NILDA ELOY, DESAPARECIDA DURANTE LA DICTADURA ARGENTINA Y QUERELLANTE EN EL CASO ETCHECOLATZ
“Empezamos a tirar la pared de la impunidad”

Después de décadas de impunidad, “la pared” está
empezando a caer. La desaparición de Julio López, querellante
junto con Nilda Eloy en el mismo caso, ha dado
inicio a una ola de amenazas, secuestros y asesinatos.

, Redacción
20/03/08 · 0:00

Tras la derogación en 2003 de las leyes
de Punto Final y Obediencia Debida,
el ex policía Miguel Etchecolatz
fue el primer funcionario de la
dictadura en ser condenado por la
justicia argentina. Etchecolatz, acusado
de más de mil casos de secuestros,
torturas y desapariciones, había
sido la mano derecha del general
Ramón Camps en la estructura represiva
de la provincia. En 1986 fue
condenado a 23 años de prisión, pero
fue liberado en 1987 por la Ley de
Obediencia Debida.

El 18 de septiembre de 2006, unas
horas antes de que Miguel Etchecolatz
fuera condenado a cadena
perpetua, uno de los dos querellantes
y víctimas del represor, desaparecía
sin dejar rastro. Hasta el día de
hoy. Su nombre era Jorge Julio López.
No tardó en ser bautizado como
el desaparecido 30.001.

La otra querellante era Nilda Eloy.
Fue secuestrada por la policía de
Buenos Aires en 1976 cuando tenía
19 años. Tres años después, tras ser
pasada por varios campos clandestinos
de detención, fue puesta a disposición
del Poder Judicial. En los ‘90
reconoció a su secuestrador y torturador
en una pantalla de televisión.
Después de conseguir la condena
a Etchecolatz, la Asociación de Ex
Detenidos Desaparecidos de Argentina,
a la que pertenece Nilda Eloy, y
la plataforma Justicia Ya, continúan
con 150 causas penales contra muchos
de los responsables de la represión
de la última dictadura. La reciente
condena a prisión perpetua al
capellán Von Wernich por homicidio,
privación ilegal y torturas, supone
junto a la condena a Etchecolatz
otro hito en la lucha por los derechos
humanos en Argentina.

DIAGONAL: Desde el inicio de los
juicios se ha producido una escalada
de amenazas, secuestros, agresiones,
asesinatos...

NILDA ELOY: La impunidad es una
cosa que se construye. Es como si se
tratara de una pared y nosotros estamos
empezando muy lentamente a
tirar esa pared. Los cascotes que
caen hacen ruido. Esto no es más una
respuesta a nuestro impulso en la lucha
contra la impunidad.
La desaparición de Jorge se produjo
específicamente el día en que
nuestros abogados pedían por primera
vez en el país la condena por
genocidio... y a partir de ahí no paró.
No paró. La inmensa mayoría de los
represores está libre. Un alto porcentaje
de ellos está en actividad.

D.: ¿Se puede entender la desaparición
de Jorge Julio López como un
mensaje a la sociedad?

N.E.: Absolutamente, el mensaje es
muy claro: “estamos y podemos”. El
mensaje que nos mandaron fue clarísimo:
fue demostrarnos una capacidad
de acción que no pensábamos
que tenían.

D.: ¿Fue ése el inicio de esta nueva
guerra sucia?

N.E.: Las amenazas habían comenzado
antes, pero ninguno pensó que
se convertirían en realidad. Lo de
Jorge fue como una mancha de aceite,
porque las amenazas no se limitaron
a este juicio, sino a montones de
sobrevivientes, de familiares, a fiscales,
a jueces, en todo el país.

D.: Las teorías apuntan a la policía
bonaerense, pero también al Ejército...

N.E.: Revisando las llamadas telefónicas
a mi domicilio, después de múltiples
amenazas, se encontraron cinco
llamadas del Comando en Jefe del
Ejército. El jefe del Comando en Jefe
del Ejército declaró que esas llamadas
provenían de una de una persona
que aparte de trabajar en el Comando
en Jefe del Ejército era periodista
y que él llamaba para hacerme
una nota. Ahí quedó. Lo mismo que
el ingreso en mi domicilio: la Policía
Federal, que estaba de custodia, puso
como justificante que no escucharon
ladrar a los perros.

D.: La última novedad es el asesinato
de dos represores que iban a declarar.
¿Esto evidencia que se está intentando
encubrir a altos mandos?

