ANÁLISIS: ¿QUIÉN GANA CON LA CRISIS DE LA DEUDA SOBERANA EUROPEA
Irlanda, la deuda y el Banco Central

El chantaje del Banco
Central Europeo para el
rescate de Irlanda pone
en primer plano la lucha
de clases que abre esta
nueva etapa de la crisis.

15/12/10 · 6:06
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Hace unos años, la
República de Irlanda era
el modelo y el ejemplo a
seguir dentro del paradigma
neoliberal. Era uno de los referentes,
junto con España, de la
“nueva economía europea”. Presumía
de sus elevadas tasas de crecimiento
y su bajo desempleo. Los
salarios reales habían crecido y su
baja fiscalidad directa parecía suficiente
para mantener en equilibrio
(incluso en superávit) el presupuesto
público. Un presupuesto cuyos
ingresos se basaban, sobre todo, en
la imposición indirecta y, particularmente,
en los impuestos sobre
las transacciones inmobiliarias.
Irlanda rebajó el impuesto de sociedades
hasta situarlo en la mitad
de la media de la Unión Europea.

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Foto: Sonia Luna.

Como consecuencia, se convirtió
en la principal base de operaciones
para las inversiones norteamericanas
directas en la Unión Europea
(llegó a concentrar el 25% de
este tipo de inversiones).
No es producto de la casualidad,
pues, que Irlanda haya sido la segunda
víctima de la crisis presupuestaria
europea, como no lo es
tampoco en el caso de los otros países
en dificultades presupuestarias:
Portugal, Irlanda, Grecia y
España (los llamados países PIGS)
eran los países con fiscalidad más
débil (con la más baja presión fiscal
directa) dentro de la Unión
Europea. En el caso de Irlanda y
España, el crecimiento especulativo
basado en la burbuja financiera
creó, incluso, la ilusión de la autosuficiencia
y el rigor fiscal. Pero
era solo un espejismo: la crisis puso
al descubierto rápidamente la
impotencia fiscal en la que ellos
mismos se habían colocado.

El sector inmobiliario había experimentado
un enorme crecimiento,
alimentado por una gran
expansión del crédito hipotecario
ligado a la especulación financiera.
El sector financiero era otro de
los pilares del crecimiento irlandés.
Un sector financiero, escasamente
regulado, que se convirtió
también en una base de operaciones
privilegiada para los fondos de
la especulación financiera mundial.
El Anglo-Irish Bank era la joya
de ese sistema financiero.
Efectivamente, Irlanda es un
ejemplo. Es un ejemplo extremo
de ese modelo evolucionado de capitalismo
financiero (la fase superior
del capitalismo) y de sus consecuencias
devastadoras sobre los
trabajadores y las clases medias en
momentos de crisis.

Pero Irlanda es algo más. En la
crisis de la deuda de Irlanda se
representan, a escala, todos los rasgos
de la crisis económico-financiera
de la Unión Europea y se manifiestan,
de la forma más directa y
más cruda, los rasgos esenciales y
el verdadero papel de las instituciones
económicas europeas, cuyo máximo
representante es el Banco
Central Europeo (BCE).

La falta de soberanía monetaria y
la insuficiencia fiscal autoimpuesta
(aún hoy las autoridades irlandesas
proclaman su negativa a cualquier
aumento futuro de los impuestos directos,
incluido el de sociedades)
han colocado a la deuda (igual que
en el caso español) en el centro del
problema presupuestario irlandés.
Un problema presupuestario agravado
porque el Estado irlandés, una
vez consumado el rescate bancario
por el BCE asumió, de forma complementaria,
la garantía absoluta de
las inversiones financieras en los
bancos irlandeses.

El Anglo Irish se ha convertido en
un pozo sin fondo para el gasto público
irlandés. Pero eso no explica,
por sí solo, el hundimiento de la
deuda de Irlanda en los mercados.
En condiciones normales, la deuda
de cualquier país de la Unión
Europea (incluso la de los más débiles)
debería ser un activo sólido con
la garantía de un Estado y un Banco
Central dispuestos a defenderla.
Ello nos lleva a la siguiente
cuestión: ¿quién gana con la crisis
de la deuda soberana europea?.
En primer lugar, ganan los especuladores.

Eso que se llama de forma
genérica los mercados financieros
tiene nombre y apellidos:
son los dueños del capital financiero,
cuyos intereses fueros rescatados
por el BCE fabricando
dinero público y cuyas inversiones
en el Anglo son garantizadas por
los euros del Estado irlandés.
Esos especuladores siguen interviniendo
con total libertad en los
mercados financieros europeos, a
través de sus fondos de capital-riesgo
cuyas ganancias se localizan en
paraísos fiscales, apostando a la baja
sobre la deuda de los países en
crisis con el objetivo de comprar
mañana más barato lo que hoy se
vende más caro incluso sin tenerlo
(es lo que se llama apostar a la baja
en posiciones cortas). Pero ganan,
también, los representantes del capital
financiero cuyo máximo exponente
es el Banco Central Europeo.

Es la hora de hablar claro: el BCE
no representa los intereses públicos
en la Unión Europea. No es el banco
de la Unión ni el Banco de los
Estados, es el Banco de los Bancos.
El BCE es, simple y llanamente,
el máximo órgano dirigente del capital
financiero europeo. Un organismo
no elegido democráticamente
ni responsable ante los ciudadanos
cuya finalidad consiste, en primer
lugar, en utilizar el monopolio
de la creación de dinero público para
solucionar los problemas del capital
financiero privado.

Pero en la crisis de la deuda el
BCE y la instituciones europeas están
haciendo algo más: al maniatar
y abandonar a los países en dificultades
financieras, mientras siguen
facilitando liquidez a los especuladores,
están actuando como el martillo
ejecutor que golpea sobre las
clases trabajadoras, y la ciudadanía
en general, al servicio de los intereses
de los más ricos.

El mensaje es claro: si no queréis
hundiros en la bancarrota necesitáis
nuestra ayuda, pero solo os la
daremos si aceptáis nuestros planes
de austeridad. A partir de ahora,
vuestro presupuesto lo haremos
nosotros: recortaremos el gasto social,
despediremos y externalizaremos
a los trabajadores públicos, rebajaremos
los salarios públicos y
privados y, si hace falta, se modificarán
las leyes necesarias para ello.
¿Les suena de algo esto? Pues sí:
esta forma de chantaje representa
la versión actualizada de la lucha de
clases. Irlanda ha sido, después de
Grecia, el segundo asalto. El decisivo
será, tal vez incluso antes que
Portugal, el de España. Ahí se jugará
el futuro de la Europa Social para
las próximas décadas.

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Foto: Sonia Luna.
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