GUSTAVO PETRO, SENADOR DEL POLO DEMOCRÁTICO
“El Estado se ha arrodillado frente al paramilitarismo”

Gustavo Petro, senador del partido Polo Democrático, se ha convertido tras sus declaraciones en el Congreso sobre los vínculos entre Uribe y los ‘paras’, en un referente de la lucha contra la ‘parapolítica’.

24/05/07 · 0:00
Edición impresa
JPG - 15.9 KB
 
MUESTRAS DE APOYO. Pancartas de solidaridad el pasado 1 de mayo. / Jorge Mata / SURIMAGES

El 17 de abril, Gustavo Petro denunció
en el congreso las relaciones del
presidente Álvaro Uribe, su familia
y sus allegados, con los paramilitares
y el narcotráfico en el departamento
de Antioquia durante los
años en que Uribe fue gobernador
de dicho departamento. Las declaraciones
no tardaron en convertirse
en un fuerte escándalo nacional e
internacional. Tampoco tardó en
trascender un plan desbaratado de
los ‘paras’ para asesinar a Gustavo
Petro (ver recuadro de la página 4).

DIAGONAL: ¿Cómo funciona la arquitectura
del paramilitarismo en
Colombia?

GUSTAVO PETRO: Nace de una
alianza de las elites locales, que son
las verdaderas detentoras del poder
en Colombia. Alianza que, esquemáticamente,
se puede sintetizar en
tres elementos. Ya en ciertas regiones
la escuela militar que venía de
la Guerra Fría, educada en la Escuela
de las Américas bajo ideas de
tortura y violación de derechos humanos,
logra construir por primera
vez, en medio de los hacendados y
los campesinos medios agredidos
por las FARC en el Magdalena Medio,
una alianza entre militares y hacendados
en esta región específica.
Construye el proyecto de las autodefensas,
con una metodología que
podríamos llamar clásica porque se
emparenta con la que se utilizan en
El Salvador, en Guatemala, en el
Cono Sur en la misma época.
Las rondas de hacendados y de
campesinos medios armados hacen
el trabajo sucio que no hace el Ejército.

Empieza a irradiarse un discurso
contrainsurgente profundamente
violatorio de los derechos humanos.
Pero en el ‘85, específicamente,
aparece una tercera pata que acompaña
a los militares anticomunistas
y los hacendados: el narcotráfico.
A partir del ‘85, en masa, los narcotraficantes
colombianos y sus dólares
vuelven a Colombia y su principal
instrumento de lavado de activos
se convierte en la tierra. Compran
tierra en masa. La tierra en
Colombia, que ya era en sí misma
un poder político derivado del feudalismo
español, se convierte además
en la caja de ahorros del narcotráfico.
Y profundiza la concentración
en términos espectaculares de
la posesión de tierras a partir del ‘85.

D.: Pero es un paramilitarismo diferente
al del resto de América Latina.

G.P.: Esta alianza tripartita (militares
anticomunistas, hacendados y el
narcotráfico), en cada región constituyó
lo que hoy llamamos el paramilitarismo,
que es una palabra mal
hecha, porque el paramilitarismo
tradicional, como eran las autodefensas
en su inicio, es básicamente
un grupo de ‘ciudadanos’, generalmente
hacendados armados supeditados
al Ejército. Así fue en Guatemala,
en El Salvador, así era en
Colombia al inicio. Pero el paramilitarismo,
con la llegada del narcotráfico,
copó la economía local. Y en
lugar de estar supeditado al Ejército
como era la visión clásica, logró supeditar
el Estado a sí mismo, logró
arrodillar al Estado y a la sociedad.

D.: ¿Cómo se estructura este poder?

G.P.: El narcotraficante en Colombia,
en general, necesita una pista
aérea clandestina de donde salen
pequeñas avionetas cargadas de
cocaína. En general estas avionetas
salen 10 o 20 veces al día.
Resulta obvio que la sociedad que
circunda la pista se daría cuenta
que algo raro está pasando. En
cualquier parte del mundo esto se
denunciaría. ¿Porque allí no? Ahí
viene la implementación del modelo.

Este tipo de actividad necesita
imperativamente supeditar la sociedad
local que rodea la pista.
¿Y cómo lo hacen? Con métodos
suaves, por decirlo así. Irradiando
una parte de la riqueza del narcotraficante
al conjunto de la sociedad,
generando empleos, regalos,
etc. Pero fundamentalmente también
lo hacen, y al mismo tiempo,
con el terror. Se supedita y se silencia
a la sociedad local que rodea la
pista masacrándola.
Se ha construido una tecnología
de la muerte de enorme magnitud.

Premeditada, sistemática, patológica
en el fondo, que es capaz de matar
generando el máximo dolor en
el ser humano y extender el terror
entre los que lo sobreviven. Descuartizar
cuerpos humanos en vida,
matar bebes, jugar con las cabezas
de los asesinados al fútbol delante
de su comunidad, usar las sierras
eléctricas de cortar árboles para cortar
miembros de los cuerpos, fosas
comunes, masacres, quemas... Este
estilo de muerte tiene un objetivo:
que los supervivientes, que los que
se han dado cuenta de este terror,
no hablen más, se silencien, se arrodillen,
se supediten al propietario de
la pista, que al mismo tiempo se ha
transformado en un propietario de
ejércitos privados que controlan a
esa sociedad.

