HONDURAS // EL FRENTE DE RESISTENCIA CONTINÚA CON MOVILIZACIONES POR LA CONSTITUYENTE
Elecciones ilegítimas y fraudulentas

El 29 de noviembre el Gobierno de facto de Roberto
Micheletti celebró elecciones con el fin de legitimar el
golpe de Estado y frenar los cambios en la Constitución.

10/12/09 · 0:00
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YO NO VOTÉ. Los dedos sin tinta indeleble, símbolo de la resistencia.

No cabe duda que Pepe
Lobo y su Partido Nacional
ganaron las elecciones,
como tampoco
se duda de la reducida votación que
recibió Unificación Democrática, el
partido que dice ser de izquierda,
pero que avaló el golpe con su participación
en la “fiesta electoral”.

La sorpresa del evento fue el porcentaje
de participación difundida
por el Tribunal Supremo Electoral
(TSE), 61,3% a las 21h horas del domingo.
Un dato histórico en el país
–la participación en las elecciones
que dieron la presidencia a Zelaya
en 2004, había sido del 54%– que
contrasta con la percepción de cualquier
testigo de la jornada electoral.

Más allá de considerar estas elecciones
como ilegales por darse en el
contexto de un golpe de estado y de
que los magistrados del TSE no fueron
electos conforme determina la
ley, el sistema electoral hondureño
no está exento de márgenes para la
manipulación y el fraude.

Cuando el ciudadano se presenta
en un colegio electoral es confirmado
como votante, se le entregan las
papeletas, se retira a una cabina,
marca por sus candidatos, deposita
los votos, regresa a la mesa donde
firma el libro correspondiente y le
marcan el dedo meñique con tinta
indeleble para que no pueda volver
a votar. Técnicamente, en esos momentos
no es posible el fraude. Las
dudas empiezan después.

En las mesas electorales no hay
representantes de todos los partidos.
Los partidos pequeños no tienen
suficientes seguidores para asegurar
su representación en todas
las mesas electorales. Además, tal
como se ha denunciado infinidad
de veces, muchos de sus dirigentes
venden las credenciales a los partidos
mayoritarios. Si no hay quien
reclame, el acta es oficial. Éste sería
sólo uno de los mecanismos que explicaría
la participación ciudadana
defendida por el TSE.

Los observadores internacionales
no llegaban a 300, con lo que no podían
cubrir ni siquiera el número de
urnas de Tegucigalpa. Además, casi
todos los observadores eran
representantes de partidos conservadores,
empresarios y representantes
de organizaciones civiles
–muchas de ellas denunciadas como
tapaderas de la CIA– y se limitaron
a escrutar los centros de votación
de los sectores residenciales de
clase media alta y alta, donde la asistencia,
tal como revelaron las imágenes
de televisión, sí fue nutrida.

Todas las personas que visitaron
centros de votación en colonias
y barrios de clase media y baja,
confirman que la presencia de
electores era escasa, igual que en
las ciudades, poblados y caseríos
del interior del país. El mismo criterio
se pudieron formar los que
vieron los canales de televisión de
poca audiencia que transmitían
desde los barrios. A las 11h todo el
mundo decía que había ganado el
abstencionismo.

A las 3h, el TSE anunció que debido
a la masiva asistencia a las
elecciones se había agotado la tinta
indeleble y autorizaban a que se
votara sin manchar el dedo. Por
las mismas razones, se prolongaba
el horario de votación de las 16
h a las 17 h.

Uno de los magistrados del TSE,
Matamoros Batson, representante
del Partido Nacional, puso cara de
muy pocos amigos cuando una de
las instituciones observadoras del
proceso, la Fundación Hagamos
Democracia, invitada por ellos
mismos, afirmó que sus análisis
de participación no coincidían y la
reducían a un 47%.

El día después

Al siguiente día, el primer deber del
“presidente electo” fue asistir a una
reunión con la cúpula de las fuerzas
armadas. Mientras tanto, el Frente
de Resistencia Nacional contra el
Golpe de Estado (FNCGE), como
viene haciendo desde hace cinco
meses, volvió a aparecer de manera
masiva por las calles de Tegucigalpa
en caravanas de vehículos y personas,
cantando, gritando como
siempre sus consignas por una nueva
constitución, y mostrando sus
dedos meñiques para que el mundo
viera que no se mancharon con
unas elecciones ilegítimas.

El nuevo Gobierno no podrá gobernar
sin pactar con el Frente. Les
guste o no, la resistencia se ha convertido
en la fuerza política mayoritaria
y ha ganado prestigio, a pulso,
en la plena lucha de calles contra
las injusticias del golpe de Estado,
mucho más allá de los personalismos
y el caudillismo tradicionales.
No pueden entender que la resistencia
no sólo se ha convertido en
una expresión política, es algo mucho
más profundo, es un sentido de
orgullo y dignidad que habíamos
perdido como pueblo, es condición
de patriotismo que no se gana ni derrota
con votos.

El presidente Zelaya ya no será
presidente, pero cumplió el deber
histórico, conscientemente o no,
de mostrarle al pueblo hondureño
que el verdadero poder político de
la nación está en los grupos empresariales
que ponen o deponen
diputados, fiscales, magistrados de
justicia y electorales, y hasta presidentes
cuando se les antoja. La
comprensión de esa situación es la
que despertó al pueblo hondureño,
y volverlo hacer caer en la trampa
de una democracia a favor de los
ricos es ya imposible. Nuevas y variadas
formas organizativas de lucha
se atisban en el horizonte. No
será fácil ni inmediato el triunfo
popular, pero no hay bomba atómica
que detenga la historia.

Por todo esto, he disfrutado a
carcajadas de la anécdota que circuló
el día después de las elecciones
entre los correos de la resistencia:
un empresario le pidió a sus
empleados que les mostraran el
dedo para saber si habían votado.
El jefe les gritó: ¡Ése no, pendejos,
no sean maleducados!

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YO NO VOTÉ. Los dedos sin tinta indeleble, símbolo de la resistencia.
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