pasar
del ínfimo 0,5% de votos actuales a
un 6,5% en un futuro. Es evidente
que la reforma no supone cambio
alguno en la enorme desigualdad de
reparto de poder del FMI.

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