Pero no solamente controlan la
sociedad que circunda la pista sino
que controlan al policía local, el jefe
militar local, al alcalde, al dirigente
político, al fiscal de la región que no
investiga, a los concejales, etc. El
aparato estatal que rodea la pista
también se subordina, por las buenas
o por las malas, al propietario
de la pista y al propietario del ejército
privado que, teniendo Estado,
empieza a construir un sistema, no
solamente para exportar cocaína,
sino un poder político y económico.
Es lo que yo denomino el poder
mafioso. Obviamente, ya no sólo
se enriquece de la exportación de
cocaína, que por sí misma es muy
alta, sino que empieza a concentrar
las tierras, controlar las rentas
públicas de los municipios del territorio,
se las echa al bolsillo, las
privatiza a través de la contratación,
etc. Va convirtiéndose en el
dueño de la vida pública, entre comillas,
política y social del territorio.

Llega hasta la intimidad de la vida individual, la regula, establece
quién muere y quién no se muere,
quiénes pueden hablar y quiénes no
pueden hablar. El que resiste se
muere o se va, producen desplazamientos,
homogeneizan las conductas
sociales, construyen una verdadera
dictadura de facto, profundamente
totalitaria. En Colombia, la
tercera parte de la población colombiana
vive hoy de facto bajo el totalitarismo
de las bandas mafiosas.

El poder narcoparamilitar

D.: ¿Y esto degenera en un contrapoder
a nivel nacional?

G.P.: Estos poderes locales que fueron
desarrollándose durante tres décadas
han ido controlando territorio
tras territorio, creando una federación
de grupos paramilitares, aumentando
su poder federado. Y a
medida que iban cooptando unidades
del Ejército, de la policía, alcaldes,
iban teniendo cada vez una mayor
incidencia en el Estado nacional.
En el ‘98, después de que el actual
presidente fuera gobernador de
Antioquia, Carlos Castaño, que es el
paramilitar más famoso, decidió que
esta federación debía pasar, saltar
cualitativamente, hacia la construcción
de un ejército nacional paramilitar,
que es lo que se llama hoy las
AUC. Murió en el intento, lo mataron
sus propios compañeros.

No sólo un ejército nacional, sino
una bolsa única de financiación, que
era el viejo sueño de Pablo Escobar:
concentrar las cotizaciones de todos
los narcotraficantes del país que financiara
su seguridad. La seguridad
en estas condiciones es, básicamente,
una seguridad mafiosa. La mafia,
por definición, es un sistema de seguridad
privado y delincuencial. Las
mafias disminuyen los guarismos de
inseguridad hasta cuanto otra mafia
no los reemplace en el servicio de seguridad
del territorio.

Carlos Castaño no sólo intentó el
salto cualitativo sino que, consciente
de que se podía hacer un tercer
ejército nacional paramilitar financiado
por el narcotráfico, se dio
cuenta de que tenía toda la posibilidad
de sistematizar la infiltración
dentro del Estado, en las tres ramas
del poder público, a nivel nacional y
en el poder territorial. Desde el ‘98
empiezan a darse los llamados pactos
con políticos nacionales de cara
a organizar una bancada paramilitar
dentro del Congreso y una arquitectura
de la impunidad dentro
de la Justicia con miembros del poder
judicial. Secciones enteras de la
policía y del Ejército a su servicio
dentro del poder ejecutivo, las secciones
que les interesaban de los ministerios,
como el DAS, el aparato de
inteligencia del Estado, y muchísimas
alcaldías y poderes locales que
fueron configurando, bajo la visión
de Castaño, no solo poderes mafiosos
locales, sino incluso un proyecto
nacional paramilitar mafioso.

EE UU y el Plan Colombia
_ DIAGONAL: ¿Cómo
puede actuar EE UU
ante el debilitamiento
de uno de sus
mayores aliados en
la zona?

GUSTAVO PETRO: En
EE UU hay una división
de apreciaciones
sobre el tema
colombiano. Temas
que antes eran de
consenso entre republicanos
y demócratas,
como el Plan
Colombia o el TLC,
hoy son un punto de
discusión. En cierta
medida por la
misma campaña
electoral, pero también
porque han
pasado seis años y
una inversión de
6.000 millones de
dólares, y han
demostrado totalmente
su ineficacia
en el sentido que no
ha podido impedir la
producción y la
exportación de cocaína,
que era su justificación
fundamental.
De hecho el precio
de la cocaína ha
caído abruptamente,
lo que nos dice que
ha crecido la oferta.

Tags relacionados: Álvaro Uribe Colombia
+A Agrandar texto
+A Disminuir texto
Licencia

comentarios

0

separador

Tienda El Salto