CRÓNICA DEL 'DEBATE' PARA LAS PRIMARIAS DEL PARTIDO SOCIALISTA DEL PAÍS VALENCI_Ä
Einstein en primarias

El autor relata el encuentro público, el pasado 2 de octubre, entre los líderes del PSPV en el salón de Blanquerías, de Valencia, un día antes de las primarias, en el que se dieron cita la senadora socialista Carmen Alborch y los candidatos a desbancar al PP en esta comunidad Joan Calabuig Y Nabolo Mata.

05/10/10 · 15:05
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Después de unas primarias exprés, como dijo el candidato Mata, el encuentro cara a cara entre los dos aspirantes a suceder a Carmen Alborch en el esfuerzo de acabar con el PP en el Consistorio, pues la cosa se prometía interesante. Se trataba de que, un día antes de las votaciones de más de un millar de afiliados, los oponentes dieran la cara al público. Lo cierto es que unas doscientas personas, contando a la prensa, se sentaban en el cómodo salón de Blanquerías, para escucharlos.

Aquello parecía un decorado de programa de concursos televisivos y a medida que fue avanzando el acto resulto ser casi eso.
La senadora Alborch, que ha tirado la toalla en una huida hacia adelante, ofició de pitonisa pues ataviada iba de esa guisa, con unos chales sedosos hasta los zapatos y exhibiendo esa simpática sonrisa VIP de todo aquel o aquella que ha sido ministro. A su derecha, Manolo Mata, en camisa blanca con pecho lobo, tenso y aferrando el atril con las dos manos. Un político de estilo kennedyano, suelto, directo, investido de la gravedad política de la situación.

A la izquierda del hada madrina sonriente un hombre totalmente distinto. Trajeado como un funcionario y con corbata de rojo desvaído de ministro en ciernes; lo más inquietante de Joan Calabuig era su sonrisa petrificada y su aspecto de político profesional que sólo sabe de eslóganes. Llegó a soltar una frase muy original para venderse a la peña: “Tengo la ventaja de que soy de aquí y llevo Valencia en el corazón”. ¿Qué valenciano no tiene Valencia en el corazón, demonios?
Un abismo político invisible

Era fascinante observar el abismo que separaba a los dos candidatos. Sin embargo la cosa comenzó mal y el que esperaba debate o autocrítica socialista de porqué se lleva tanto tiempo en el barrizal de una oposición inoperante, se quedó con las ganas. Sorprendente también el hecho de que los dos políticos que se enfrentan en buena lid por el poder se tiraran piropos como si fueran socios.
Y lo alucinante es que ambos, en lugar de abordar las estrategias de transformación del propio partido derrotado, se dedicaran a lanzar un mitin electoral clamando contra el PP y sus errores cuando el público ya lo sabía de sobra.

Primer error de un partido, en vez de autocritica y debate, autobombo y discurso político que no se salga del guión porque Joan Lerma miraba decrépito desde una fotografía de la pared. Unos metros más allá, Pablo Iglesias parecía fruncir el ceño.
Que si nosotros hicimos el Palau y convertimos la ciudad en algo divino y el PP lo ha estropeado. Que el PP no tiene futuro, que resurge la esperanza, pero la realidad es que el grupo socialista en el Ayuntamiento lleva lustros pareciendo una parada de muertos vivientes, maniatados por completo por el cínico rodillo pepero de Barberá y sus seguidores.

Mata y Calabuig mitineaban sobre evidencias como si tuvieran que convencer a un público conservador. Pero, ¡quia!, el público reía las gracias sobre Rita y aplaudía a rabiar. Eran puros espectadores y no militantes políticos. Pero todo el que ha estudiado de cerca los partidos políticos españoles sabe que la burocratización es un hecho y la endogamia también.

Unas bases obedientes

Las bases no se enteran de nada, van a aplaudir una esperanza que jamás se cumple. Y a votar cuando les mandan. No es sólo cosa de los socialdemócratas, las otras izquierdas tipo EE UU, sostenida por los comunistas, el mismo PP, funcionan igual. El centralismo democrático se ha hecho un monstruo castrador en el que sólo deciden las élites de los partidos.

A mitad del acto, con el tiempo medido por la moderadora Carmen, con un panel de números digitales detrás, los focos y el color indescifrable de las moquetas, el público entregado y el “aquí no pasa, todos somos amigos, pero nos enfrentamos”, pues era de verdad un plató de televisión tipo programa concurso.

