DESPUÉS DE UN AÑO DEL ANUNCIO DEL CASINO
Gran Scala: un año jugando a la ruleta en Aragón

Al final de 2007 se anunciaba un proyecto de juego, al estilo Las Vegas y denominado Gran Scala, que supondría una nueva ciudad del juego. ¿Qué ha
sido de él?

29/12/08 · 18:20
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Un año después del anuncio de esta
ciudad del juego prevista para
100.000 habitantes (la segunda más
poblada en Aragón) en el desierto de
Monegros, repasamos con uno de
los portavoces de la plataforma Stop
Gran Scala, J.L. Martínez, el estado
del proyecto y la evolución de las resistencias
articuladas.

Durante este año de Gran Scala,
algunas cosas, como el contenido
del proyecto o el apoyo del Gobierno
de Aragón (PSOE-PAR), han permanecido
intactas. Otras, como la
percepción social del negocio o la
composición de las resistencias, se
han ido modificando. Al inicio, Martínez
reconoce que fue fundamental
la oposición rápida y tajante de los
sectores antagonistas de los movimientos
sociales y de IU en Aragón.
“Esto compuso el primer núcleo de
la campaña, que partía de una razón
política esencial: si la patronal del
juego de Las Vegas desembarca
aquí, con el apoyo de la clase política,
esta tierra está acabada”.

A partir de ahí, fueron sumándose
enfoques de los distintos impactos
del proyecto: sobre el medio ambiente,
el modelo de empleo o la vida local.
Esto impulsó la plataforma Stop
Gran Scala, que ha liderado la oposición
al evento y que, junto a las informaciones
aportadas por algunos
medios sobre los promotores (ILD),
ha incidido decisivamente en el cambio
de la opinión pública. Sobre esta
base, la oposición ha ido incorporando
otros sectores sociales, como la
gran mayoría de organizaciones cristianas
de base y la Chunta Aragonesista,
partido que definió esta postura
tras un intenso debate interno.
Para Martínez, esto muestra cómo el
movimiento ha sido capaz de acumular
apoyos en torno a su oposición
originaria. En la actualidad, el
objetivo de la plataforma es “formar
un grupo de presión fuerte, cuyas aspiraciones
van más allá de la viabilidad
del proyecto”.

Operación desgastada

A la oposición exterior se suma el
propio desgaste interno de la operación
Gran Scala. “El negocio para los
promotores era comprar unos terrenos
muy baratos y venderlos mucho
más caros a unos inversores exteriores,
atraídos por la confianza que
otorgaba el apoyo institucional a la
operación. Como el proyecto tuvo
que hacerse público prematuramente,
la compra de terrenos se complicó”,
declara Martínez.

A su vez, el crecimiento de la
oposición ha bloqueado la vía de
las expropiaciones. Para el portavoz,
el estancamiento del proyecto
prueba su falta de solidez: “Con todo
un Gobierno a favor y en un año,
los promotores no han desembolsado
ni un duro para la ejecución”.
En este contexto, la Plataforma insistirá
con sus movilizaciones hasta
que el Gobierno de Aragón rompa
sus acuerdos con los promotores:
“En definitiva, la operación Gran
Scala es una opción política y un
debate que no puede aparcarse, sobre
todo ahora”.


Oposición a pie de obra

Durante este año, las
movilizaciones multitudinarias
en Zaragoza se
han combinado con una
pluralidad de resistencias
en el territorio donde se
proyectaba “la ciudad
del juego”. A la ubicación
inicial en Los Monegros
le siguió la formación, en
su capital Sariñena, de la
plataforma Monegros No
Se Vende. A su vez, siempre
han aparecido minorías
de propietarios que,
pese a no poder hacer
público su desacuerdo
con el proyecto, han
disentido, al considerar
la incompatibilidad de
Gran Scala con su modo
de vida actual. A esto se
añaden sectores juveniles
y las organizaciones
del Baix Cinca, como
Docentes Contra Gran
Scala, que han organizado
la oposición en
núcleos más poblados,
como la capital, Fraga,
de 15.000 habitantes,
conforme el proyecto se
desplazaba al este.

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