ANÁLISIS // AGENDA 21 ¿UN PLAN DE ACCIÓN PARA EL DESARROLLO SOSTENIBLE?
La guía olvidada en el cajón

Las Agendas 21 locales son consideradas por muchos
como un espacio participativo en donde se
pueden diseñar políticas y planes de acción para
el desarrollo sostenible, a través de un diagnóstico
inicial y el desarrollo de planes de acción en
las facetas social, ambiental y económica. Sin
embargo, aspectos tales como la financiación local,
la ausencia de toma de decisiones sustantivas
por parte de la ciudadanía o la persistencia de la
lógica desarrollista dificultan las posibilidades de
las Agendas 21 locales para ser una opción real
de cambio.

23/06/06 · 15:47
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POCOS AVANCES. Desde su creación en la cumbre de Rio (1992), la Agenda 21 sigue poco desarrollada globalmente.

Posiblemente estemos teniendo
el privilegio histórico
de asistir a los últimos
coletazos del desarrollo como
paradigma ideológico dominante
al ser incapaz de dar respuesta a
las crisis social y ambiental. La creciente
concentración de riqueza entre
países y en el interior de los mismos,
como demuestra año tras año
el Informe sobre Desarrollo Humano
del PNUD, hace evidente la
profundización de la crisis en términos
de justicia social. Indudablemente
el mundo se está desarrollando...
pero en direcciones opuestas.

Han pasado 13 años desde la
Cumbre de Rio de Janeiro de 1992
y la aplicación del Programa 21 no
ha sido la esperada. Kofi Annan manifestó
justo antes de la cumbre de
Johannesburgo (Río+10): “era un
buen plan, pero su aplicación ha sido
débil”. Especialmente ante los
26.000 folios de la Ronda de Uruguay
que en 1994 contradecían las
propuestas de la Agenda 21.

No todo fue inútil

Para muchos, sin embargo, no
todo lo pretendido en el Programa
21 ha caído en saco roto. En
su capítulo 28 se hace un llamamiento
a todas las comunidades
locales para que creen su propia
Agenda 21 Local, recogiendo los
objetivos generales y traduciéndolos
en planes concretos para
un territorio. En 2003, en torno a
720 municipios del Estado español
habían asumido implantar la
Agenda 21 Local.

El capítulo 28 antes mencionado
hace referencia a que “mediante
la celebración de consultas
y la promoción de un consenso,
las autoridades locales recibirán
aportes de la ciudadanía y las organizaciones
cívicas, empresariales
e industriales locales” para
formular las mejores estrategias
en la consecución de un desarrollo
sostenible local. Sobre el papel,
la Agenda Local 21 albergaba
así un germen de cambio real.
Se abría una puerta a una reforma
de planificación construida a
partir de argumentos para la democracia
directa y la toma de decisiones
sustantivas por parte de
la sociedad civil.

Pero la realidad ha sido otra.
En la mayoría de los procesos de
Agenda Local 21 del Estado español
se denomina participación a
cualquier consulta, lo que acaba
sirviendo para enmascarar la toma
de decisiones políticas y técnicas.
Otras veces se convierten
en meros estudios técnicos o de
consultoría realizados desde un
gabinete.

A menudo también la participación
se encuentra con dificultades
para conciliar los diferentes intereses
en áreas de conflicto tales
como energía, suelo, emisiones,
conservación de biodiversidad,
producción o consumo sostenibles.
El cambio requiere ganadores y
perdedores y muchas Agendas Locales
21 acotan las posibilidades
de cambio para recoger únicamente
asuntos en donde hay un éxito
cooperativo.

Pero la gran dificultad a la que
las Agendas Locales 21 tienen que
hacer frente para ser una alternativa
real de cambio es la de trascender
al concepto de desarrollo sostenible.
En el proceso de diagnóstico
y elaboración del plan de acción,
quien esté a favor de más suelo para
construir, más energía y un
aumento de poder adquisitivo para
la comunidad se encontrará en
contradicción con quien defienda
la protección del medio ambiente y
el concepto de suficiencia.

Asimismo, el partidario de recortes
en el uso de energía, del
transporte o de una disminución
de la agricultura intensiva estará
enfrentado a aquellos que quieren
seguir disfrutando de los frutos
del progreso.

Parece evidente que la base
sobre la que se asienta el dilema
es la concepción de desarrollo y la
solución se encuentra en descolonizar
nuestras mentes de ese paradigma
para caminar hacia un
modelo que no requiera crecimiento
permanente, más humanista
y menos homocéntrico. Sólo
si las Agendas 21 se plantean como
una alternativa al desarrollo
lograrán dar solución a la crisis
social y ambiental generada por
este concepto.

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