LOS INTERESES FINANCIEROS DEL JEFE DE ESTADO SE HAN VISTO ENVUELTOS EN NUMEROSAS IRREGULARIDADES
Juan Carlos I, un as de los negocios

Los negocios del rey, así como su relación ‘carnal’ con la clase empresaria, contrasta con la figura real mediática de “el rey de todos los españoles”.

22/04/06 · 13:30
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Con inmunidad penal ante cualquier
delito y sobreprotegido como una delicada
planta de invernadero, se han
publicado muy pocas cosas con un
mínimo de objetividad sobre el monarca
y sobre sus actuaciones políticas.

En el artículo 490.3 del Código
Penal se puede leer: “el que calumniare
o injuriare al Rey (...), será castigado
con la pena de prisión de seis
meses a dos años si la calumnia o injuria
fueran graves, y con la de multa
de seis a doce meses si no lo son”.
Esto generó procesos por injurias
al rey en varias ocasiones. Los
artículos y un dibujo de Jesús Zulets
llevaron a la revista El Cocodrilo
al banquillo en 1987. También
Javier Madrazo tuvo que vérselas
con la justicia por decir: “ya que le
pagamos policías, yates, viajes a esquiar
y a montar a caballo, no habría
estado de más que, por una vez
abandonase sus ocupaciones y
compartiese con la sociedad su preocupación
por la guerra de Iraq”; o
Arnaldo Otegi, por referirse al rey
como el “jefe de los torturadores”,
así como Soziedad Alkohólica,
Eskorbuto o Manolo Kabezabolo
por el contenido de sus canciones.
A pesar del silencio mediático, la
figura del rey dista mucho de ser incuestionable:
desde su falta de legitimidad
democrática a la construcción
de su importante fortuna personal,
pasando por una nunca bien aclarada
actuación en el 23-F, el rey nunca
ha tenido que rendir cuentas de sus
acciones. La intermediación del rey
en los intereses de las multinacionales
españolas y de las cúpulas de la
CEOE han marcado su labor como
máximo representante del Estado en
el exterior. Numerosos medios latinoamericanos
no han dejado de denunciar
sus actuaciones en beneficio
del Santander Central Hispano o de
Repsol en Argentina, ante la ofensiva
española por hacerse con YPF.
Al mismo tiempo que la popularidad
de la monarquía desciende
en los sondeos, un nuevo movimiento
republicano emerge con
fuerza al cumplirse los 75 años de
la proclamación de la II República.

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