"TURQUÍA: LA REPRESA PROYECTADA EN EL VALLE DEL TIGRIS SUPONE ""UNA AMENAZA ECOLÓGICA Y SOCIAL"", SEGÚN LAS ON
Europa respalda a Turquía en el ‘proyecto Ilisu’, faraónica presa en el valle del Tigris

El Gobierno de Ankara y varias constructoras turcas, con ayuda de empresas e instituciones europeas, promueven la construcción de la presa Ilisu y el desplazamiento forzoso de los habitantes de Hasankeyf y de otros 60 municipios del valle del Tigris. Varias campañas luchan por la paralización del proyecto.
Texto de E. Vargas.

18/01/07 · 0:00
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HASANKEYF. Este pueblo milenario a orillas del río Tigris se verá inundado por el pantano
Ilisu, uno de los de 22 proyectados en esta zona de Turquía. / Virginia Fernández

La futura construcción en el valle
del río Tigris del pantano Ilisu se inscribe
en el faraónico GAP (Proyecto
del Sureste de Anatolia, en sus siglas
en turco), que promueve un total
de 22 pantanos y 19 centrales hidroeléctricas
en la zona y que el
Gobierno de Ankara anuncia desde
los años ‘60 como motor de ‘desarrollo’
de esta deprimida región kurda.
La presa Ilisu será la segunda más
grande de Turquía, con una superficie
de embalse de 313 km2, un dique
de 135 metros de altura y una capacidad
de producción eléctrica de
3.800 GW por hora. En palabras de
Abdulvahap Kusen, alcalde de
Hasankeyf, “desde que se comenzó
a hablar del proyecto Ilisu, la inseguridad
nos corroe”. La frase expresa
el hastío y el temor de los 3.000
habitantes de este pueblo agrícola y
ganadero, el tercer municipio más
pobre de Turquía, ante los planes de
sumergir el valle donde se asienta.
Los intentos de oposición popular al
proyecto se enfrentan a serias dificultades
y amenazas.

Hasankeyf posee un gran potencial
turístico dados sus enormes recursos
paisajísticos y monumentales,
pero debido al estrangulamiento
económico que sufre ha perdido en
las últimas cuatro décadas el 50%
de su población, que ha migrado en
su mayor parte a la cercana ciudad
petrolera de Batman. Asimismo,
parte de la población ha sufrido desplazamientos
anteriores por motivos
políticos, en las paulatinas “limpiezas
de bases” contra el Partido
de los Trabajadores del Kurdistán
(PKK). Con dichos antecedentes, las
perspectivas de un nuevo desplazamiento
obligatorio llena de desazón
a los habitantes de la zona afectada
por el proyecto Ilisu, máxime cuando
el balance que arrojan los movimientos
forzosos de población provocados
por otros pantanos en
Turquía -como el Atatürk o el
Batman- es desastroso: los procesos
previos de realojamiento e indemnización
de las personas afectadas
han sido deficitarios y en numerosas
ocasiones se las ha confinado en
infraviviendas mal comunicadas y
sin las mínimas condiciones de habitabilidad.

La principal empresa
constructora, Nurol, en declaraciones
de su representante Yunus
Bayraktar, miembro de la oligarquía
turca, asegura que en el caso del
proyecto Ilisu habrá casas para todos
y que sus condiciones de vida
mejorarán: “Incluso podrán practicar
deportes acuáticos”, afirma. Sin
embargo, por el momento la población
ha sido poco informada: la única
notificación oficial que se ha llevado
a cabo ha sido la convocatoria
en la comisaría local de los varones
censados en la zona para que se den
por enterados de la construcción del
pantano, sin comunicarles dónde serán
desplazados o qué compensación
recibirán. Las mujeres y los vecinos
que no poseen casas o tierras
no han recibido notificación alguna.
Las instituciones dificultan el acceso
de los ciudadanos al informe oficial
de reasentamiento de la población:
el documento, en inglés, ni siquiera
se ha traducido al turco.

