LA CONFERENCIA DE ROMA, CON PARTICIPACIÓN DEL FMI Y LA OMC, RECOMIENDA PROFUNDIZAR LAS MEDIDAS QUE PROVOCARON
Hambre para unos, negocio para otros

Cerca de 900 millones de personas pasan hambre mientras
las multinacionales del agronegocio especulan con los
alimentos y obtienen sustanciales beneficios de la crisis.

12/06/08 · 0:00
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QUIEN RÍE ÚLTIMO... Mientras subía el precio de la soja en Indonesia, la filial de la compañía agroalimentaria Cargill en el país se
guardaba 13.000 toneladas de soja en sus almacenes, a la espera de que los precios subieran debido a la escasez / JOSE BG

La Conferencia de Alto Nivel sobre
la Seguridad Alimentaria, celebrada
en Roma entre el 3 y el 5 de junio,
convocada por la Organización
de la ONU para la Alimentación y la
Agricultura (FAO) y en la que participaron
el Banco Mundial, el FMI,
la OMC y representantes de 183
países, se cerró con un estrepitoso
fracaso y sin soluciones para garantizar
el derecho a la alimentación.

Mientras 862 millones de personas
pasan hambre en el mundo, las poblaciones
de los países en desarrollo
gastan entre el 60% y 80% de
sus recursos en alimentación y la
ONU anuncia que otros cien millones
de personas van a sumarse a
las masas de los que ya no pueden
comer debido al alza del precio de
los productos básicos.

Los efectos de las políticas neoliberales
que han desregulado los
mercados de los países en desarrollo,
desprotegidos frente a los
productos subvencionados del
Norte, los monopolios que controlan
la cadena de producción y distribución
de alimentos, la especulación
y los efectos de los biocombustibles
se han obviado en la declaración
final, que sí pide la liberalización
del comercio agrícola.

“La declaración final no llenará
ningún plato. Las recomendaciones
de más liberalización provocarán
más violaciones del derecho a la alimentación”,
declaró una de las participantes
en el foro paralelo Terra
Preta, que reunió a las organizaciones
de la sociedad civil. Desde Vía
Campesina se apunta a que la principal
causa de la crisis son las políticas
neoliberales del Banco Mundial, el
FMI y la OMC, que obligan a los países
en desarrollo a eliminar sus inversiones
en agricultura y los aranceles
aduaneros y a abrir sus mercados
a los productos subvencionados
de los países ricos, y que “socavaron
las producciones nacionales de alimentos
y obligaron a los campesinos
a producir cultivos comerciales para
compañías multinacionales y a comprar
sus alimentos de las mismas
compañías en el mercado mundial”.

De hecho, a la par que la crisis se
agrava, las multinacionales del agronegocio,
encabezadas por Cargill,
ADM y Bunge, los tres gigantes que
controlan un 80% de la comercialización
de cereales a nivel mundial, han
multiplicado sus beneficios este año.
En el primer trimestre de 2008, los
beneficios netos de Cargill han alcanzado
los mil millones de dólares, 86%
más que en el mismo periodo del año
anterior, ADM ha obtenido 1.150 millones
de beneficio, un 55% más, y
Bunge ha incrementado en un 189%
sus beneficios. A la vez, Monsanto, la
mayor multinacional de semillas y
agrotóxicos, ha obtenido 2.230 millones
de dólares de beneficios.

Las organizaciones de la sociedad
civil advierten de que el problema no
es la falta de alimentos, pues la producción
mundial de grano estimada
para 2007/2008 ha aumentado un
4,7% en comparación con 2006/2007,
sino la especulación, propiciada por
el control de la cadena de producción
y comercialización de alimentos
por oligopolios. “Los vendedores
mantienen sus reservas alejadas del
mercado para estimular las subidas
del precio, creando enormes beneficios”,
explican desde Vía Campesina.
De hecho, en enero, mientras subía
el precio de la soja en Indonesia,
Cargill Indonesia mantenía 13.000
toneladas de soja en sus almacenes,
a la espera de que los precios alcanzaran
un récord debido a la escasez.

Especulación

Además, como explica la investigadora
Silvia Ribeiro, “los grandes fondos
de inversión especulativa trasladaron
millonarias sumas de dinero a
controlar los productos agrícolas en
el mercado internacional. Se estima
que estos fondos controlan el 60%
del trigo y altos porcentajes de otros
granos básicos. Estos alimentos se
han convertido en un objeto más de
especulación bursátil, cuyo precio se
modifica en función de los jaloneos
especulativos, no de los mercados locales
o las necesidades de la gente”.

Todo esto, sumado a la desviación
de millones de toneladas de grano
para la producción de biocombustibles,
al alza del precio del petróleo,
que encarece los costes de producción
y transporte de alimentos, y al
cambio climático, está en la base de
la crisis. Según Álex Guillamón, de
la organización Entrepueblos, la solución
está en “promover la soberanía
alimentaria y el desarrollo rural y
en invertir en la capacidad productiva
y en la capacidad del campesinado
de cada país para abastecer a su
población, además de regular a nivel
jurídico el derecho a la alimentación”.

Mientras, el Comité Internacional
de Planificación para la Soberanía
Alimentaria ha declarado el
Estado de Emergencia de los Pueblos,
por el que propone que pueblos
y gobiernos suspendan las medidas
legislativas y los acuerdos que pongan
en peligro el derecho a los alimentos
y la soberanía alimentaria.

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