GLOBALIZACIÓN // UN NUEVO INFORME SEÑALA AL PRIMER MUNDO
EE UU, Reino Unido y Suiza: los países más corruptos del mundo

Las nuevas variables introducidas por Tax Justice Network en el discurso dominante sobre corrupción señalan a los países desarrollados como los agentes más activos y beneficiados por este fenómeno.

09/10/06 · 19:39
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Hasta ahora, la opinión pública ha
tendido a ubicar los grandes centros
de corrupción internacional en
ciertas zonas del África subsahariana
o Centroamérica, alimentando
así una visión tópica y poco fundada
sobre la naturaleza de la corrupción
y la identidad de sus actores
principales. Sin embargo, un
documento de reciente publicación
señala a Suiza, Reino Unido y
EE UU como los estados que auspician
y favorecen más activamente
la evasión y gestión ilegal de capitales
no declarados, cuyo monto
total asciende a unos 111 billones
de dólares en todo el mundo.
A través de instituciones privadas
basadas en sus territorios, se
desvían fondos hacia paraísos fiscales
bajo control político y jurisdiccional
directo o encubierto. Por
otro lado, los gobiernos de estos
tres estados luchan abiertamente
contra la implementación de las leyes
fiscales internacionales que
acabarían con ventajas seculares
en asuntos financieros que les vienen
permitiendo desde hace mucho
blanquear los capitales procedentes
de actividades económicas
ilegales, con un beneficio que supera
largamente el total de los
montos gestionados. Se señala
además que el gran sector privado
que opera en estos países bajo el
paraguas de la ley incurre en numerosos
delitos financieros impunemente
y raramente paga sus impuestos
íntegros.

En el marco de un ciclo de conferencias
celebradas a principios
de septiembre por el Grupo de
Investigación de Geografía Económica,
John Christensen, perteneciente
a la organización Tax
Justice Network (Red de Justicia
Impositiva), presentó un novedoso
informe relativo a la corrupción,
en el que ilustra con cifras
vertiginosas la relación sustancial
entre corrupción y la evasión
y gestión ilegal de grandes capitales,
que desplaza la atención
tradicionalmente centrada en países
del Tercer Mundo hacia algunos
de los países más prominentes
del Norte.

Este documento y la institución
que lo publica se están estableciendo
como contrapartida principal
a la visión presentada anualmente
por la organización Transparencia
Internacional (TI) en sus
ránkings de corrupción, que se
han convertido en referente y que
se encuentran copados casi exclusivamente
por países depauperados
del Tercer Mundo. TI cimenta
estas listas sobre un índice de percepción
de la corrupción elaborado
con informaciones difíciles de
contrastar, suministradas por empresarios
y consultores sin identificar
que operan sobre el terreno
y cuyos intereses suelen estar en
conflicto con los sujetos de su estudio.
Prestan atención de manera
exclusiva a situaciones de enriquecimiento
ilegal desarrolladas
dentro del ámbito público (excluyendo
de modo sistemático las relaciones
de protección entre gobiernos
y agentes privados implicados
en la gestión del dinero sucio),
con especial énfasis en fenómenos
de soborno, tráfico de
drogas y armas, y contrabando de
bienes y personas. Estas son prácticas
endémicas en los países en
vías de desarrollo, que sin embargo
apenas generan el 35% del total
de dinero negro anual.

Tax Justice Network aporta,
pues, varios factores nuevos que
acercan el fenómeno de la corrupción
de alto nivel a los centros financieros
más pujantes del Norte.
Christensen introduce la cuestión
de la oferta en éste análisis, que tradicionalmente
se centraba en la demanda.
Esto es, demanda de servicios
de gestión financiera de dinero
negro, así como de pagos y sobornos
por parte de gobernantes ‘bananeros’
de dudosa imagen pública,
a cambio de la adjudicación de
contratas y prebendas para la explotación
de los recursos nacionales.
Este fenómeno implica dos partes
contratantes, la que paga para
recibir y la que simplemente cobra,
aunque hasta ahora sólo se señalaba
al segundo, dejando de lado a
los pagadores de los sobornos y beneficiarios
a largo plazo de estas
actividades.

Por otro lado, el informe señala
que, más allá del enriquecimiento
ilegal registrado dentro
de instituciones públicas, las sumas
generadas por actividades
comerciales y financieras ilícitas
suponen un 65% del flujo total de
dinero negro anual. Estas actividades
incluyen depreciación
fraudulenta, precios abusivos de
transferencia, transacciones falsas
o fraudulentas, así como el
uso de trusts, fundaciones y paraísos
fiscales para lavar y desviar
fondos ilegalmente. Estas
prácticas se circunscriben exclusivamente
a países desarrollados,
donde son alentadas, publicitadas
y permitidas.

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