Los efectos de este enorme plan
de ingeniería serán también negativos
en el plano medioambiental: según
la abundante documentación
aportada por la asociación turca
Doga Dernegi, no sólo conllevará la
desaparición de especies protegidas

 “fundamentalmente aves y reptiles”,
señalan- sino que influirá en la
erosión y salinización de la zona, en
el cambio climático, en la pérdida
de calidad del agua que será embalsada
en vez de fluir, y en la aparición
de enfermedades como la malaria,
ya que las populosas ciudades
de Batman y Diyarbakir vierten sus
residuos al Tigris. “Es un ejemplo de
libro de las nocivas consecuencias
de la construcción de presas”, denuncia
la plataforma Salvemos
Hasankeyf (hasankeyfgirisimi.org),
formada por 72 organizaciones de
las provincias afectadas e internacionales
que desde años llevan a cabo
una campaña en defensa de
Hasankeyf y su entorno e intentan
influir en las empresas y gobiernos
europeos implicados en el plan (ver
recuadro). En la página web weedonline.
org se recogen firmas de protesta
por el proyecto.

También existen críticas ante el
expolio cultural que supondrá anegar
el valle del Tigris: Hasankeyf,
en la Alta Mesopotamia, cuenta con
12.000 años de Historia -es uno de
los primeros asentamientos humanos-
y posee una valiosa riqueza
monumental asiria, hitita, romana,
bizantina y musulmana, aunque en
parte se halla en avanzado estado
de deterioro. En los años ‘60 se
construyeron algunas casas para
mejorar las condiciones de vida de
familias que aún vivían en cuevas
milenarias. En 1987 el municipio
fue declarado Bien de Interés Cultural
por el Alto Comisionado Turco.
Para salvar los fondos arqueológicos
y monumentales de Hasankeyf
el Gobierno turco y las constructoras
prometen liberar fondos
específicos, hacer un inventario y
desplazar los monumentos más emblemáticos,
si bien dichas promesas
no convencen a los expertos.

Por último, el riesgo de tensiones
políticas aumenta la conflictividad
del plan Ilisu. Las organizaciones
kurdas ya han expresado su oposición
al proyecto y prometen intervenir.
Por su parte, Siria e Iraq, que
reciben el caudal del río Tigris desde
Turquía, se verán nuevamente
afectados en su abastecimiento de
agua y en sus derechos de explotación
fluvial para la producción eléctrica,
por lo que muy probablemente
se repetirán las disputas que
agriaron las relaciones entre dichos
países y el Gobierno turco debido a
la construcción en aguas del Éufrates
en el embalse Atatürk, el sexto
mayor del mundo, y que supuso un
empeoramiento de las tensas relaciones
entre Ankara, Damasco y
Bagdad, y la condena internacional
contra el Gobierno turco por incumplir
los tratados internacionales que
regulan el embalse de agua que fluye
hacia terceros países.

CRÉDITOS EUROPEOS Y DE LA BANCA INTERNACIONAL
_ El consorcio constructor turco
formado por la empresa
Nurol, junto a otras sin experiencia
en la construcción de
presas como Cengiz y _áelikler,
ha buscado de la mano del
Gobierno turco diversas vías
de financiación internacional
para la presa Ilisu, cuyo presupuesto
se estima en 1,2
billones de euros. La negociación
sufrió una paralización
con la retirada en 2001 de la
empresa británica Balfour
Beatty, que adujo que no se
daban las garantías mínimas
en los ámbitos social, ecológico
y cultural que exigió al
Gobierno turco. Asimismo, el
Banco Mundial rechazó financiar
la presa por razones
medioambientales y por el
potencial conflicto con Siria e
Iraq. Si bien no consta que el
proyecto haya asegurado una
nueva línea de créditos, a
principios de agosto de 2006
la empresa Nurol y el presidente
turco Erdogan participaron
en una ceremonia de
inauguración de las obras, en
lo que se interpretó como una
muestra de haber recibido la
'luz verde' de las Agencias de
Créditos para la Exportación
(ECA en sus siglas en inglés),
en las que participan gobiernos
europeos y la banca
internacional. Diversas ONG
señalan que las empresas
europeas Zublin (Alemania),
Va Tech (Austria) y Alston
(Suiza), tras haber recibido
el auspicio de las ECA, realizarían
la inversión sin asumir
riesgos, a pesar de producirse
en un contexto sociopolítico
inestable y de existir posibilidades
de no poder hacer
frente a los pagos. A día de
hoy, la agencia aún no ha
contestado a la concesión
de dichos créditos y la Plataforma
Salvemos Hasankeyf
presiona a instituciones
europeas y a la opinión
pública de los países que
intervienen en el plan, con la
esperanza de detener nuevamente
el financiamiento.

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