ENTREVISTA // LUIS TAPIA, FILÓSOFO Y PARTICIPANTE EN LA ELABORACIÓN DE LA NUEVA CONSTITUCIÓN BOLIVIANA
"El gran reto del MAS será avanzar en el proceso de nacionalización en Bolivia"

Doctor en Ciencias Políticas, Luis Tapia participó en el
reciente encuentro Memorias en Transición en Madrid.
Ha sido uno de los teóricos que participaron en la
elaboración de la nueva Constitución boliviana.

04/12/09 · 0:00
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Las investigaciones de Luis Tapia
giran en torno a la creación de un
orden político multisocietal, que
pretende establecer una ciudadanía
igualitaria en condiciones de diversidad
cultural. Para Tapia se trataría
de “seleccionar aquellas instituciones,
principios y formas de vida
política que históricamente han
producido igualdad en el seno de
cada cultura y eliminar aquellas que
han producido desigualdad”. Un
auténtico reto en la nueva Bolivia
que pretende construirse en base al
respeto por los numerosos pueblos
originarios que la habitan.

D.: ¿Qué retos tiene el partido de
Evo Morales (MAS) ante una más
que posible nueva legislatura?

L.T.: El gran reto del MAS será
avanzar en el proceso de nacionalización
de los recursos naturales,
lograr emplear ese excedente recuperado
en inversión pública que
permita no sólo desarrollar la misma
industria de los recursos naturales,
sino que también garantice
una adecuada diversificación de la
economía hacia otras áreas. En este
proceso el Gobierno ha sido muy
lento, y además ha estado entorpecido
también por un importante caso
de corrupción.

D.: ¿Crees que habrá alguna profundización
en los mecanismos de
participación ciudadana?

L.T.: El MAS es el más interesado
en que se mantenga un sistema de
democracia representativa porque
eso es lo que le da poder. Así puede
continuar siendo el mediador entre
una diversidad de organizaciones
campesinas, indígenas y de otros
trabajadores, con el Estado. Por eso
creo que no hay visos de que el Gobierno
se preocupe mucho de ampliar
la democracia a otros espacios.
La tendencia va a ser la de consolidar
un sistema de partidos, que al
menos hoy en día están mucho más
sintonizados con el resto de la sociedad,
entre otras cosas porque
una parte de ellos van a resultar de
alianzas con sectores populares que
tienen una dinámica paralela de democracia
directa.

D.: ¿Puede haber de nuevo movilizaciones
sociales si el Gobierno no
responde a las demandas?

L.T.: Si no se obtienen resultados
al respecto, es probable, porque si
bien el MAS tiene esta red de
alianzas con las organizaciones, la
fuerza organizada para movilizar
no está en el MAS sino en las propias
organizaciones, que siguen
siendo autónomas.

D.: ¿Crees que la Constitución plasma
todos los deseos de cambio en este período de transición?

L.T.: La nueva Constitución no plasma
todo. De hecho, la reorganización
del país que demandaron muchos
grupos sociales, como por
ejemplo la Coordinadora del Agua,
no está incluida en el nuevo texto,
entre otras cosas porque el texto final
es resultado de un duro proceso
de negociación. La reforma agraria
es una de esas propuestas sustantivas
que han quedado fuera. Mientras
los terratenientes puedan mantener
sus latifundios, conservarán las condiciones
básicas para mantener su
poder. Por eso creo que por un tiempo
va a haber una Bolivia dividida
entre ciertos territorios gobernados
por un bloque social representado
por el MAS y su red de alianzas, y
otros territorios gobernados por el
viejo bloque de gobernantes de origen
terrateniente y empresarial.
En lo que sí se ha avanzado con
esta Constitución es en el reconocimiento
de la diversidad cultural.
Otro avance logrado es que indígenas,
campesinos y otros trabajadores
están en el Gobierno. Algunas
organizaciones ven que ésta es una
fase de implementación de una
nueva Constitución y con eso están
satisfechas. Otras piensan que es
una fase previa para avanzar hacia
otras reformas. Gran parte piensa
que a pesar de que el texto no incluía
lo que demandaban los movimientos,
era necesario aprobarla,
pues las presiones de la oposición
bloqueaban todo, y aprobar un nuevo
texto era pasar a una nueva situación
legal de legitimidad a partir
de la cual se podían hacer más
avances. Hay que entenderla también
dentro de ese contexto.

D.: ¿Se han logrado con la nueva
Constitución avances respecto a la
profundización en una democracia
participativa y asamblearia?

L.T.: Lamentablemente, la versión
de Estado plurinacional mencionada
en el artículo 2 de la Constitución
no ha desarrollado específicamente
formas asamblearias, sino que se
mantiene la división de poderes anterior
y sigue privilegiando la vía de
partidos para la representación política.
Sin embargo, hay una larga experiencia
en Bolivia de hacer política
fuera del sistema de partidos. Allá
donde ha habido estructura comunitaria,
la gente siempre ha decidido
colectivamente y lo va a seguir haciendo.
Yo diría que hasta hoy eso
sigue pesando, es decir, los partidos
están ahí para legalizar lo que se ha
decidido fuera. Antes lo decidían las
corporaciones empresariales, ahora
tienen más peso las organizaciones
populares. El autogobierno siempre
ha existido incluso en tiempos de la
colonia, con la diferencia de que antes
eran desconocidos y ahora tienen
rango constitucional. Aunque lo
cierto es que es el MAS el que verá
si las propuestas son viables o no, y
muchas de las que se materializan
lo hacen en forma de versiones menos
radicales que las propuestas originales
ya que, por un lado, puede
que tengan que ser negociadas con
la oposición o incluso porque la visión
del MAS del proceso de cambio
es más moderada.

