GUATEMALA / A DIEZ AÑOS DE LOS ACUERDOS DE PAZ QUE TERMINARON CON LA GUERRA CIVIL MUCHAS HERIDAS SIGUEN ABIERT
Guerrilleros después de la guerrilla

DIAGONAL conversa
con ex guerrilleros que
combatieron contra la
dictadura militar en
Guatemala. Ahora luchan
por la supervivencia y la
recuperación de los
lazos sociales perdidos.

01/03/07 · 0:00
Edición impresa
JPG - 35.2 KB
INHUMACIONES. Diez años después de los acuerdos, continúa la búsqueda de los cementerios clandestinos./Sandra Sebastián

“Yo era experto en la guerra psicológica,
entrenado en Cuba. En diez
minutos podía instalar una mina tipo
booby trap en los bosques. Eran
minas que no mataban al enemigo,
pero que lo dejaban con heridas dolorosas”.
Henri se detiene. Acaba de
aparecer su hija más joven.

En la terraza vuelve a revivir su
carrera como experto revolucionario
en explosivos. Sus primeras misiones
fueron como mensajero juvenil.
Más tarde continuó con viajes
con pasaportes falsos en los tiempos
de la guerra civil y luego con la instalación
de minas alrededor del
Tajamulco (el volcán más alto de
Guatemala), una tarea crucial para
defender la antena de la radio rebelde.
Finalmente, su época en la selva
estuvo coronada por una historia de
amor con la comandante Francisca
y el nacimiento de su primera hija
en un campo de la guerrilla cerca de
Chimaltenango.

La comandante Francisca no
comparte la nostalgia de Henri por
los años en la clandestinidad. “Pasé
mi juventud entera en el bosque. Al
final me alegré cuando se acabó todo.
No quiero que mis hijas pasen
por esto. Mejor que estudien, mejor
que hagan cualquier cosa. En el caso
de que la situación se ponga más
dura, prefiero ser yo quien se ponga
otra vez el uniforme”.

Sin embargo, diez años después
del fin oficial de la guerra, la izquierda
parece estar lejos de querer volver
a las armas. El 28 de diciembre
de 1996, las firmas de los líderes
guerrilleros fueron indispensables
para garantizar el cumplimiento de
los acuerdos de paz de la ONU. Pero
la transformación de la guerrilla
URNG en un partido político ha estado
acompañado por un lenta pérdida
de influencia parlamentaria.
Muchos de los antiguos compañeros
se sintieron abandonados tras el
regreso a la vida civil.

En los acuerdos de paz estaban
previstas medidas para reintegrar a
los guerrilleros: puestos de trabajo
en las nuevas estructuras democráticas
para los líderes rebeldes, parcelas
y viviendas para los indígenas que
habían apoyado la lucha armada
contra la dictadura... Pero ocurrió lo
mismo que con los cientos de miles
de refugiados guatemaltecos que regresaron
desde el exilio mexicano
después de la guerra civil: fueron recibidos
con muchas promesas que
hasta hoy no se han cumplido.
Una parte de los antiguos rebeldes
migró a México o a EE UU para
buscar trabajo. Hoy mandan dinero
a sus familias cada mes. Otros,
entretanto, se ganan la vida como
empleados de agencias de seguridad
privada, muchas veces dirigidas
por ex militares.

La mayoría de las mujeres estaba
acostumbrada a tener un derecho
de intervención dentro de la guerrilla.
Pero después de su vuelta a la
vida civil muchas tuvieron que quitarse
esa costumbre. Según comenta
Francisca: “Casi nadie consigue
un trabajo cualificado. Debido a los
largos años con la guerrilla, muchas
nunca terminaron la escuela.
Muchas compañeras trabajan como
burros en las maquilas, en cadenas
de montaje. Yo he hecho eso
un tiempo también. Hoy prefiero
cuidar a mis niñas”.

Inmediatamente después de la
guerra, Henri empezó a trabajar en
la desactivación de minas junto con
los cascos azules y el Ejército guatemalteco.
Eran minas idénticas a las
que él mismo había colocado unos
años. Desde entonces organiza talleres
y trabaja cuatro días por semana
en la capital.

