ENTREVISTA // JOSÉ SANTAMARTA, PRESIDENTE DE WORLDWATCH INSTITUTE-ESPAÑA
“Los indicadores macroeconómicos no consideran los costes ambientales”

El informe Signos Visuales 2006-2007, que el instituto
Worldwatch está a punto de editar en castellano,
concluye que los “extraordinarios” niveles de
comercio y consumo esconden un desastre medioambiental
que se manifiesta en el cambio climático,
la pérdida de biodiversidad y de los bosques
tropicales, la crisis mundial de la pesquería o
la deforestación. Hablamos con José Santamarta
sobre cómo la economía clásica deja fuera de su
cómputo este coste, sobre la necesidad de indicadores
alternativos y la insostenibilidad asociada al
desarrollo económico español.

26/10/06 · 0:00
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Dibujo: LUIS DE MANO

DIAGONAL: Indicadores macroeconómicos
como el PIB mundial,
que se ha incrementado, no serían
tan optimistas si midiesen los costes
medioambientales.

JOSÉ SANTAMARTA: Normalmente,
una empresa tiene unos beneficios
pero hay unos costes externos
que se trasladan a la comunidad,
que no pagan las empresas y
que no se contabilizan en el PIB.
Por ejemplo, cuando aquí en un
pueblo de Ávila se está planteando
pasar de 150 habitantes a 7.500, talar
los bosques para esas miles de
viviendas y tres campos de golf, se
ve el beneficio pero no las externalidades
(los costes ambientales de
la deforestación o los problemas de
contaminación y tráfico que se van
a originar...). Por eso se dice que
los valores en la contabilidad tradicional
son bastante engañosos, porque
no toman en consideración
esas externalidades.

D.: Si empezásemos a contabilizar
los costes medioambientales asociados
a la actividad productiva, ¿qué
sectores serían los menos rentables?

J.S.: Es relativamente complicado.
La agricultura tiene unos impactos
brutales en el medio ambiente por
el uso de plaguicidas, abonos, productos
químicos, por la pérdida de
biodiversidad que se agrava con
los cultivos transgénicos. La ganadería
tendría unos costes ambientales
todavía mayores; siempre se
ha dicho que quizá lo más ecológico
sería una alimentación vegetariana,
en cuanto hacen falta 10 proteínas
vegetales para obtener una
animal. El sector energético, por
su parte, tiene unos impactos brutales,
hace falta una nueva política
de precios energéticos.
En el caso español, el urbanismo
tiene un altísimo coste. Se construyen
800.000 viviendas al año, una
auténtica locura cuando las necesidades
apenas superan las 300.000
viviendas, y en parte es como forma
de inversión y especulación o
para venta a toda esa migración
que pasa desapercibida que no son
los pobres, sino los ricos jubilados
de Alemania e Inglaterra.

D.: En relación al despilfarro energético
en la construcción, acaba de
entrar en vigor el Código Técnico
de Edificabilidad, pero ya hay serias
críticas.

J.S.: Conozco el borrador del código
desde hace siete u ocho años, es
una desgracia que se haya retrasado
tantísimo tiempo por la presión,
clarísima, de constructores y promotores.
Se puede decir que todavía
no ha entrado en vigor, pues
desde que sale en el BOE hasta que
se aplica pasan varios meses. De hecho,
parte del boom de la construcción
ahora es de los promotores que
están construyendo viviendas como
locos para que no se le aplique el
nuevo código porque se ahorran entre
el 2% y el 3% del precio de la vivienda
si no aplican la eficiencia
energética y no autorizan la energía
solar en la edificación.

D.: El otro talón de Aquiles de la
sostenibilidad española es el modelo
de transporte...

J.S.: La insostenibilidad es absoluta
y total, es donde han crecido las
emisiones de gases de efecto invernadero
un 80% desde 1980.
Agravada por el Plan de Infraestructura
y Transporte del Ministerio
de Fomento, que continúa la
línea anterior de construir más autovías,
lo que fomenta un mayor
empleo del automóvil. Es un problema
con difícil solución: en ciudades
formalmente democráticas
donde los ciudadanos votan no les
gustan que les toquen las narices,
que les suban el precio de la gasolina,
que les pongan impuestos si
entran en las ciudades, como han
hecho en Londres... y otras serie
de medidas que se deben adoptar
para reconducir el transporte hacia
la sostenibilidad.

D.: En 1993 la ONU introdujo el debate
de contabilizar el medio ambiente
en los sistemas nacionales
de cuentas. ¿Se han usado desde
entonces indicadores de sostenibilidad
en algunos países?

J.S.: En Noruega y en EE UU elaboran
una serie de indicadores de
sostenibilidad pero han sido muy
cuestionados por las organizaciones
ecologistas porque salían perjudicados
los países del Tercer
Mundo y muy favorecidos países
ricos, como los nórdicos, que tienen
mucho dinero para planes ambientales,
poco territorio y poca población.
La variable del consumo y
la “huella ecológica” estaba muy
mal tratada en esos indicadores. En
España, el Instituto Nacional de
Estadística (INE) creó una comisión
pero no se ha hecho gran cosa.
También se ha creado un Observatorio
de la Sostenibilidad en este
Gobierno, pero no ha trascendido
al sistema de cuentas nacionales.

D.: Desde el ecofeminismo se han
propuesto indicadores de sosteniblidad
muy interesantes. ¿Han tenido
presencia en esa comisión del INE?

J.S.: Los indicadores de género cada
vez tienen más importancia. Hay
una gran presión de organizaciones
feministas y grandes teóricas
del econfeminismo como Vandana
Shiva. También muchas organizaciones
de cooperación al desarrollo
incluyen la variable Norte-Sur. En
España, donde quizá más se ha
considerado, es en el Observatorio
de la Sostenibilidad. Pero todavía
no existe una estrategia española
para el desarrollo sostenible.

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