De la ETT a la flexiseguridad

Corría el año 1994 y la crisis
golpeaba con fuerza.
Era ministro de Economía
un tal Pedro Solbes y
algo había que hacer para recuperar
las tasas de beneficio privado.
La primera idea, como siempre,
fue modificar la regulación de la
relación laboral.

29/05/08 · 0:00
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Corría el año 1994 y la crisis
golpeaba con fuerza.
Era ministro de Economía
un tal Pedro Solbes y
algo había que hacer para recuperar
las tasas de beneficio privado.
La primera idea, como siempre,
fue modificar la regulación de la
relación laboral.

La modificación fue profunda:
nuevas formas de despido (el despido
objetivo, con indemnización y
exigencias de justificación menores,
y que hoy día es el que más se realiza);
legalización de las funestas
Empresas de Trabajo Temporal (que
ahora quieren sustituir al INEM); reforma
de los contratos formativos
(reduciendo el tiempo de formación
teórica y el salario, que pasó a poder
ser menor que el SMI); desregulación
de las condiciones de trabajo
(movilidad funcional y geográfica,
jornada, vacaciones, descansos…);
modificación de la contratación
a tiempo parcial (eliminando
la exigencia de que la misma conllevase
una reducción horaria determinada
con respecto al contrato
a tiempo completo, reduciendo su
protección social) con especial incidencia
sobre el trabajo femenino, al
que se quiere dedicar este tipo contractual
y que también es especialmente
sensible a las modificaciones
en jornada, horarios, etc. Cerca de
la mitad del Estatuto de los Trabajadores
fue ‘tocado’ en una línea general
de flexibilización y desregulación
crecientes de la relación laboral.

Todo ello representó más poder
para el empresariado, capaz de establecer
su dictadura sin contestación
en el lugar de trabajo, así como
la profundización en un modelo
productivo basado en costes salariales
bajos y especulación. En el
año 1995, se afirma, hubo dos millones
de rescisiones de contrato.
La crisis ha vuelto. Arrecian los
asaltos de quienes quieren modificar
el mercado laboral para ponerle
remedio. El ministro de Economía
es un tal Pedro Solbes. Y ahora se
nos habla de flexiguridad (o flexiseguridad,
según guste). Un nuevo
nombre para una vieja idea: flexibilizar
la relación laboral, hacerla más
maleable para el empresariado, es
la consigna principal. De la seguridad,
ya hablaremos, nunca se la define
demasiado. Lo fundamental de
la flexiguridad es eliminar las “rigideces”
del mercado de trabajo “favoreciendo
las transiciones entre
un empleo y otro”, así como la “flexibilidad
interna” de las empresas.

La rotación en el empleo convertida
en norma. El vórtice neoliberal y capitalista
que arrastra a nuestro
mundo a sus crisis recurrentes
siempre encuentra la misma solución:
que las crisis las paguen los
trabajadores y las trabajadoras.
Mientras se dejen, claro.

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