AMÉRICA CENTRAL // TRAS EL GOLPE DE ESTADO
Honduras, ¿otra crisis olvidada?

Activistas hondureños necesitan nuestro apoyo en su lucha contra la represión y el bloqueo de información.

15/09/09 · 19:39
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Si existe una característica común entre todas las guerras y las situaciones de crisis política a lo largo de la historia, es la censura de las voces independientes de la oposición a los graves abusos de derechos humanos. A día de hoy, Honduras no es ninguna excepción.

Desde el pasado 28 de junio, cuando Roberto Micheletti se autodenominó presidente provisional de Honduras tras exiliar al presidente Manuel Zelaya y detener a ocho de sus ministros, miembros de la sociedad civil hondureña se han convertido en verdaderos héroes de la cultura de protesta no-violenta.
Aunque el enfoque mediático sobre Honduras haya decaído internacionalmente de manera hasta peligrosa durante las últimas semanas, un número incalculable de hondureños activos en su sociedad ha mantenido su régimen de protesta, de movilización en la calle, y de seguimiento y de información pública de los abusos mientras ocurrían.

No es la primera vez en la historia que la censura militar – una clase de censura que no perdona, exilia y mata – hace todo lo que puede para callar a aquellos que rechazan la sumisión a la violencia y a la ilegitimidad.

Pero tampoco será la primera vez que surge una grave dinámica de auto-censura, en la cual la protección del mismo defensor de derechos humanos se vuelve repentina e irónicamente tanto una necesidad vital comprensible, como un nuevo obstáculo para la libertad de expresión.

Es decir, los miembros de la sociedad civil de Honduras no pueden exponer los abusos que sufre la población, a menos que existan vehículos de expresión que justifiquen los peligros a los que se afrontan al alzar la voz. No porque hayan actuado, y sigan actuando como verdaderos héroes, podemos justificarnos de su abandono los que tenemos la suerte de no correr riesgo directo si sencillamente ayudamos a propagar su mensaje.

Que quede claro que el pueblo de Honduras no requiere público para seguir luchando. Como cualquier otro pueblo cuyos derechos básicos están siendo suprimidos, su lucha no cesará hasta que vuelva a instalarse un régimen de carácter como mínimo aceptado por los hondureños.

Sin embargo, como en tantos otros casos, cuanto más heroica la respuesta local a la crisis hondureña, con menos determinación se difunde el mensaje en los medios globales. En parte, esta crisis puede parecerles a algunos una noticia vieja; pero en parte, las víctimas han demostrado tener la suficiente dignidad como para no callar y seguir luchando.

Así que precisamente, por esta razón, tanto los medios de comunicación como las ONG y los movimientos sociales tenemos el deber de no bajar la mirada: porque la sociedad civil hondureña ha demostrado su fuerza. Solo porque una noticia pierda parte de su elemento novedoso no quiere decir que su importancia haya decaído. En el caso hondureño como en tantos otros, nuestro sentido de repulsión hacia la violencia y nuestro apoyo a la protesta en contra de la represión debe incrementar con el paso del tiempo, hasta que la represión caiga.

Sobre todo, no dejemos que pase esta a ser otra crisis olvidada, que en nuestro mundo ya tenemos suficientes.

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