Suecia: revueltas en el barrio de Husby
“Hay paro, pero no tanto para los de raza sueca”

Para el autor, el racismo institucional y los planes urbanísticos en los barrios de la periferia de Estocolmo explican los recientes disturbios en la capital sueca.

, Guionista y traductor emigrante en Suecia.
26/06/13 · 17:37
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Segundo día de las revueltas del barrio de Husby en Estocolmo. / Telefonkiosk

Primero fue el espectáculo: “He estado en Kabul y nunca había visto nada igual”. El 19 de mayo de 2013, mientras el resto de Estocolmo celebraba que Suecia había ganado el mundial de hockey, la periferia recordaba que existía.

Al día siguiente: imágenes de coches calcinados, ventanas rotas, declaraciones de madres alarmadas, policías preocupados y vecinos que no entendían qué había pasado llenaban las páginas de los diarios y los minutos de emisión en radio y televisión.

La asociación Megafonen, que trabaja por la dignificación de la vida en los barrios periféricos, denunció que la policía insultó a los jóvenes: “monos”, “negros”; llegando a apuntarlos y amenazarlos: “¡Voy a disparar!”.

La mayoría de los medios reaccio­naron: “Mega­­fonen se pone de lado de los vándalos”. Arrastrando por el lodo el trabajo de una asociación nacida en los barrios y que trabaja por ellos. Una organización que no sólo había abierto un fondo de solidaridad con los que habían perdido sus coches en los disturbios, sino que también decía a los medios, a los políticos “¿Y si nos paramos a escuchar a los jóvenes?”.

Cuando los incidentes comenzaron a salir en la prensa extranjera, el presidente del Gobierno, Fredrik Reinfeldt, pidió públicamente que los incidentes cesaran y hubiera diálogo. Un año antes había declarado, ante las críticas por el aumento del desempleo, que el paro no era tan alto para los “suecos étnicos”. Precisamente ése es uno de los motivos del estallido: el paro y el racismo estructural existente.

En el camino se han producido operaciones policiales como REVA, destinada a incrementar la captura de los inmigrantes ilegales, que en 2012 pasó a parar a gente en la calle o en las estaciones de metro. Sólo las personas de aspecto “no nórdico” eran culpables de ser ilegales. Se sumaba el ministro de Inmi­gración, Tobias Billström, que declaró en el periódico 'Dagens Nyheter' en marzo “no son rubios de ojos azules los que los esconden” (a los ilegales). Unos días antes, el escritor y dramaturgo sueco de padre tunecino Jonas Hassen Khemiri había publicado una carta abierta a la ministra de Justicia, Beatrice Ask, en la cual denunciaba el racismo estructural existente. Ante la difusión de la carta, Ask anunció que se suspendían los controles en el metro. Anuncio de cara a la galería, ya que según las organizaciones de solidaridad la caza del ilegal continúa.

Lo sucedido en Husby ya tuvo un precedente en abril de este año cuando en el barrio de Tensta hubo incidentes dirigidos hacia una empresa que está construyendo casas de alto standing mientras deja que sus pisos en alquiler se degraden. Y una vez vaciados, son renovados aumentando el alquiler hasta un 20-30%. Ése es el verdadero origen de los incidentes: la especulación urbanística. En 2007 la ciudad de Estocolmo presentó el proyecto Järvalyftet. Se trataba, en palabras de la Administración, de una inversión en los barrios del noroeste de la ciudad: Husby, Akalla, Rinkeby, Tensta y Hjulsta.

Según el Ayuntamiento era una apuesta por estos barrios para el período 2007-2030 y que contaría con la participación de los habitantes y entidades ciudadanas. Al año siguiente, 2008, algunas organizaciones y partidos políticos que habían dado su apoyo abandonaron. De las 30.000 propuestas realizadas por los vecinos la mayoría se ignoraron aduciéndose diversos motivos.

Seis años después los datos son rotundos: se ha doblado el paro, los resultados escolares son peores, la segregación ha aumentado en los barrios y se ha creado una situación en la cual los habitantes originarios son expulsados por los altos alquileres. Una cosa ha quedado clara para los habitantes de Husby, Akalla, Rinkeby, Tensta y Hjulsta y es que el proyecto nunca se diseñó para ellos sino contra ellos.

La especulación se está adueñando de los barrios periféricos de la ciudad. Muchos alquileres pertenecientes al Ayuntamiento o a organizaciones semiestatales se están vendiendo a empresas que transforman éstos en pisos con opción de compra, restringiendo el acceso a la vivienda.

Un ejemplo reciente: Alby, un barrio al sudeste de Estocolmo. Los vecinos, bajo el lema “Alby no está a la venta”, recogieron 6.500 firmas que pedían un referéndum para decidir si se vendían mil pisos municipales bajo régimen de alquiler a un fondo de capital. Las firmas se entregaron un viernes, el lunes se anunció un preacuerdo de venta.

Al otro lado del fiel de la balanza está la enorme vitalidad de las asociaciones como Megafonen, Pantrarna o Linje 17, que son un punto de encuentro cada vez más importante al margen de los partidos políticos e instituciones.

Si en Husby primero fue el espectáculo ahora es el silencio. Mientras, en Dinamarca se discute la propuesta de dejar sin ayudas a los padres inmigrantes cuyos hijos participen en altercados como los de Estocolmo. El futuro es incierto pero parece ser que los culpables ya están decididos de antemano.

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