Más de 60 muertos en febrero
Egipto mantiene intacto el Estado policial

El presunto asesinato de un joven por la policía evidencia que no hay cambios en el aparato policial.

19/02/13 · 18:33
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Enfrentamientos con la policía en El Cairo el pasado 25 de enero / Benoit Le Corre

La extraña muerte de Mohamed El-Gendi ha reabierto viejas heridas en la transición egipcia. Este joven activista, de 23 años y miembro de Corriente Popular (link en inglés), desapareció durante las manifestaciones del pasado 25 de enero, según afirman algunos testigos, a causa de una detención policial. A los tres días reapareció ingresado en un hospital, donde murió poco después. Su fallecimiento abrió la caja de pandora. La versión oficial fue que murió en un accidente de tráfico. La versión de los familiares y activistas, que lo mató de una paliza la policía. Además, denuncian presiones a los forenses porque afirman que el ministro de Justicia hizo públicos los resultados del informe antes de que se hubiese acabado.

Según algunos, el informe es claro respecto al accidente del joven, según otros la redacción del mismo no descarta que Mohamed El-Gendi hubiera sufrido una paliza y que el accidente fuera una puesta en escena policial. Algunos han querido incluso llamar a El-Gendi el nuevo Khaled Said, en memoria al joven alejandrino cuya muerte movilizó a los egipcios antes de la revolución de 2011. Aunque parece exagerada la comparación, la verdad es que la muerte de El-Gendi sacó a la gente a las calles de su ciudad natal en el delta del Nilo. Allí se han reproducido enfrentamientos entre fuerzas policiales y manifestantes durante cerca de dos semanas. Pero el suyo no ha sido el único caso. El pasado 14 de febrero Hassan Shaaban, de 36 años, moría en la prisión de Borg el Arab, Alejandría, cuando los responsables del presidio se negaron a permitirle entrar en la celda las medicinas para su diabetes.

Detenciones de menores

Las muertes de Shaaban y El-Gendi, así como las continuas detenciones de menores de edad y su internamiento en prisiones de adultos, o los habituales ataques durante las manifestaciones (más de 60 muertos en el último mes) han vuelto a poner sobre la mesa la denuncia de un régimen policial que sigue en pie dos años después de la caída de Mubarak.

Un régimen policial que sigue en pie dos años después de la caída de Hosni Mubarak Hani Abd el-Latif, portavoz del Ministerio de Interior, lo dejaba claro hace pocos días: “Egipto tiene una cultura de Estado policial con más de 7.000 años de antigüedad”. Aún no se ha condenado a un solo policía por la muerte de 840 manifestantes durante el alzamiento de enero de 2011 y la reestructuración del aparato ha consistido en estéticos cambios de cargo sin depuración alguna. Algo que parece clave para poder encontrar la tan reclamada tranquilidad en la calle.

La policía, por su parte, ha mantenido un pulso en las últimas semanas con el nuevo ministro, Mohamed Ibrahim, a quien acusaban de ser un caballo de Troya de los Hermanos Musulmanes en el ministerio. Tras organizar protestas en más de 15 provincias, el pasado 16 de febrero Ibrahim cedía y, tratando de calmar la rebelión policial, autorizaba la importación de 100.000 armas para suplir a unas fuerzas policiales que pedían mayor protección. La medida fue duramente criticada por Organizaciones de Derechos Humanos.

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