¿De qué sirve reunirse para repetir “somos los mejores” si la realidad exterior lo desmiente? Resulta paradójico que el PSOE se haya tirado años denostando el burocratismo comunista, el estilo estalinista, y ellos, sin casi darse cuenta, escenifican actos políticos de aquiescencia, anunciados como debate, que más semejan una reunión de un antiguo comité central.

Puede que exagere un poco pero no soy cronista político y en consecuencia soy observador diferente. Ya ni siquiera exijo que la militancia política de izquierdas sea como los colectivos sociales de base que se impulsaban contra el fascio franquista. La política ha abandonado a los revolucionarios y se ha instalado en los ejecutivos profesionales que se han aprendido las consignas de siempre de memoria.

El lenguaje, sin ir más lejos. Se podían escuchar frases idénticas a las que pueda pronunciar Rajoy o Pons en un mitin con esas penosas banderitas de plástico.

Mata, más sutil

Dicho esto, fue Manolo Mata quien exhibió más sutileza y hondura en sus planeamientos. Vivacidad y energía, frente al monocorde y tópico discurso socialista de Calabuig.
Mata fue el primero en decir que el debate real es recuperar el poder después de quince ominosos años. Claro que no dijo exactamente cómo. Mata, como el mismo presidente Zapatero, no está sólo; hay una mano invisible que le impide libertad completa. Al presidente le sugieren medidas el FMI y la UE; a Mata, el aparato del PSOE; Lerma seguía mirando desde la pared con esa expresión anodina de místico que tanto le acerca a Camps.

Y sin embargo, mientras Joan Calabuig, sin descolocarse la corbata ni un momento decía temeroso: “Respeto mucho a los órganos de dirección” y era como estar en el Komitern. Todo eran frases hueras: “ejercicio de movilización”, “airear las diferencias no es dar armas a la derecha”…y decía lo contrario de lo que sucedía en esa sala porque esa tarde nadie se atrevió a sacar los trapos sucios, que son muchos. Y en eso, los socialistas coinciden plenamente con los comunistas ortodoxos europeos del siglo pasado, quienes cerraron los ojos ante la barbarie estalinista o la revolución cultural china, las hambrunas y los crímenes fanáticos, (Hungría, Checoslovaquia) para no dar argumentos a la derecha. Jugada que como ha demostrado la historia, resultó letal para ellos.

A todo esto, en el primer piso de Blanquerías, sede del PSPV, el público, militantes y oyentes, era rotundamente maduro, y sólo un tercio de los asistentes bajaba de los 25 años. Un mal punto para el revolucionario Mata, porque a la gente mayor, ya se sabe, le gusta lo normal y Calabuig es hombre de espantosa normalidad.
Bien es verdad que Manolo Mata, letrado capaz, de verbo rico y gran vena parlamentaria, como su colega Andrés Perelló, (se cuentan con los dedos de una mano los diputados y diputadas autonómicos que disertan con la gracia del político ilustrado y sagaz y que usan un lenguaje brillante e ingenioso) supo expresar con astucia lo que no se puede decir claro por miedo a esa suerte de Estasi del aparato con el que se justifican todos los errores, y cuyo rostro es una invisible hidra de mil cabezas.

El candidato favorito

No se corta un duro este abogado y en frase homérica reclamó “un relato épico de la izquierda”. En definitiva, el candidato favorito ofreció un discurso político correcto, pero no entró en el meollo de la cuestión. Lo justificaba luego arguyendo que un discurso demasiado rudo produce miedo en la clientela militante. Claro que con miedo interno nunca se ganan las elecciones.

Al final del acto, el entregado público preguntó poco y jaleó mucho. Tuvo que ser un veterano septuagenario de luengas y canas barbas, quien introdujera una brillante frase en esa farsa de debate. Se levantó y exigió cuidados para la tercera edad y luego dio un consejo de ilustrado sarcasmo: “A ver si tenemos presente lo que advirtió Albert Einstein: “Si seguimos haciendo las cosas de siempre, obtendremos los resultados de siempre”.

Fue demoledor el silencio que siguió; era un aviso para caminantes en el templo de un partido de izquierdas que ya muchos empiezan a ver de derechas.

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