De vuelta en la capital nos vamos
directamente a la Zona 2 del
centro. En alguna parte, en una calle
lateral, nos espera otro rebelde
prejubilado, con una copa de ron
en la mano.

Apoyado sobre sus dos muletas,
Fito nos indica con su mano libre:
“son nuevas esas muletas, de Alemania
me parece. Aquí dice ‘Geprüfte
Sicherheit’. ¿Qué significa
eso?”. Fito nació en un distrito rojo
y obrero de la capital provincial
Quetzaltenango. “Los intentos de
reformarnos estaban impedidos”,
dice Fito. “Además, crecía el militarismo
dentro de la guerrilla,
aunque una de nuestras experiencias
más importantes en los ‘60
era que las estrategias políticas y
militares deben tener la misma relevancia”,
remarca.

Fito mastica su tortilla de maíz:
“Cuando la comandancia de la guerrilla
empezaba a negociar con el
Estado sobre un armisticio ya no
consultaron a la base. No recibimos
ninguna información sobre las negociaciones.
Sancionaron moralmente
a todos los que se atrevieron a criticar
a la comandancia. Era una experiencia
muy dolorosa”.

Fito está convencido de que la disolución
de la guerrilla guatemalteca
ya empezaba años antes de la firma
de los acuerdos de paz. “Ideológicamente
y programáticamente
nunca estuvimos unidos. Éramos
ovejas de nuestros líderes. Y esas
personas se pusieron de acuerdo
más tarde con los militares y los empresarios
sobre una paz con la que
la mayoría de los guerrilleros no se
identificaron. De mi punto de vista,
esos acuerdos de paz eran deficitarios,
moralmente y políticamente.”

Fito se monta en sus muletas.
Perdió la pierna derecha durante
una maniobra de entrenamiento en
Cuba, hace muchos años. Fue muy
duro consolarse con esa mala suerte.
Pero hoy le duele más la retirada
desilusionada de la política de muchos
de sus antiguos compañeros.
En el año diez de la paz, Fito encuentra
más necesario que nunca volver
a reconstruir las relaciones sociales
destruidas por la larga guerra civil.
La nostalgia no es una opción para
él: “Tenemos que reunirnos con todos
los que se encuentran en los bordes
de esta sociedad: feministas, organizaciones
de disminuidos, iniciativas
para la diversidad sexual...
Podemos aprender mucho de esas
luchas. Hay ideas muy buenas en las
que hay que profundizar. Porque
una cosa es obvia: los acuerdos de
paz sólo han servido al sistema capitalista.
Dan una cara humana a las
clases altas, nada más”.


200.000 muertos y 40.000 desaparecidos

El intento de democratizar
Guatemala y luchar contra
las enormes desigualdades
sociales iniciado a
principios de los años ‘50
fue truncado por el golpe
de Estado (apoyado por
EE UU y la United Fruit
Company) que derrocó al
Gobierno democrático de
Jacobo Arbenz. Desde
1954 diversos dictadores
militares usurparon el palacio
presidencial. Los ataques
a organizaciones de
izquierdas, a sindicalistas
rurales y a estudiantes se
mostraron cada vez más
feroces. “Pero los viejos
comunistas sólo tomaban
su cafecito. Yo en cambio
me fui con la guerrilla, convencidísimo
de que todos
íbamos a morir si no nos
defendíamos con las
armas”, dice Fito. En los
‘80, bajo el liderazgo del
general Ríos Montt, la
represión contra la población
y la izquierda llegó a
su máxima expresión. La
política de la ‘tierra arrasada’
provocó miles de
muertos entre la población
indígena en el
campo. Pueblos enteros
desaparecieron del mapa,
a veces para construir presas,
a veces simplemente
para diezmar “enemigos
potenciales”. Más de
200.000 personas murieron
durante la guerra civil.
Hasta el día de hoy los
desaparecidos suman
más de 40.000 personas.

+A Agrandar texto
+A Disminuir texto
Licencia

comentarios

0

separador

Tienda El Salto