CAMBIO CLIMÁTICO: LA DESERTIFICACIÓN PODRÍA GENERAR 50 MILLONES DE DESPLAZADOS
La Conferencia de la ONU contra la desertificación vuelve a fracasar

El 14 septiembre se
clausuraba la octava
Conferencia de las
Naciones Unidas contra la
desertización, un grave
problema relacionado con
el cambio climático al que
no se presta la atención
que merece.

20/09/07 · 19:57
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La desertificación afecta a casi la
cuarta parte de los suelos del planeta
y a una sexta parte de la población
mundial. Aunque África es el
continente más afectado por el problema,
las sequías y los incendios
que han azotado, por ejemplo, el sur
del continente europeo, nos demuestran
que se trata de un problema
a nivel mundial.

España sufrió en 2005 la peor sequía
en 60 años y se ha constatado
que, por lo menos, un tercio del país
se encuentra en riesgo alto o muy
alto de convertirse en desierto. Un
informe presentado en junio por la
Universidad de las Naciones Unidas
advierte de que con el cambio
climático la desertificación se está
convirtiendo en “el mayor reto medioambiental
de nuestro tiempo”.
El mismo informe avisaba de que si
no se ponen en marcha iniciativas
para hacer frente a la amenaza que
se cierne sobre los modos de vida
rurales, cerca de 50 millones de
personas podrían migrar en los
próximos diez años.

En su octava edición, la Conferencia
de las Partes de la Convención
de Naciones Unidas Contra la
Desertificación (COP8) ha confirmado
la advertencia que varias organizaciones
ecologistas y ONG venían
haciendo: “Una Convención
sin acción causa desertificación”.
Exceso de burocratización, secretismo
de algunos de sus órganos y
escasa repercusión práctica a nivel
local son las quejas que, después de
la primera semana de debate, esgrimían
muchos delegados y organizaciones
presentes.

George Bright Awudi, uno de los
191 delegados y representante de
Amigos de la Tierra en Ghana, criticó
que “el Comité de Ciencia y Tecnología
se creó para generar información
científica sobre la situación
de desertificación en distintas partes
del planeta. Esta información
tiene que venir procesada. Pero esta
segunda parte parece que ha sido
olvidada”.

La ministra de Medio Ambiente,
Cristina Narbona, por su parte, llamó
la atención a los delegados presentes
para que la COP8 se abra al
mundo de las ONG y, en general, de
la sociedad civil, haciendo así suyos
algunos de los temas auspiciados
por la red de ONG presentes.
“Tenemos miedo de que la Convención
contra la Desertificación
represente, una vez más, la Convención
más pobre”, advirtió G. B. Awudi:
“La Convención sobre Diversidad
Biológica está directamente
relacionada con empresas ligadas a
los derechos de propiedad intelectual;
en la Convención sobre el
Cambio Climático, los intereses de
las impresas privadas se centran en
el mercado energético. Esta convención,
en cambio, está relacionada
con los recursos ofrecidos por las
comunidades locales para el desarrollo
de la calidad de vida del
país. Esto es un asunto de igualdad,
no tan interesante y provechoso en
términos políticos y económicos...
Pero los esfuerzos realizados hasta
ahora devendrán inútiles si no se
pasa a la acción”.


KOKO WARNER, EXPERTA DEL INSTITUTE FOR ENVIRONMENT AND HUMAN SECURITY

“Las compañías de seguros, en el Katrina, sólo cubrieron a la gente rica”

R.C.

DIAGONAL: ¿Cómo interactúa
la economía con las catástrofes
naturales?

KOKO WARNER: Depende de
si nos situamos en un plano
macroeconómico o si nos quedamos
en un nivel local. Si el
nivel de deterioro medio
ambiental es muy amplio, las
naciones pueden recurrir a las
ayudas internacionales, aunque
éste es un recurso extremadamente
caprichoso:
muchas veces depende de la
cobertura mediática. Por ejemplo,
en el tsunami de 2004
hubo un imponente despliegue
internacional, mientras
que para el terremoto de
Pakistán de 2005, a pesar de
la masiva cobertura mediática
no hubo una correspondencia
en términos de ayudas. Los
gobiernos tienen que hacer
frente por sí solos a las catástrofes
de pequeño tamaño,
teniendo que desviar fondos
de dinero público.

D.: ¿Cuál es la función de las
compañías en catástrofes
como el Katrina?

K.W.: El caso de los seguros
es muy interesante. En EE UU
hubo durante muchos años un
servicio de seguros público
para las viviendas. En muchos
sitios en el mundo es la gente
pobre la que vive en la costa,
en los EE UU si tienes una
casa en la playa significa que
estás forrado de dinero. Cuando
el huracán Katrina arrasó el
litoral de Florida los seguros
amortizaron casi exclusivamente
a gente pudiente para la
reconstrucción de sus mansiones.
Un claro ejemplo de contradicción
en el terreno de la
equidad social.

D.: ¿Qué políticas se tienen
que articular frente a la degradación
medioambiental?

K.W.: Es bastante complicado,
pero tenemos que poner en
marcha políticas en un plano
familiar y colectivo. Algunos
países como Brasil, China o
Egipto ponen en marcha políticas
de migración interna. Hace
un par de décadas, Egipto
impulsó un plan de colonización
de áreas desérticas con
el propósito de llevar la vida
donde no había. Parecía una
política positiva, pero después
de veinte años todos los depósitos
de agua se secaron o se
mezclaron con agua salada y
toda esa gente tuvo que emigrar
de nuevo.

Para poder efectuar intervenciones
económicas de gran
envergadura en el medio
ambiente hay que ir con
mucho cuidado y basándose
sobre estudios preliminares.
Se trata de intervenciones
complicadas y, normalmente,
los políticos se quedan para
cuatro o cinco años.

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