D.: ¿Son las autonomías indígenas
reconocidas en la nueva Constitución
una forma de reconocer ese territorio
de autogobierno?

L.T.: En principio, la idea de plurinacionalidad
no hablaba de las autonomías
como base del Estado. Ha
sido la demanda de la oligarquía lo
que al final ha hecho que el Estado
plurinacional esté basado en las autonomías.
A raíz de la crisis del
Estado anterior, consecuencia de las
luchas contra la privatización de los
servicios públicos llevadas a cabo
por organizaciones de origen popular,
la estrategia de los grupos oligárquicos
de poder regional fue
demandar las autonomías departamentales.
El objetivo era boicotear
la nacionalización de los recursos
naturales e impedir la creación de
una Asamblea Constituyente. La lucha
política ha sido tan intensa que,
finalmente, se ha aprobado una nueva
Constitución que, a pesar de que
define al Estado boliviano como plurinacional,
lo hace sobre una cancha
que ha sido rayada por la oligarquía,
ya que para las organizaciones
indígenas la división en autonomías
no formaba parte de su proyecto político.
Fue para hacer frente a la autonomía
departamental cuando se
propuso autonomía indígena para
así contrarrestar la demanda de la
oligarquía. La reflexión fue: si ellos
están reclamando autonomía departamental,
tendrán que aceptar también
la autonomía indígena. Al final
se han reconocido ambas.

D.: ¿Y qué grado de aceptación ha
tenido el Estado plurinacional en los
pueblos originarios?

L.T.: Parece que la misma idea de la
autonomía indígena tiene varias interpretaciones.
Algunos pueblos indígenas
ven la autonomía sólo como
un paso intermedio para recuperar
sus territorios. Pero a la vez
esto va a generar conflictos entre
los mismos pueblos indígenas a la
hora de delimitar sus territorios.
Creo que la reforma actual está en
una fase de reconocimiento de la diversidad
de naciones, de culturas.
Quedan pendientes pues otras fases
para completar ese Estado plurinacional.
Donde más se ha avanzado
es en el poder judicial, pues sí se ha
concretado la jurisdicción de la justicia
comunitaria.

D.: ¿Qué base tiene el discurso empleado
por las oligarquías del oriente,
según el cual los pueblos del
oriente configuran la Nación
Camba? ¿Existen los camba como
pueblo o nacionalidad?

L.T.: Es un invento. Las oligarquías
regionales siempre han intentado
crear una identidad regional fuerte
para intentar disputar cuotas de poder
al Gobierno central. La idea de
Nación Camba es una nueva forma
de politizar esta identidad para contraponerse
a la nación quechua y
aymara. Hasta hace bien poco el término
camba se empleaba para nombrar
de modo peyorativo al indio de
las tierras bajas de las regiones
orientales. Ahora las mismas élites
regionales lo emplean para articular
la base social que precisan. Pero no
existe una homogeneidad ni cultural
ni étnica bajo ese nombre.

D.: ¿Y crees que les está funcionando
la estrategia?

L.T.: Durante mucho tiempo esas
oligarquías han pretendido ser las
representantes de la región oriental,
y tenían éxito pues no había
fuertes organizaciones que les disputen
esa representatividad. Pero
el año pasado, cuando las oligarquías
lanzaron una ofensiva contra
el Gobierno central, atacando
sus instituciones y las sedes de los
sindicatos campesinos, la reacción
en el país fue fuerte. Se dieron
cuenta entonces de que ahora sólo
controlan las ciudades capitales
del oriente, porque en el campo
hay una extensa red de organizaciones
campesinas e indígenas con
capacidad para mover solidariamente
a la gente. Es, pues, una oligarquía
cercada por el mundo indígena
y campesino, su poder se
localiza sólo en las grandes ciudades
de la región oriental. Y esto antes
no lo habían sentido.


EL ESTADO PLURINACIONAL

L.T.: La idea del Estado
plurinacional no
es nueva. Ha venido
siendo elaborada
desde hace tiempo
de manera colectiva
y es convergencia de
un proceso que
comienza en la crítica
que en los años ‘70
hicieron los kataristas,
intelectuales de
origen aymara, a la
idea de homogeneizar
todo el país, surgida
del nacionalismo
del periodo
revolucionario de los
‘50. Esta crítica iría
madurando a finales
de los ‘80 gracias a
la mayor organización
de los pueblos
de las tierras bajas
(guaranís, chiuriguanos…)
que habitan
desde la Amazonía
hasta el sur de Bolivia,
los cuales empiezan
a reivindicar la
multinacionalidad y
la multiculturalidad
del país, más allá de
los ya reconocidos
aymaras y quechuas.
Una de las claves es
que con él no sólo se
reclama reconocimiento
de identidad
cultural, de la lengua
y de la memoria, sino
también un reconocimiento
del territorio
como espacio de
autogobierno.

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