"La ""tercera modernización de españa"""
Los empresarios juegan en casa y lo quieren todo

El secretario confederal de Salud Laboral de CGT expone que el conflicto social es la salida ante la reforma laboral.

- A la derecha de los borradores

- El despido en la reforma laboral

28/06/10 · 0:00
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Ilustración: María Calzadilla

Hace 25 años se produjo la entrada de España y Portugal en la Comunidad Económica Europea (hoy Unión Europea) y se llevó a cabo la segunda modernización de la economía y la política: desmantelamiento de sectores estratégicos industriales (minería, astilleros, flota pesquera, acero, etc.) y final de un modelo agrario con capacidad y posibilidades de garantizar la soberanía alimentaria.
Entonces se liberalizaron los mercados de telecomunicaciones, energía y banca, es decir, aquello gestionado por lo público. Necesidades sociales como la comunicación, la financiación pública para vivienda o el modelo energético, perdieron la consideración de esenciales y públicas y fueron convertidas en bienes escasos para demanda solvente, hoy redenominadas servicios de interés general.

El modelo de relaciones laborales, capital-trabajo, en su vertiente de mercado de trabajo, contratos, empleos, condiciones laborales y en sus prestaciones sociales, desempleo y pensiones, se liberalizó en todos sus recorridos. Así, se entra al empleo desde la temporalidad, el contrato frágil y precario. Se permanece en el empleo desde la disponibilidad flexible en función de la demanda (jornada, horarios, sistemas retributivos) y se sale del empleo por la simple voluntad empresarial. Y cuando se necesitan prestaciones de desempleo o pensión de jubilación, éstas devienen mermadas en su cantidad y se han visto agravados los requisitos necesarios para tener derecho a las mismas. A la vez se constituyó un modelo de gestión social donde sindicatos mayoritarios e izquierda salieron a la cancha jugando en el mismo equipo, el de la modernización de “España”.

Hoy, 25 años después, los actores son los mismos y las coyunturas globales y “patrias” un poco distintas, debido a sus crisis sistémicas, reales e inventadas. Hoy los “jefes de todo esto” –capital financiero, multinacionales y organismos del (des)orden mundial político–, han decidido que el partido sigue, visto que al personal (clases asalariadas, ciudadanía en general) le va “la marcha” del desempleo, de la precariedad, de la mala vida, etc. Las figuras sindicales y de la izquierda, no saben, no pueden o no quieren dejar de jugar en el equipo “ganador”, con la salvedad de que ahora son echados a tercera regional actores incómodos.

Falta de legitimidad

Ni CC OO, ni UGT, ni una gran parte de la izquierda española, al igual que la Confederación Europea de Sindicatos, tienen legitimidad para convertir la crisis social en un conflicto político, indispensable para dar una oportunidad a otras formas de vivir y relacionarnos. Conscientes de ello, el PSOE, la parafernalia política electoral y el empresariado, apuestan por la tercera modernización de “España”.

En este contexto social y político, la propuesta de Reforma Laboral (RL), como está planteada y como se nos impondrá (huelgas generales de oficio como las del 29-S aparte), conlleva en sí misma la dictadura contractual empresarial.

La violencia sobrepasa cualquier regla democrática: la voluntad de disposición de la mano de obra por parte empresarial de manera unilateral, en todo el recorrido del contrato, elimina cualquier posibilidad de contrapoder obrero. No sólo se les subvencionan los contratos, sino que cualquier regulación durante la prestación del trabajo carece de un mínimo contrapoder, pues vacía de cualquier libertad o derecho al trabajador en el control de la organización del trabajo. Quizás, a estas alturas, decir que se abarata el precio del despido, lo que es cierto, no deja de ser sino una consecuencia más del origen del problema, la libertad absoluta por parte del capital para dominar el trabajo.
Éste es el problema político central de la RL: se terminó la capacidad obrera sindical de ejercitar la posibilidad de defender los derechos sociales y por lo tanto laborales, al escorar la balanza “democrática” hacia el mercado libre.

Desde CGT trabajamos desde hace años por otro modelo de relaciones laborales y sociales, donde el trabajador sea quien comparezca en la política, que autogestione en cooperación con los millones de asalariados su vida, sus empleos, sus condiciones de trabajo. Sólo el conflicto social posibilita un modelo productivo, de consumo y relacional, que abra alguna posibilidad de organizarnos sobre otras bases sociales, donde la vida buena sea posible para todos y todas.

Tags relacionados: Número 129 Ecología
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Ilustración: María Calzadilla
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