N.E.: No sólo a altos mandos. Es un
mensaje para ellos mismos. El hecho
de que nosotros hayamos logrado el
reconocimiento de genocidio judicialmente
nos abre una puerta para
el juzgamiento no sólo de las cadenas
de mando hacia arriba sino también
hacia abajo... No sólo al director
en jefe, sino también al cabo de guardia.
Ante esta posibilidad, sostener el
pacto de silencio para ellos es prioritario.
Ante la eventualidad de que ese
pacto se rompa, no tienen ningún
problema en matarse entre ellos.
Pero ojo, se pueden matar entre ellos
porque se les dan las condiciones para
hacerlo. El represor Hector Febres
[hallado muerto en diciembre de
2007 por envenenamiento] no estaba
detenido en una cárcel, estaba en
una base de la Prefectura al cuidado
de sus propios compañeros. No cabe
mucha duda quién lo mato. A Febres
le quedaban cuatro días para declarar
y él había sido muy claro: “Si a mí
me condenan, yo sólo no me voy”.
Otro caso reciente fue el del ex
teniente coronel Paul Navone
[muerto de un disparo el pasado 25
de febrero, el mismo día en que tenía
que testificar]. Su supuesto suicidio
se produjo en el contexto de
un caso muy particular: varios de
los imputados en esta causa por robo
de bebés estaban en actividad en
el momento del inicio del juicio.
Incluso, el jefe del regimiento.

D.: ¿Se podría haber hecho más en la
investigación del caso de Julio López?

N.E.: No existe ninguna comisión de
investigación, ni a nivel parlamentario
ni a otro nivel. Nos costó más de
tres meses llegar a la máxima autoridad
judicial de nuestro país, es decir,
a la Corte Suprema, para que se reconociera
la existencia de un delito.
La causa tramitaba en la justicia provincial
y era meramente por una averiguación
de paradero, como si algo
se hubiera perdido. Eso no significa
un delito. No se aceptaba que había
pasado algo. Tuvimos que llegar a la
Corte para que se reconociera que se
trataba de una desaparición, que era
un secuestro y que como tal se investigara
la causa.

D.: La principal sospechosa, la policía
bonaerense, no sólo es famosa
por su pasado, sino por su presente...

N.E.: Aún ahora, de 45.000 efectivos
que tiene esta policía, 9.026 provienen
de la dictadura. Ése es el marco.
Otro ejemplo: tuvieron que pasar cinco
meses de protestas para que el comisario
de la zona donde fue secuestrado
López fuera relevado de su comisaría
y de su causa, como partícipe
del asesinato de un chico de 17
años esposado dentro de un patrullero.
Le pegaron un balazo en la nuca.
Hasta enero pasado, cuando lo jubilaron,
estaba a cargo de una parte
de la investigación de la desaparición
de Julio López, un policía que
ingresó en el cuerpo en el año ‘73,
antes de la dictadura. Desde 1976
estaba en Inteligencia en la Policía.
Y este hombre era el responsable
de investigar una pista que involucra
a efectivos de la policía bonaerense.
Es absurdo pensar que se van
a investigar a sí mismos. Llevamos
un año y medio pidiendo que se
aparte a la policía de Buenos Aires
de la investigación.

D.: ¿Hay apoyo de las nuevas generaciones
de policías y militares a la
vieja camada de represores?

N.E.: Fueron educados por ellos. La
policía de la provincia tiene la escuela
de Policía Juan Vucetich. En los últimos
años de la dictadura y prácticamente
en la década siguiente, muchos
de los directores de la Vucetich
habían sido jefes de campos clandestinos
de detención. De alguna manera
se los premiaba con la dirección
de la escuela por dos o tres años.
Hasta hace cuatro años atrás, uno de
los profesores y autor de los manuales
de estudio era el comisario Baume,
jefe del centro clandestino El
Sheraton. Esa gente es la que ha preparado
a esta policía.

D.: ¿Cuál es la situación actual de los
derechos humanos en Argentina?

N.E.: En el último año y medio se ha
profundizado una represión muy
fuerte a cualquier foco de protesta.
La protesta gremial o la protesta social
es muy castigada. La Argentina
es un país muy grande, lo que ocurre
fuera de Buenos Aires, no se ve, no
existe. Mucho menos sale en los medios
y mucho menos sale al exterior.
En este momento hay pueblos y ciudades
que están militarizados totalmente,
que están totalmente ocupados
por la gendarmería. En Santa
Cruz, Río Negro, Chubut, Neuquén...
hay escuelas bajo control de gendarmería.
El asesinato del maestro Carlos
Fuentealba por la policía fue sólo
uno. Pero la represión a los maestros
no paró. Ni hablar del norte. La situación
de represión es muy fuerte.

D.: Carlos Saúl Menem dijo que “los
que se quedan mirando el pasado se
convierten en una estatua de sal”.

N.E.: Para mirar el futuro hay que
poder mirarlo de frente, y para poder
mirarlo de frente hay que tener muy
claro por dónde se caminó y qué es
lo que tenés atrás. Y si queremos una
sociedad que pueda caminar hacia
delante no puede seguir sosteniendo
los lastres de impunidad que sostiene.
Es muy sencillo.

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