UNA HISTORIA DE INTERVENCIONISMO
Haití, el precio de la libertad

No se puede comprender la dimensión de la catástrofe producida por el terremoto en Haití sin hacer un breve repaso por la historia reciente de este país antillano.

21/01/10 · 1:56
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Poco antes de viajar a Haití,
 hace un año, conocí a un
trabajador de una agencia
humanitaria. En el transcurso
de una cena preguntaba cuál
era el motivo por el que Haití era
un estado dependiente de la ayuda
internacional, ocupado e intervenido
por la ONU. ¿Había algún recurso
natural? ¿Algún interés oculto?
Finalmente esta persona, que llevaba
años viviendo en Haití, me confesó
que todo era debido a que es
una nación de descendientes de esclavos.
Que los africanos eran “vagos
y egoístas y no tenían los sentimientos
de sociedad y superación
de países como Canadá y EE UU”.
Me quedé a cuadros.

Al volver de Haití seguía sin entender
mucho de lo que había visto
y fotografiado. Hambre, miseria, basura,
cascos azules y una situación
tensa, muy tensa. A veces en la calle
alguien se te acercaba y te decía bajito
“blank”, con rabia. Los periodistas
extranjeros en el país vivían con
un ojo puesto en los mapas de isobaras
esperando el huracán y otro
en los movimientos políticos esperando
la revuelta. Continuaba haciéndome
preguntas.

Leí a Noam Chomsky, al doctor
Paul Farmer, estudios de ONG, informes,
biografías y el maravilloso
libro de C.L.R. James Los jacobinos
negros
. En la historia estaba la respuesta
a tanto sufrimiento e intervencionismo.
Haití estaba pagando
caro el pecado de la libertad.

Cuando a la más rica de las colonias
francesas llegaron los ecos de
la toma de la Bastilla los esclavos
comenzaron a desear para ellos la
libertad, la igualdad y la fraternidad.
Tras numerosas revueltas lograron
la independencia frente a Napoleón
en 1804, quien se encargó de dejar
el territorio en ruinas antes de salir
con sus tropas. Fue el segundo país
de América que consigue la independencia,
después de EE UU. Y el
primero que abolió la esclavitud.

Desde ese momento, EE UU hizo lo
que pudo por estrangular a Haití,
temeroso de una nación de ex esclavos
que pudiera ser un ejemplo para
todos los esclavos e indígenas de
América. Apoyó a Francia cuando
obligó a Haití a pagar una indemnización
por el crimen de su independencia,
150 millones de dólares-oro,
una deuda descomunal para la época.

Presionados por ingleses, franceses
y estadounidenses, y estrangulados
por el pago de esa indemnización,
los reyes, e incluso emperadores,
se fueron sucediendo
tumultuosamente hasta que el país
fue invadido por EE UU en 1915.
La causa de esta invasión: pacificar
el país, cobrar las deudas del Citibank
y cambiar una ley constitucional
que prohibía la venta de
plantaciones a extranjeros.

Papa Doc y Baby Doc

En 1957 François Duvallier, Papa
Doc, llega al poder. Comienza el periodo
más oscuro de la historia haitiana:
el terror de los Tomtom Macut.
Dado que no tenían sueldo, estas
milicias creadas por el dictador
recibían su renumeración a través
del saqueo y la extorsión. A su muerte
le sucedió su hijo Jean Claude
Duvalier, Baby Doc, que fue proclamado
presidente vitalicio a los 19
años y que se mantuvo hasta 1986.

La administración norteamericana
opinó que era necesaria la presencia
de un estado claramente anticomunista
para contrarrestar la influencia
de la vecina Cuba y apoyó incondicionalmente
este estado de terror bajo
el que murieron 60.000 personas.

Tras la expulsión del dictador, el
FMI hizo un préstamo a Haití por
24,6 millones de dólares, dado que
se necesitaban fondos desesperadamente
después de que Baby Doc
asaltara el tesoro en su huida. A
cambio se exigió que Haití redujera
los aranceles comerciales que protegían
su producción arrocera y
agrícola. EE UU fue la principal voz
en las decisiones del FMI. El doctor
Paul Farmer escribió entonces:
“Antes de dos años será imposible
para los agricultores haitianos competir
con el ‘arroz de Miami’. Todo
el mercado de arroz local en Haití
se desmoronará cuando el arroz estadounidense,
barato y subsidiado o
incluso en la forma de ‘ayuda alimentaría’,
invada el mercado. Habrá
violencia, ‘guerras por el arroz’
y se perderán muchas vidas”.

En 1988 se convocaron elecciones
democráticas y meses después
se produjo un golpe de Estado y luego
otro sumiendo al país en el caos
y la inestabilidad. En 1990 Jean
Bertrand Aristide y su partido Lavalás
ganan las elecciones. EE UU
se muestra horrorizado ante este líder
populista con un electorado de
origen rural. Siete meses después
una junta militar apoyada por la
CIA, y la antigua Guardia Nacional
de Duvalier, dan otro golpe de
Estado. El dictador Cedras se mantiene
en el poder hasta 1994, año en
el que vuelve Aristide apoyado por
el entonces presidente Bill Clinton.

Cuando Aristide fue derrocado por
el golpe militar en 1991 y la Organización de Estados Americanos declaró
un embargo, EE UU anunció
que lo violaría para apoyar a las empresas
norteamericanas. Cuando se
restableció la democracia en 1994,
el Banco Mundial apuntó que “el
Estado renovado debería enfocarse
en una estrategia económica centrada
en el sector privado tanto nacional
como extranjero”. En el año
2001 Aristide volvió a ganar unas
elecciones tachadas de fraudulentas.

Tres años después, el descontento
por la corrupción y las bandas
hicieron estallar violentas revueltas.
Muchas de las bandas paramilitares
que desestabilizaron al gobierno de
Aristide fueron armadas por EE UU
con dólares de la National Endowment
Development (NED), un fondo
del gobierno destinado a “promover
la democracia”. En 2004 el
mismo mandatario haitiano que había
sido reinstalado por un presidente
norteamericano fue depuesto por
otro, con el apoyo francés. Desde
entonces la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización en
Haití (MINUSTHA), ha tratado de
“pacificar” el país.

Pobreza extrema

Si bien es cierto que los secuestros,
muertes y violaciones han descendido
desde entonces, la situación de
los haitianos no ha mejorado mucho.
El 78% de la población vivía con
menos de dos dólares por día, mientras
que la tasa de desempleo alcanzaba
el 70%. El 86% de territorio está
desforestado, lo que convierte a
este antiguo vergel caribeño en un
desierto donde apenas se puede cultivar
en el resto del 3% de tierra fértil.

El pasado año tuvo lugar en
Washinton la Asamblea de Donantes
para Haití que tras las tormentas
tropicales del 2008 (que causaron
800 muertos y 1.000 millones en daños)
decretó una ayuda de 335 millones
de dólares. En mayo el secretario
general de la ONU, Ban Ki-moon,
nombró a Bill Clinton como su
nuevo enviado especial para Haití.
Su misión, estimular las inversiones
extranjeras en el país.

Recientemente el consejo de
Seguridad de la ONU extendió el
mandato de la misión hasta el 15
de octubre de 2010, con “la intención
de renovarlo de nuevo”. Para
“enfrentar los desafíos del proceso
de estabilización y consolidar
la estabilidad”.

El terremoto es una tragedia descomunal
que se une a las desgracias
de un pueblo que no ha dejado de
luchar por su libertad.

Tags relacionados: Haití Número 117 ONU Golpe de estado
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