"MASACRES EN LOS GRANDES LAGOS // ENTREVISTA A JOAN CARRERO, PRESIDENTE DE LA FUNDACIÓN S""OLIVAR"
“Ha habido una manipulación de la historia”

En 1994, milicias hutus
asesinan a cientos de miles
tutsis. Años después se
perpetúa otra masacre,
quizás mayor, en Ruanda y
RD del Congo. Joan Carrero
es uno de los principales
investigadores de este
segundo genocidio.

07/01/10 · 14:54


Martin Beaulie MSF

Joan Carrero es presidente de la
Fundación S’Olivar, y también un
activista reconocido de la no violencia.
Su interés por la región de los
grandes lagos africanos comenzó
después del genocidio de 1994 perpetrado
por los extremistas hutus.

A finales de 1995 y principio de
1996 viajó a Ruanda y pudo comprobar
cómo, además del genocidio
conocido, estaba ocurriendo otro
contra la población hutu. Sus investigaciones
durante estos últimos
años le llevaron a presentar una
querella en la Audiencia Nacional,
con un auto donde se emitían órdenes
de captura internacionales contra
40 altos cargos del Frente
Patriótico Ruandés (FPR), actualmente
en el poder en Ruanda, por
delitos de genocidio entre otros. Es
decir, se reconocía la existencia de
otro genocidio incluso de una mayor
magnitud, pero esta vez realizado
por el FPR en contra la población
hutu ruandesa y contra la población
congoleña cuando Ruanda
invadía y saqueaba la República
Democrática del Congo.

DIAGONAL: ¿Nos puedes explicar
cómo salió tu nombre y el de tu organización
como financiadora de
una guerrilla, el FDLR, en el último
panel de investigación de la ONU?

JOAN CARRERO: El precursor del
texto de la ONU fue un informe de
la organización con sede en Londres,
African Rights, y el informe lo
realizó Rakiya Omaar en 2008. Rakiya
es activista del FPR actualmente
en el poder en Ruanda. Los testimonios
de ex altos responsables del
FPR indican que Rakiya ya trabajaba
para el FPR desde antes del genocidio
en el cuartel de Mulindi.
Esto confirman las últimas denuncias
de los 120 abogados defensores
del Tribunal Penal Internacional
para Ruanda (TPIR) y expertos,
reunidos hace un mes en Holanda
bajo la presidencia de Ramsey
Clark, antiguo ministro de
justicia estadounidense bajo
Johnson y Kennedy y artífice de la
ley de derechos civiles para los negros.
Allí han denunciado que la
ONU usa sistemáticamente y sin
ningún escrúpulo, los testimonios
que le facilita el FPR.

D.: ¿Pero por qué se ha hecho?

J.C.: En un artículo reciente enumeré
tres retos a los que se enfrenta
el FPR en un futuro cercano: la
querella en la Audiencia Nacional
española, que está suponiendo un
perjuicio para los 40 altos cargos
del FPR con órdenes de captura;
un segundo reto es el diálogo interruandés
que organizamos y que
está cohesionando a la sociedad
ruandesa frente a la dictadura del
FPR; y un tercer reto es la candidatura
de una mujer valiente,
Victoire Ingabire, para la presidencia
en las próximas elecciones en
el 2010. Mujer a la que modestamente
apoyamos.

Sorprendentemente para nosotros,
lo que les preocupa más al FPR
es que estamos desestabilizando su
dictadura con la organización del
diálogo interruandés. Ellos están
acostumbrados y son muy eficaces
enfrentándose a la violencia; ellos
han machacado al Congo y Ruanda,
con la ayuda logística de EE UU, pero
están muy descolocados frente a
una acción no violenta.
Ahora ellos se encuentran con
dos activistas de la no violencia,
Jordi Palou y yo, como promotores
de un diálogo absolutamente no violento,
en el que cada vez mas componentes
de la sociedad ruandesa
están hablando, encontrándose, reconciliándose
e imaginando una
Ruanda no violenta, pacificada en
un futuro inmediato y todo esto les
está resultando grave.

D.: Tantos millones de muertos en
Congo, Ruanda, ¿cuál ha sido la raíz
de estos conflictos?

J.C.: Tras la llegada de Bill Clinton,
los recursos minerales africanos empiezan
a ser tenidos muy en cuenta y
se reordena el África Central para
un mejor control de estos recursos.
EEUU, apoyado por Gran Bretaña,
Bélgica y Canadá, deciden que hay
que sustituir a los regímenes de
Habyarimana (Ruanda) y Mobutu
(RD Congo) y lo hacen a través de
una casta guerrera muy eficaz: los
himas, tutsis, quienes ya habían
demostrado su eficacia en la conquista
del poder en Uganda. Ni el
juez Andreu de la Audiencia Nacional
ni nosotros negamos el genocidio
contra los tutsis. Lo que
nosotros hemos preguntado es por
qué se niega que haya millones de
hutus asesinados.

D.: ¿No está invadiendo el juez Andreu
de la Audiencia Nacional competencias
del Tribunal Penal Internacional
para Ruanda (TPIR)?

J.C.: El juez Andreu respeta las
competencias temporales del TPIR,
lo que pasa es que la Audiencia Nacional
investiga en un período
más amplio. Ha habido una tremenda
manipulación de la historia,
empezando por el TPIR, quien
ha restringido sus investigaciones
al año 1994, el año del genocidio
contra los tutsis. Incluso ha tapado
asesinatos ocurridos este año
como el habido contra los presidentes
de Ruanda y Burundi. El
FPR ha cometido delitos gravísimos
de agresiones internacionales,
el asesinato de 200.000 hutus
antes del genocidio conocido, el
asesinato de dos presidentes y
después de su toma del poder en
Ruanda han continuado realizando
matanzas que nunca se pudieron
investigar por la cobertura
que facilitó EE UU. Ahí está el informe
Gersony, sólo con este informe
se podría sustentar la teoría
de un segundo genocidio.

D.: ¿Se puede demostrar que existe
el informe Gersony?

J.C.: Tenemos testigos tan cualificados
como el antiguo ministro de
asuntos exteriores ruandés, J. M.
Ndagijimana, del primer Gobierno
protutsi después del genocidio de
1994. Todo esto fue testificado en
la Audiencia Nacional y puede verse.
J.M. Ndagijimana, llevando este
informe, viajó a Estados Unidos,
junto a Pastor Bizimungu, presidente
ruandés, y allí debatieron el
informe personalmente con Kofi
Annan. Hay otro informe de la
ONU en el que se critica al informe
Gersony y dice que puede llevar a
confusión. En realidad produce
confusión sobre la doctrina oficial
elaborada para explicar los acontecimientos
del África Central.
En el informe Gersony se demuestra
que en sólo tres prefecturas
ruandesas hubo decenas de miles
de hutus asesinados. Si trasladásemos
estas cifras al conjunto del
país darían unas cifras impresionantes
y estamos hablando sólo de
la época posterior a la represión
después del genocidio. Si a esto le
añadimos el informe Garreton de
las masacres a hutus refugiados en
el este del Congo, tendríamos un
cuadro completo de millones de víctimas
hutus ruandesas y congoleños,
lo que hace que sea absolutamente
indigno e impresentable seguir
hablando sólo del genocidio
contra la etnia tutsi. Aquí hay muchas
más víctimas.

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