ANÁLISIS // UN ENFRENTAMIENTO FOMENTADO
Iraq: ¿de guerra de liberación a guerra civil?

Desde el comienzo de la invasión, la política de EE UU con respecto a las comunidades étnicas y religiosas se ha regido por la máxima bélica “divide y vencerás”. La Constitución iraquí es un buen ejemplo de esta estrategia.

, coordinador de la Campaña Estatal contra la Ocupación y por la Soberanía de Iraq (CEOSI www.nodo50.org/iraq)
10/06/06 · 13:40
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La composición de la primera
instancia iraquí creada
por los invasores de Iraq en
junio de 2003, el Consejo
Gubernativo, ponía de manifiesto
tempranamente la lógica de EE UU
y sus aliados para la gestión de la
ocupación del país: el reparto de
prebendas limitadas entre supuestos
representantes de las principales
comunidades religiosas y étnicas
de Iraq. Esta lógica se ha mantenido
en las distintas fases de lo que se ha
denominado el proceso de ‘iraquización’
de la ocupación, a partir de
la transferencia formal de soberanía
de la Autoridad Provisional de la
Coalición a un nuevo gobierno transitorio
iraquí en junio de 2004 y hasta
la redacción de una nueva Constitución-
también transitoria- este verano.
La perversión del modelo es
notoria: procurar presentar como
restitución histórica de comunidades-
la chií, la kurda...- agraviadas
por el régimen de Saddam Husein
lo que sencillamente es la eliminación
de las expectativas democráticas
de una población integrada y tolerante
en beneficio de los ocupantes
y sus asociados internos.

Este criterio de reparto de cuotas
de poder o representatividad formales
por parte de los ocupantes
según criterios sectarios va más allá
de la lógica imperial y colonial del
“divide y vencerás”, que tan dramáticas
consecuencias ha tenido en
Oriente Medio (particularmente en
Líbano) y otras áreas. Ya antes de
la invasión del país, en el verano de
2002, la Administración Bush optó,
para irritación de sus tradicionales
aliados iraquíes (los dos partidos
kurdos de Talabani y Barzani, y el
Congreso Nacional Iraquí, dirigido
por Ahmad Chalabi), por otorgar su
confianza para el control interno
del país una vez ocupado a las formaciones
confesionales chiíes, el
Congreso Supremo de la Revolución
Islámica en Iraq (CSRII) y el
Partido ad-Dawa, ambas con directas
relaciones con Irán y vertebradas
por la figura, primero, del gran
ayatollah al-Hakim (muerto en
atentado en agosto de 2003), posteriormente
de as-Sistani. Asimismo,
por imposición de esta corriente,
EE UU impondrá la celebración de
las elecciones de enero de 2005 en
contra del criterio del entonces primer
ministro Iyad Alawi y de
Talabani y Barzani, aceptando lo
que se vaticinaba y sucedería: la hegemonía
de la lista unitaria chií en
las nuevas instituciones surgidas de
los comicios. Con ello, la Administración
Bush daba entrada directa
a Irán en el escenario iraquí, le
gustara o no, y al margen de toda
retórica amenazadora contra su régimen,
mientras ya había comprobado
sobre el terreno que los ciudadanos
de confesión chií no necesariamente
estaban dispuestos a colaborar
con los ocupantes (revueltas
de Nayaf y Karbala de los seguidores
de Muqtadar as-Sader, posición
del imán de la mezquita de al-
Khadimiya, Jawab al-Jalesi...).

EE UU asumía así la argumentación
de que quien pudiera encuadrar
y someter a la que se indica es
la comunidad mayoritaria del país,
la chií (eso sí, mientras se obvie que
la mayoría de los kurdos son asimismo
sunníes), debería tener el apoyo
estadounidense y británico para
controlar el proceso de institucionalización
de la ocupación. Además,
EE UU no puede dejar de contemplar
con interés la expansión e imposición
en Iraq de una ideología
extremadamente conservadora en
lo social y liberal en lo económico
como es la que representa el confesionalismo
chií y que, como en otros
escenarios arabo-musulmanes, enlaza
bien con las medidas de expansión
mundial del capitalismo. Éste
es el sentido profundo del carácter
regresivo de la Constitución ahora
redactada en comparación con la de
1970 y su desarrollo legislativo posterior,
particularmente en cuanto a
los derechos económicos y de la mujer
se refiere.

Un reciente informe cifra en
5.600 millones de dólares el gasto
mensual de EE UU en Iraq. Con
una opinión interna que bascula
poco a poco hacia la oposición al
mantenimiento de la ocupación de
Iraq, la Administración Bush, antes
que reducir tropas, ha de seguir
incrementando su presencia
en el país (de nuevo lo ha tenido
que hacer este verano). Con 75 bajas
en combate, agosto ha sido para
EE UU el mes más mortífero de
2005 (casi el doble que el de 2004).
A medida que EE UU toma conciencia
de la crisis evidente de la
ocupación de Iraq, la lógica de
fragmentación efectiva (si bien no
formal) del país aparece como una
solución razonable, mientras se
procura reconvertir el fenómeno
de la actividad armada contra la
ocupación, genuinamente interno
y emancipatorio, en un fenómeno
de terrorismo intercomunitario o
foráneo ligado a la red al-Qaeda.
Ciertamente, a partir de los primeros
meses de 2004 comienzan a
multiplicarse ataques contra determinadas
comunidades religiosas,
particularmente la chií y la
cristiana, pero igualmente de carácter
indiscriminado en áreas de
mayoría sunní. Si algunos de estos
ataques son atribuidos a corrientes
islamistas radicales de yihadistas
iraquíes o de otros países, en el
interior del país se considera que
su lógica y autoría responden predominantemente
a la determinación
de los ocupantes, de las instancias
iraquíes por ellos instauradas
y de algunos vecinos de transformar
una guerra de liberación
en una guerra civil, con el doble
objetivo de justificar la tutela exterior
sobre el país y desprestigiar la
actividad armada insurgente.

Una gestión autónoma pero asociada
a los intereses de EE UU de
los dos principales focos de producción
petrolífera de Iraq, un norte
étnicamente kurdo y un sur confesionalmente
chií, y el abandono a
su suerte de la zona centro de Iraq,
sunní y rebelde, no es la más improbable
salida para el atolladero
militar en el que se encuentran los
estadounidenses y satisfaría a la
vez a distintos elementos internos
y regionales, entre éstos a Irán e
Israel. Aquí radica el rechazo mostrado
por las fuerzas anti-ocupación
al texto de Constitución que
ha de ser refrendado en octubre,
no a un intento de preservar los privilegios
de una determinada comunidad
frente a otras.

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